“Los recordaremos con mucho cariño": las familias de los reclusos fallecidos esperan sus cuerpos

Junio 29, 2022 - 09:37 p. m. 2022-06-29 Por:
Redacción El País
Familiares de reclusos de Tuluá

El drama de los familiares de los reclusos que fallecieron en el Pabellón 8 de la cárcel de Tuluá, se trasladó 100 kilómetros hacía el sur, exactamente en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, ubicado en el barrio San Fernando.

Foto: Raúl Palacios / El País

Algunos familiares de las víctimas que dejó el incendio en la cárcel de Tuluá, abogados y personal de diferentes funerarias que ofrecían sus servicios, fueron los que se observaron ayer, a lo largo del día, en las calles aledañas a la sede de Medicina Legal en Cali, pues allí reposan los cuerpos de los 51 reclusos fallecidos, de los cuales 26 debieron ser entregados ayer.

El drama de los familiares de los reclusos que fallecieron en el Pabellón 8 de la cárcel de Tuluá, se trasladó 100 kilómetros hacía el sur, exactamente en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, ubicado en el barrio San Fernando.

Desde las 7:30 a.m. los alrededores de Medicina Legal se preparaban para la llegada de personas de todas partes del país. Las autoridades tomaron medidas ante posibles disturbios y acordonaron la zona.
Aunque había bastante tráfico en la zona, el panorama era de total calma. Familiares de las víctimas mortales llegaban en completo silencio e ingresaban al parqueadero de Medicina Legal. Allí esperaban que funcionarios realizaran la identificación y entregaran los cuerpos lo más rápido posible para darles el último adiós.

Pero no fue sino hasta las 4:00 p.m. que comenzó la entrega de los cuerpos de los fallecidos, hora en la que pocas familias se encontraban expectantes a las afueras de Medicina Legal.
Bonilla Perlaza, Jonathan Sabogal, Brayan Rincón y Brayan Pulgarin son algunos de los nombres que uno a uno fueron leídos en la puerta de Medicina Legal para que sus familias ingresaran a hacer la respectiva identificación y posterior entrega en coches fúnebres.

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Con los ojos hinchados, la voz quebrada y mientras esperaba a que leyeran el nombre de su hermano, una mujer pronunció unas pocas palabras: “Es difícil hablar en estos momentos, pero lo recordamos con mucho cariño. Son seres humanos y no merecían morir en un incendio”.

Cabizbajos se retiraban algunos de los familiares luego de que les informaron que el día de hoy (ayer) solo serían entregados 26 de las 51 personas que perdieron la vida.

“Nosotros somos de Cali, estamos acá desde muy temprano y no sabemos a qué hora nos van a entregar a mi hijo. Qué situación tan difícil”, dijo la madre de uno de los reclusos, quien también recordó que hace tan solo tres días tuvo la última conversación con su hijo en la que compartieron palabras de agradecimiento que quedarán en su memoria.

Mientras pasaban las horas y no había noticias nuevas empezaron a ingresar coches fúnebres a las instalaciones de la morgue. Primero ingresó una camioneta blanca en la que salió uno de los cuerpos, posteriormente, entró uno de los camiones que transportaba a cuatro de los reclusos que serían trasladados a Tuluá para cumplir allí las exequias.

A las 5:00 p.m. el panorama era desolador, el cielo se tornó oscuro y la lluvia empezó a caer. Algunos de los familiares, abogados y personal de funerarias corrieron a refugiarse debajo de un pequeño techo de cemento de 40 centímetros, mientras seguían esperando el llamado para ingresar a reconocer a sus seres queridos.

“Lo que estamos viviendo hoy no se lo deseamos a nadie. Realmente es algo para lo que no estábamos preparados”, dijo la madre de uno de los jóvenes, quien pidió que se le reservará la identidad por motivos de seguridad.

Hasta el cierre de esta edición, habían sido entregados nueve de los 26 cadáveres que prometieron entregar ayer. Hoy seguramente volverán a Medicina Legal más madres buscando a sus hijos y familias enteras llorándolos. Escenas que confirman que estamos ante la peor tragedia carcelaria en la historia de Colombia.

El drama sigue en Tuluá

El panorama alrededor del centro penitenciario fue distinto al del primer día. La Institución Educativa Corazón del Valle y el parque del barrio Popular, lugares dónde han permanecido familiares de los presos, ya estaba casi que desocupado.

Las personas que llegaron desde otras ciudades luego de conocer la trágica noticia, pasaron la noche del martes en edificios dispuestos por la Administración Municipal de Tuluá. Sin embargo, desde las 7:00 a.m. de ayer a este sector siguieron llegando familiares que apenas arribaban para preguntar por sus seres queridos.

Este fue el caso de Elizabeth Zambrano, quien llegó ayer en la madrugada a consultar por su esposo Luis Javier Cardona, uno de los fallecidos en el incendio.

“Yo estoy aquí con mi hija esperando que me den razón sobre mi esposo. Me enteré de su muerte allá en Bogotá, recogimos algo de ropa y nos venimos para acá”, le contó Elizabeth, en medio del desespero, a El País.

En su mirada solo se reflejaba dolor y con los ojos llenos de lágrimas recordó la última vez que vio a su esposo Javier.

“Yo lo vine a visitar el pasado sábado y él (Javier) me contaba que aquí los trataban muy mal. En una habitación tenían hasta casi 200 personas, algo inhumano para cualquiera. Me decía que a las 2:00 a.m. siempre llegaban a requisarlos y les pegaban”, reveló esta mujer en medio de la frustración.

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Ahora, para doña Elizabeth y su hija el drama es saber de qué manera llevarán el cuerpo de Luis Javier hasta Bogotá, pues no tienen los recursos económicos suficientes.

“No sé cómo voy a trasladar el cuerpo de mi marido. No tenemos un servicio funerario, yo trabajo aseando casas. No tenemos los recursos y nadie me da una respuesta sobre eso”, explicó.

Pero no solamente los familiares de los 51 internos fallecidos han llegado hasta el parque del barrio Popular, pues los seres queridos de los heridos y de quienes sobrevivieron y se encuentran en el centro penitenciario han venido buscando respuestas.

Este es el caso de Marleni Morales, madre de uno de los reclusos que sobrevivió a la tragedia del martes en la madrugada. “Yo vengo desde el Quindío esperando que me den información sobre mi hijo. El Inpec dice que habilitaron una línea y que nos van a llamar, pero hasta el momento nada. Venimos aquí y tampoco dan razón”, reclamó la madre.

La incertidumbre ronda en los familiares que durante el día se fueron acercando al centro penitenciario y al unísono exigían a las autoridades respuestas sobre sus seres queridos.

Desde la Alcaldía de Tuluá se ha dispuesto de albergues con comida para recibir a las personas que vienen desde otras zonas del país.

Adicionalmente, seres queridos de los reclusos que sobrevivieron se han acercado para dejarles ropa, colchonetas y artículos de aseo, pues sus pertenencias dentro del centro penitenciario se esfumaron con las llamas o simplemente desaparecieron en medio del caos.

Algunos con suerte han podido recibir estos elementos, pero otros han tenido que esperar afuera por varias horas para poder entregar estos elementos a sus seres queridos lo más pronto posible.

Estrés, cansancio e impotencia, son los estados de ánimo de las personas que estuvieron presentes ayer en Tuluá viviendo en carne propia el drama por no conocer con claridad cuál es el estado de sus familiares.

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