Gary Domínguez cuenta la historia detrás del Encuentro de Melómanos y Coleccionistas de Cali

Diciembre 26, 2021 - 01:52 a. m. 2021-12-26 Por:
Ossiel Villada Trejos, Jefe de Redacción Online de El País
Gary Domínguez

Gary Domínguez ya no hace parte de la organización del Encuentro de Melómanos y Coleccionistas de Cali, pero lideró la exposición gráfica sobre la historia de ese evento, que se exhibe en las afueras del Centro Cultural de Cali.

Bernardo Peña / El País

Durante todo un año eludió esta entrevista. Como lo hizo siempre en esa gran ‘Capilla Sixtina de la Salsa’ que llegó a ser el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas, prefirió seguir tras bastidores, casi anónimo y en silencio.

Pero un año después accedió a hablar sobre su “hijo amado”. Y también sobre lo ocurrido en 2020, cuando por cuenta de la politiquería le dieron un ‘golpe de estado’ y lo sacaron a ‘palos’ de un proceso cultural que él mismo había creado casi tres décadas atrás.

Él, que siempre prefirió el anonimato y nunca hizo una campaña política utilizando la salsa como instrumento, hoy está “en paz y a salvo”. Su única apuesta sigue siendo la música.

¿Qué pasaba por su cabeza en 1991, cuando se le ocurre la idea de crear el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas en la Feria de Cali?

En el 91 yo ya llevaba 10 años trabajando en la Taberna Latina el concepto de audición discográfica, que fue una idea que se nos ocurrió con mi amigo Henry ‘Fats’ Zuluaga, el gran coleccionista de Jazz en Cali.
La audición era el examen que se presentaba para entrar al IPC o a Bellas Artes y lo adaptamos al mundo de la discografía en la taberna.

Durante todo ese 1991 trabajamos un experimento al que llamé ‘El circuito del cuchifrito’ y que consistía en un intercambio cultural entre las salsotecas de los barrios y La Latina.

Yo recorría la ciudad en una moto Suzuki FZ50, aprendiendo en todos los sitios de culto de la música afrocaribeña, y así fui testigo del nacimiento del fenómeno de las salsotecas.

No eran los grandes espacios que son hoy. Eran simplemente las salacomedores y los garajes de gente a la que le llegaba la música primero y allí la familia se reunía para escucharla. Luego llegaban los muchachos del barrio a ‘noveleriar’ la música nueva y se fueron configurando pequeños negocios familiares.

Los primeros que usaron ese término fueron los de La Barola, de don Miguel Saldarriaga, e inmediatamente lo siguen La Ponceña y El Bembé.

Pero en esos espacios no había la presión del baile. Aquí todos somos bailarines, pero una parte de nuestro ADN también nos llevó a crear el ritual de sentarnos a destapar un paquete de 20 ó 30 ‘longplays’ y ponernos a escuchar la melodía.

Esa fue la base de la propuesta que presenté a la naciente Corfecali, para reunir a las 17 salsotecas que había en la ciudad en 1991.

Pero era una idea sin ningún antecedente en Cali hasta ese momento, ¿cómo logró concretarla?

María Eugenia Montoya, la primera gerente de Corfecali, era melómana y llegaba a la taberna a escuchar Jazz y Latin Jazz. Ella creyó en la idea, pero me dijo: “Lo pongo en la programación y le doy un espacio, pero no tengo plata, busque un patrocinio”.

Y ese primer patrocinio fue el que nos dieron Pablito Gómez y Mario Maya, unos muchachos que hacían una salsa de ajo especial y empezaban a levantar al lado de la Taberna Latina un negocio llamado ‘Sandwich Cubano’.

Recuerdo que nos dieron 800 mil pesos, una tabla con dos tornamesas Technics, una carpa de 4 x 4 en el Parque de Las Banderas y dos policías.

A ese lugar fue a donde llegó Larry Harlow a predicar sobre la música de Arsenio Rodríguez, como un Jesucristo en el Monte de Los Olivos, con todo el mundo sentado en el césped. Y también estuvo Justo Emilio Rueda, cantante de la Orquesta Aragón.

Todo ese bombo se regó y al año siguiente ya empezaron a llegar los coleccionistas y nos trasladaron para el CAM. Jamás nos imaginamos que ese humilde evento iba a llegar a tener la proyección que hoy tiene.

Después de 30 años, ¿cuál cree que ha sido el gran aporte del Encuentro a la ciudad y por qué hay que protegerlo?

Son muchos y muy importantes. El primero es que a través de nuestro Encuentro esta ciudad aprendió a utilizar la música como un vehículo de recuperación y apropiación del espacio público por parte de la gente, que es una de las características de las grandes ciudades desarrolladas.

Eso fue muy evidente cuando se llevó el evento al Parque de la Música, en Chipichape, y se empezaron a programar eventos mensuales. Allí se empieza a dar una práctica muy propia de los grandes festivales de Jazz de Europa y Estados Unidos, y es que la gente llegaba a montar ‘picnics’ en el cesped alrededor del ejercicio de oir música.

Es decir, se pasó de la práctica nocturna de la rumba a un espacio para la familia; eso nunca antes se había visto en Cali.

Además, se creó un espacio de verdadera integración de los caleños, donde se borran muchas fronteras que nos separan. En el Encuentro no hay guetos de estratos ni de geografía; se juntan en igualdad y armonía desde el obrero del barrio hasta el gran empresario; y se junta la gente del Oriente con la de ladera y con la del Oeste, la del Norte y el Sur, porque lo que importa es la música.

Por otra parte, el Encuentro es un lugar de reafirmación de nuestra identidad caleña en torno a la Salsa. Y por último, es un espacio de gran proyección internacional de la ciudad, porque en ningún otro lugar del planeta existen tantos coleccionistas de música afrocaribeña como aquí. Y también es un motor que mueve la economía local muy fuertemente.

Por todas esas razones hay que proteger el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas de Cali, no se puede permitir que vuelva a ser menoscabado para privilegiar proyectos particulares que solo responden a la ambición de algunas personas de obtener lucro y acumular poder político manipulando a los melómanos. Eso no se hace. Con la música y la cultura no se debe hacer politiquería. A la música se le respeta.

¿Usted cree que eso fue lo que pasó en el 2020, que se hizo politiquería con el Encuentro?

En el 2020, el año más oscuro para la Humanidad, por esta pandemia, lo fue también para Corfecali, que es una entidad de un enorme valor para Cali y que debería ser muy cuidada y querida por los caleños.

Yo siempre tuve muy claro que el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas no era el evento de Gary, ni debía ser el evento de nadie, porque es un patrimonio de todos los caleños.

Por eso nunca acepté ninguna oferta para irme a montar un evento privado similar, aunque pude haberlo hecho, y siempre he defendido que la única forma de conservarlo es que Corfecali sea su organizador y su guardián.

Pero cuando se da el cambio de Administración, en 2020, llega a Corfecali una persona que no pensaba así, el señor Alex Zuluaga, quien sí tenía un evento privado. Y le había vendido al hoy Alcalde la idea de que él, con ese evento privado, era el representante de todos los salseros de Cali; idea errada porque este es un universo muy grande, con muchas organizaciones y líderes.

Y como además de su intención de ganar una cuota política en el nuevo Gobierno venía con un resentimiento de no haber alcanzado desde su evento privado de ‘Salsa al Parque’ el nivel de importancia que tenía el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas, se dedica de forma sistemática con otras dos personas -los señores Andrés ‘Pachanga’ y Johnny Santacruz- a destruirlo.

Pudieron haberlo llevado a otro nivel en su evolución, pero eligieron acabarlo en función de sus intereses. No tuvieron respeto por el proceso, ni por una gigantesca comunidad de melómanos, académicos, coleccionistas y sabios de la música de todo Cali que habían trabajado casi 30 años para darle al Encuentro la grandeza que alcanzó. Redujeron ese esfuerzo a decir que éramos unos “perpetuados” y no hubo el más mínimo respeto por nadie.

Don Cristobal Díaz Ayala, el más respetado protector de las colecciones discográficas en el mundo, calificó eso como un ‘golpe de estado’. Y el daño que se le hizo al movimiento de la melomanía, como gran promotor de la imagen de Cali a nivel internacional, fue enorme.

En Nueva York, Cuba, Puerto Rico, Caracas, Perú, Panamá, y hasta en Europa se comentó que se había acabado con el gran Encuentro de Melómanos de Cali.

Es que después de 28 años, en el 2019 este evento ya era casi la ‘Capilla Sixtina de la Salsa’, estaba en el circuito turístico de los grandes festivales de música del mundo. Y 25 emisoras online nacionales e internacionales lo transmitían a todo el planeta.

¿Por qué eligió mantener silencio cuando lo sacaron?

Porque llegué a pensar que quizá ese trabajo de casi 30 años ya se había cumplido y no era sano aferrarse. Y porque yo no soy un político, soy un trabajador de la cultura.

Entonces lo único que hice fue enviar una carta muy respetuosa, aclarando las mentiras y difamaciones que estaban haciendo contra mí, les deseé la mejor de las suertes y me hice a un lado.

Pero no me arrepiento, porque después quedó muy claro ante los ojos de la ciudad lo que realmente buscaban esas personas. Y esa Feria, que debió ser la más barata, porque fue virtual, pasó a la historia por ser la más costosa y la más escandalosa de todas.

Así que agradezco a la vida no haber tenido nada qué ver con esa noche tan oscura que tuvo Corfecali en el 2020. Los caleños ya saben cómo actuó cada quien. Me siento en paz y a salvo.

¿Volvería alguna vez a retomar el Encuentro si se lo pidieran?

Lo importante no soy yo. Lo que realmente importa es volver a recuperar el Encuentro y devolverle su dignidad y su grandeza.

Creo que ya se dio el primer paso, con la llegada de Argemiro Cortés a la gerencia de Corfecali, porque es un hombre de otro talante, que viene de las esferas del Ministerio de Cultura.

Con él están regresando todos esos líderes y colectivos que le dieron grandeza al Encuentro, como por ejemplo esa gran agremiación de sabios que es Unimel, los académicos de las universidades, los grandes coleccionistas, los muchachos de las organizaciones barriales que entendieron que este era el espacio donde su trabajo podía tener más proyección; los colectivos de mujeres melómanas, vendedores de discos, programadores musicales, la gente de los medios de comunicación.

Todos ellos tienen ahora la responsabilidad de manejar el Encuentro y son los ‘doctores’ que tienen a mi ‘hijo’ en la UCI y están intentando salvarlo, porque me lo destrozaron. Yo espero algún día poder volver a verlo, ya recuperado.

Por eso este año, en gratitud por el apoyo que siempre nos dio Corfecali, lideré la exposición gráfica que se exhibe en las afueras del Centro Cultural y que muestra la historia de estos 30 años.

Por fortuna, Cali pronto tendrá un Plan de Salvaguardia de su patrimonio salsero, que será el escudo para que no se repita lo que ocurrió con el Encuentro en el 2020.

Está ‘Prohibido olvidar’, como dijo Rubén Blades, pero tenemos la responsabilidad de seguir adelante.

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