Señorita María, la historia de una campesina diferente que conmueve en las salas de cine

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Señorita María, la historia de una campesina diferente que conmueve en las salas de cine

Diciembre 17, 2017 - 07:50 a. m. Por:
Santiago Cruz Hoyos - Periodista de El País
Señorita María

Contar su historia en el cine de alguna manera fue su liberación; una confrontación para quienes la señalan; señalar a quienes la señalaron; una lección para el mundo.

Fotos: Especial para El País

La señorita María acaba de salir de una función más de su documental: 'Señorita María, la falda de la montaña'. Se encuentra en un carro recorriendo Bogotá. Es hora pico y sin embargo ella sonríe.

- ¿Me van a hacer las mismas preguntas de siempre? - le interroga a uno de los encargados de la prensa de la película antes de iniciar la charla.

Últimamente la señorita María se dedica a eso: viajar por Colombia para contar su historia. La historia de una campesina que nació en el cuerpo de un hombre.

– Desde niña me sentí mujer –.

Aquella condición hizo que en su pueblo, Boavita, en Boyacá, a 184 kilómetros de Tunja, algunos la señalaran, la odiaran, la aislaran en la montaña. Su propia madre la mantuvo oculta de la mirada de los otros.

Y sin embargo, la señorita María siguió adelante: ordeñó las vacas, sembró los campos, cortó la leña, sintiéndose mujer. Luchó por su libertad, por ser quien era, ser cómo se sentía.

Contar su historia en el cine de alguna manera fue su liberación; una confrontación para quienes la señalan; señalar a quienes la señalaron; una lección para el mundo.

Y al mismo tiempo, considera el director de la película, Rubén Mendoza, el documental es una redención del pueblo. Pese a todo le dejaron hacer su vida, entrar a la iglesia cada 8 días, hacer algunos trabajos. Aunque la señorita María aún siente dolor por ciertos episodios.

– Fueron tenaces conmigo. Tienen que pensarlo en su cabeza. Pensar lo que hicieron–.

El amor – escribió a propósito Rubén Mendoza - es un animal capaz de adaptarse a las más áridas montañas del odio… La película pudo ser en algún momento un dibujo de la fascinación de una campesina que había nacido con un género distinto al que escogió para su vida, pero se volvió el retrato de una fuerza.

Una mujer que es capaz de imponerse a ríos desbordados de odio, sobre ella, sin razón; aún desde antes de nacer, y crear en su corazón una isla de amor y de compasión: por su montaña, por el prójimo de alguna manera, por Dios y por los animales.

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Su soledad, dolorosa, cavernícola, la atraviesa en el alma y en el cuerpo, pero como una espiga resiste cualquier terremoto. No se cae como los grandes edificios, no se deja tumbar por su demoledor pasado, el de antes de que naciera, la raíz de su origen. Se agarra a la falda de la montaña, a los animales, a la esperanza del amor, al sueño de la maternidad, a la calma que le robó el engaño.

Femenina como la montaña, que no es hombre ni mujer, luminosa como el Sol o la Luna, que no son hombre ni mujer, espera sin tiempos, sin fechas, sin desespero, a la Nada.

A la señorita María Luisa Fuentes le prometo que intentaré hacer preguntas distintas. Ella se carcajea en ese carro que recorre Bogotá. La sonrisa de una mujer libre.

¿María Luisa, cómo fue crecer en un pueblo donde algunas personas te señalaban, se burlaban? ¿Cómo recuerdas esa niñez?
Para mí fue muy difícil la niñez. Mi madre me tenía muy humillada, como se dice, me prohibía tener amistades y eso para mí fue muy triste. Ya después cuando faltó ella sufrí más porque las personas me trataban mal, la autoridad lo mismo.

Era una persona que me miraban mal, me escupían, no tuve ni amigos, ni amigas, naditica. Era una persona abandonada. Como si yo no existiera en este mundo. Para mí eso fue mucho dolor. Hoy en día le doy gracias a mi Dios porque tengo muchas amistades que me aprecian.

¿Antes de llamarte señorita María Fuentes, como elegiste, tenías otro nombre? Te lo pregunto porque fue una duda que me surgió mientras veía el documental.
No señor. Yo siempre me he llamado María Luisa Fuentes Burgos; señorita María. En la partida de bautismo aparezco como una niña. Desde pequeñita me sentí mujer.

Y odiabas ponerte pantalones…
La realidad es esa, sí señor. Una de mujer no le gusta ponerse pantalones. Una de mujer es como la imagen de la Santísima Virgen (de ahí el nombre que eligió). Conforme es la Santísima Virgen, uno tiene que ser. El pantalón es para el varón, la imagen de mi Diosito. Y la mujer tiene que ser como la Santísima Virgen, por eso me visto de mujer.

Mi mamá me vestía como niña, con mis falditas. Ya después le compraba mi ropita de mujer a una muchacha. El color que más me gusta es el rojo. Me nace del corazón vestirme como señorita.

En la película cuentas que te daba temor la gente. ¿Cómo fue cambiando eso?
Eso fue por mi madre, porque ella no me dejaba tener amistades con las personas. Me mantenía escondida. Si yo veía a otra persona, me tocaba como se dice volar y esconderme. Como si viera al Diablo. Ahorita gracias a Dios que ya como se dice saqué la cara de dentro de la ruana.

Ya ahorita me saludan, yo también saludo, ya muy tranquila estoy gracias a mi Dios. Cambió mi situación.

En la película cuentas que uno de tus sueños es tener un hijo. Sin embargo sabes que eso es muy improbable que suceda. ¿Sigue siendo tu gran sueño?

Sí señor. Mi Dios es el que tiene la potestad de uno. Si él quiere que en algún tiempo yo pueda tener un hijo, eso será gracias a él. Ojalá pueda hacerse. Yo quiero tener un niño en mis brazos, no pierdo las esperanzas, así no tenga los medios. Yo lo he soñado.

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Por el documental y por lo que escucho eres muy católica…
Sí señor, por eso es que mi Dios me ha ayudado. Creo en la Santísima Virgen y en mi Diosito lindo, porque es el único que le ayuda a uno. Cada ocho días, el día domingo, voy a misa, recibo a Dios en mi cuerpo y me siento contenta. Me hace feliz recibir a Dios en mi cuerpo.

La película muestra tu cotidianidad en el pueblo: ordeñas las vacas, cortas la leña, siembras. ¿Qué significa el campo para la Señorita María?

El trabajo del campo me gusta mucho. Todo oficio me gusta. Yo nunca digo: este oficio no me gusta, no lo hago, no. El campo para mí significa trabajo, trabajar la tierra. Sembrar una matica para tener para uno.

¿Supongo que la película te cambió la vida en varios aspectos?

Mi vida ha cambiado muchísimo, pero ha sido gracias a mi Dios. No es como el tiempo de antes. Yo le doy gracias a mi Dios por todo lo que me ha dado últimamente.

¿Cómo fue verse por primera vez en el cine?
Yo me sentí muy contenta. Y no señor, no me dieron nervios. ¿Por qué?
Uno mismo tiene que valorarse lo que es, ser como es.

A mí me gustó mucho la película y generalmente a las personas les gusta también. Para mí es muy maravilloso que todas las personas del país que vean esa historia, la juventud, analicen lo que pasé yo, piensen sobre eso.

Has empezado a descubrir que hay personas que están pasando por tu situación, por las burlas, por las críticas, por el aislamiento, el temor a las personas, a ser mirado.

Sí. A esas personas les diría que Dios quiera que no vayan a pasar por la misma situación que yo pasé. Que me oigan esta historia que estoy diciendo para que nunca vuelva a pasar esas cosas conforme yo las pasé, porque eso es muy doloroso.

Pero cuando la gente se burla, yo sigo adelante. Porque es como digo: si esas personas se burlan de uno, yo digo que no se están burlando de mí, se están burlando es de mi Dios y están ofendiendo es a mi Dios. Como le decía a unas personas: ustedes piensan que me están ofendiendo. ¡No! Ustedes ofenden a mi Dios. Piensen en su cabeza.

¿La gente de tu pueblo ya vio la película, por cierto?
En mi pueblo no. Y lo voy a decir: que no vayan a presentar la película allá. Yo ya lo he dicho. No dejo que presenten mi historia ahí. Porque ellos fueron tenaces conmigo. Si la quieren ver, que paguen en otras partes, en el pueblo no.

¿Como así que hubo muchachos en el pueblo que te quitaban la plata? Se lo escuché a una de las personas que entrevistaron para el documental. ¿Qué pasó?

Eso es puras mentiras de esa persona que dijo eso en la película. Personas que se ponen hablar lo que no les cuesta. O como esa señora, no sé si su mercé la oyó, que dijo cosas de mí y de mis papás (un rumor que hay en el pueblo tratado en el documental). Soltó la boca esa señora pero como se dice: no debe uno soltar la boca sin ver lo que puede pasar.

Eso que ella dijo no es verdad. Ella pensaba que eso que dijo no iba a salir por la televisión o por la película, pero salió. No. Eso no es pensar con la cabeza esa persona. Una persona de edad que se ponga a decir todo eso, no. Queda una aterrada de veras, porque cómo van a soltar lo que se les venga a la lengua y decirlo.

Yo he tenido el deseo de encontrarme con esa señora y decirle en su cara que lo que dijo no es verdad. Pero como que me huye. Le da vergüenza. Lo que habló ella es un chisme. La otra señora que habló, la ancianita, ella si habló lo que es la verdad. Pero en cambio esa otra señora, y ese otro señor que dijo que me quitaban la plata los muchachos, es pura mentira.

¿La gente ha cambiado después de la película? ¿Te miran distinto?
Pues sí, en parte sí. Porque es que tienen que pensarlo en su cabeza, ¡pensar lo que hicieron! Yo ahora lo que quiero es seguir adelante. No sé si siga en mi campo. Vamos a ver qué es lo que mi Dios quiere. Porque mi Dios es lo que le pone a uno en el medio qué es lo que tiene que hacer. Si Dios quiere que salga de mi pueblo, bueno. Y si no, seguiré en mi campo.

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