Anabelle López, la colombo-belga que reinterpreta el currulao

La historia de Anabelle López Ochoa, una colombo-belga que reinterpretará el currulao para el Festival Internacional de Ballet

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26 de may de 2015, 12:00 a. m.

Actualizado el 20 de abr de 2023, 02:18 a. m.

La historia de Anabelle López Ochoa, una colombo-belga que reinterpretará el currulao para el Festival Internacional de Ballet

[[nid:424988;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/05/anabelle-lopez.jpg;full;{Anabelle López Ochoa asegura que su estilo de trabajo es más colaborativo, de construcción colectiva. “Hablando y compartiendo entre el coreógrafo y los bailarines”. Foto: Johan Manuel Morales | El País}]]

La primera vez que Anabelle se puso un tutú,  su  reacción fue reírse de sí misma. Lea también: El Ballet de Canadá estará en Cali con la obra 'Glory'

Tenía 15 años. Y aunque llevaba 8 años  estudiando ballet, con el tutú puesto se sentía extraña. “Físicamente mis piernas eran muy musculosas y por otro lado, no era una princesa, no soy una mujer que puede expresarse en términos románticos. Soy más terrenal y racional, tengo  alma de niño”, confiesa.

Precisamente, ese espíritu de niño la arrojó al mundo del ballet. En él ha hecho una carrera como coreógrafa y, gracias a eso, Anabelle López Ochoa está en Cali para orientar  las presentaciones de Incolballet para el 9° Festival Internacional de Ballet que se inicia el próximo 7 de junio.

 Tiene apellidos,  facciones y un cuerpo muy latino: “Soy un coctel  de un ingeniero civil bogotano y una enfermera belga”. Y por una decisión maternal  ella terminó  en el mundo del ballet.

 Confiesa Anabelle que, de niña, “quería ser como mi hermano mayor, era muy ‘machita’, al punto que otros niños pensaban que yo era un varón. Me sentía cómoda así pero mi hermano le contó a mi mamá y ella decidió que debería ir al ballet para ser más femenina”.

No tenía más elección, con 7 años debía seguir las órdenes de mamá. “No me gustaba el ballet, pero tenía en mi  temperamento el carácter de la disciplina. Y la usé  en  el ballet. Competía  con mi hermano por ser el mejor de la casa. Solo dos años después entendí el por qué de todos los movimientos”.

 Su niñez  en  Bélgica no fue fácil: tuvo que lidiar con la discriminación. “Crecí  con una mamá blanca y de cabello rubio, crecí rodeada de blancos. Los niños se burlaban de mi color.  Crecí en un mundo racista. Ya en los  80 todo cambió,  cuando  el color oliva estaba de moda”. 

 Su primera vez en Colombia fue el encuentro con su identidad. “Era una niña. Vinimos en plan de vacaciones a conocer   Bogotá, Cartagena y Leticia. Ahí encontré a niños de mi edad con la misma mirada, pelo y las mismas piernas. Era el físico que yo tenía y que nadie más tenía en Bélgica”.

 Esa herencia latina, heredada de su padre, indirectamente  la lanzó al mundo de la danza contemporánea. “A los 11  años   realicé una audición pero  no me aceptaron porque tenía un  cuerpo  muy latino:  piernas  cortas y muchos músculos, que me ayudaron  a bailar rápidamente, pero que no me iban a permitir ser una bailarina clásica. Sin embargo, la directora vio un talento, me aceptaron y mi formación fue clásica para hacer danza  contemporánea”.

   Recuerda que a los pocos meses entendió que ella había nacido para crear coreografías. “Un día  la profesora nos dio una hora para crear una coreografía de un minuto. Yo  no sabía qué significaba la  palabra coreografía. Hice la tarea y sentí que si hacía eso el resto de mi vida, eso me haría feliz porque cuando uno crea una obra, uno crea su propia realidad y eso es lo que me atrae.   Ahí entendí que prefería hacer coreografía que bailar”.

 Empezó así a recorrer el mundo, conservando ese espíritu de niño  que ella considera necesario a la hora de crear. “El niño desapareció físicamente porque ahora me hago las uñas y me encanta usar pintalabios (risas). Creo que mi  madre logró sus propósito, pero el niño aún lo tengo dentro de mí”. 

Asegura que en su espíritu hay algo tan femenino como masculino. “No tengo  miedo estar frente a un grupo y  decir mi opinión. Tampoco temo retractarme de lo que he hecho el día anterior y reconocer que era una  mala idea. Pero tengo cosas muy maternales como cuidar a mis bailarines pero al tiempo exigirles. Me  gusta que la mujer sea muy  femenina pero que  se vea fuerte en  escena,  dejando  ver que es una mujer del 2015”.

De vuelta al origen

Aunque es hija de un colombiano, en su casa no aprendió a hablar español. Fue el ballet que al llevarla por territorios donde se habla español,  Anabelle aprendiera a dominar el idioma.

  Hace cuatro años, en Nueva York, conoció a Gloria Castro, quien la animó a venir a Colombia para que creara una obra para Incolballet. Volvió a pisar el territorio que es parte de su sangre.  “Y me volví a sentir como una niña que había encontrado a otros como ella”.

De esa visita nació el montaje ‘Memorias del dorado’. Tras esa experiencia no dudó en volver este año para preparar dos espectáculos: uno para la noche de apertura del 9° Festival Internacional de Ballet y otro que será el estreno de la Compañía  Incolballet en el que explorará el currulao.    

“Cada vez que puedo hacer una obra colombiana siempre será  el punto de vista de una extranjera y busco los elementos  que me fascinan para crear”.

 Precisamente está explorando “el significado del pañuelo. Me parece algo universal y la idea es reconstruir un estilo, hacer una nueva propuesta  para que no sea una imitación”.  Y dentro de esa exploración se ha planteado la posibilidad de que el pañuelo lo lleven las mujeres y no los hombres. 

Viviendo en Cali ha descubierto que no es buena para bailar salsa. “Por mi carácter  me es difícil dejarme guiar. A  mí me gusta tener autonomía  al bailar. Pero me gusta ver bailar  por su fluidez, es un baile  erótico pero a la vez respetuoso donde no hay  necesidad de mirarse”.

Asegura que hacer su proceso creativo con Incolballet  le permite “redescubrirme y  reinventarme”. 

Pero eso no cambia ni su sentir y  ni su pensar,  reconoce que no es  romántica “a mí los piropos me hacen reír”, como el  recuerdo de la primera vez que usó un tutú a los 15.

Festival de Ballet Domingo 7:  Plaza de Toros, 7:00 p.m., inauguración del 9° Festival de Ballet.  Lunes 8: Teatro Municipal, 7:00 p.m. Estreno Compañía Colombiana De Ballet. En ese mismo escenario, a las 9:00  p.m. estará Samadhidance Company (Holanda).  Martes 9: En el Teatrino del Teatro Municipal, 10:30 a.m., función infantil Incolballet (Colombia).  En el Teatro Municipal, 7:00 p.m., Samadhi Dance Company (Holanda).  Y a las 9:00 p.m. habrá estreno de la Compañía Colombiana De Ballet.  En el Teatro Jorge Isaacs, a las 7:00 p.m. será  la presentación de Brenda Angiel (Argentina), tango aéreo y música argentina en vivo. 

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