‘Todos eran mis hijos’, del gran Arthur Miller

‘Todos eran mis hijos’, del gran Arthur Miller

Agosto 13, 2019 - 10:08 a.m. Por:
 Claudia Rojas Arbeláez / Especial para Gaceta
todos eran mis hijos

Esta versión traída por el National Theatre Live, se desarrolla en el teatro Old Vic de la capital inglesa.

Especial para El País

Cuando en 1947 el escritor y dramaturgo norteamericano Arthur Miller escribió su segunda obra de teatro, ‘Todos eran mis hijos’, apenas si había logrado recuperarse del fracaso de la primera. Por eso incluso se dijo que si esta no conseguía gustarle al público y a la crítica, se dedicaría a otra cosa. Por fortuna, las cosas resultaron de otra manera.

Poco después de su estreno, la obra ya era centro de la mirada de los críticos  especializados y el público llenaba la sala de tal forma que el montaje estuvo durante todo un año. Y como si fuera poco, también sería llevada al cine en una versión actuada, entre otros, por uno de los galanes del momento, Burt Lancaster.

Desde aquel entonces la obra ha sido considerada una de las mejores en la dramaturgia de Miller llegando a ser adaptada no solo en distintos países y escenarios sino también en cine y en televisión.

Todo gracias a la pertinencia de un argumento que no se agota y que siempre resultará perturbador y vigente a la vez. La trama ocurre en un pueblo del estado de New York en los años de la posguerra y más precisamente en una pareja mayor conformada por Joe y Kate Keller, un matrimonio que goza de una vida aparentemente feliz.

Pronto comprendemos que viven en una casa hermosa en un buen vecindario donde gozan del aprecio y el respeto de sus vecinos con quienes comparten mucho más que un saludo. El bienestar del que gozan se lo han ganado a pulso, con el trabajo del hombre cabeza de familia quien es propietario de una fábrica de armas, que les ha permitido vivir con bastante holgura.

Sin embargo no todo es perfecto, la pareja carga la tristeza de un hijo desaparecido en la guerra y a quien se niegan a declarar muerto por falta de pruebas. En la familia hay otro hijo, Chris, quien secretamente ha estado enamorado de la antigua novia de Larry, su hermano desaparecido. Pero él no es el único que guarda un secreto, su padre también ha atesorado uno que es bastante más grave, con el que incluso perjudicó a personas inocentes. Uno relacionado con un error de fabricación de algunas armas y que cobró la vida de 21 soldados.

Un error que el padre se encargó de negar, poniendo así todos los ojos en uno de sus empleados, sobre quien terminaría cayendo el peso de la ley.
La historia en realidad fue una adaptación que Miller hizo a una noticia que le encontró su suegra en el diario local y que daba cuenta de una hija que había acusado a su padre ante las autoridades, tras descubrir que éste le había venido armas defectuosas al ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Este fue el insumo que el prolífico escritor que también incursionada en el periodismo y el teatro necesitaba para construir una de las obras más importantes de su derrotero y con la que empezaría a forjarse un nombre entre los dramaturgos norteamericanos.

Cuando se lee su obra es fácil entender por qué. La destreza con la que Miller asume las tramas y las entreteje con la construcción de sus personajes complejos y adversos, no solo en sus obras, también en sus novelas o bien en sus guiones, es única. Sólo él entiende la sociedad de esa manera, llevando a sus personajes hasta el fondo, a enfrentarse con sus propios demonios y a dejar la compostura de lado, cuando se trata de escoger.

Siguiendo la más clásica de las estructuras, y al mejor estilo ibseniano (dicen que para escribir esta fue muy influenciado por ‘El pato salvaje’), Miller hace uso de aquel personaje del pasado que regresa dispuesto a revelar la verdad de lo ocurrido sin imaginar las consecuencias que eso pueda traer. Así la obra avanza entre la exquisita dramaturgia de un autor que construye personaje complejos y humanos, pragmáticos y obtusos.

En esta versión traída por el National Theatre Live, se desarrolla en el teatro Old Vic de la capital inglesa y cuenta con la actuación de la actriz Sally Field quien ha sido merecedora a la estatuilla del Oscar en dos ocasiones por su actuación en las películas ‘Norma Rae’ (1980) y por “En un lugar en el corazón” (1985). En esta ocasión, Field comparte escenario con Bill Pullman a quien podemos reconocer en cintas ‘Mientras dormías’ (1995) y ‘El día de la independencia’ (1996).

Así pues, ‘Todos eran mis hijos’ no solo critica a la doble moral de los individuos que se debaten entre sus principios y su comodidad capitalista. Sin dejar de lado los conflictos entre las relaciones de padres e hijos y la congruencia con sus enseñanzas y con aquellas consecuencias de sus actos. @kayarojas

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