PATRULLERO
El coraje de un policía que ayuda a cuidar el oriente de Cali durante la pandemia
El patrullero se enfrentó a tres ladrones que pretendían robar un supermercado en un barrio popular ubicado en esta zona de la ciudad. En el oriente de la ciudad, dice, pese a los comparendos, la cuarentena se incumple a diario.
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3 de may de 2020, 07:55 a. m.
Actualizado el 3 de ago de 2026, 11:01 p. m.
Mientras recorre una de las cuadras de un emblemático barrio de la zona oriental de Cali, su jurisdicción, el patrullero de la Policía dice que en esta zona hay una especie de ‘diccionario’ de improperios contra los agentes.
Alguna vez escuchó que lo llamaron “aguacate”; en otra calle se refirieron a él como “cerdo”; lo más común es que le digan “tombo”, aunque los más osados - y que se encuentran lejos - le agregan un apellido: “tombo hijueputa”.
“Ser policía en el oriente de Cali es complicado. Aunque no son todas las personas, la cultura de muchos es que el policía es un enemigo. A veces capturamos a un ladrón, y así en la comunidad no conozcan a esa persona, nos hacen asonadas para quitarnos al capturado. Si la comunidad impide nuestro trabajo, ¿cómo la vamos a proteger?“, resalta.
El 4 de abril de 2020, el policía se enfrentó a tres ladrones que robaron un supermercado en un barrio popular de Cali.
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El uniformado nació en un municipio del Valle del Cauca y viajó a Bogotá para cursar la formación técnico-profesional como patrullero. Durante cuatro años vigiló las calles de la capital. En la Policía, cuenta, a Bogotá la llaman “la escuela”.
“Es donde se aprende todo. Allá atendí demasiados casos: hurtos, violaciones. Patrullé Suba, una zona peligrosa. Pero ningún caso fue tan relevante como el que atendí aquí, en en el oriente de la capital del Valle, este 4 de abril”.
El policía completa siete años como agente. Desde hace tres trabaja en el oriente de la capital del Valle del Cauca, después de que pidiera un traslado desde Bogotá.
El uniformado patrulla un sector que abarca tres barrios del oriente de Cali, una zona marcada por los problemas de seguridad y los enfrentamientos entre pandillas. Aunque un grupo de la Policía desarrolla intervenciones sociales, organiza charlas y torneos de fútbol, los conflictos persisten.
Cuando alguno ‘da la pata’, se enfrentan. ‘Dar la pata’ significa estar por ahí, expuesto para que lo maten.
“También hay tráfico de drogas, hurtos y homicidios”, dice el uniformado.
Sin embargo, en parte por su trabajo y el de sus compañeros, y por la cuarentena debido al coronavirus, las estadísticas de los delitos en el oriente han disminuido.
Desde el 20 de marzo de 2020, cuando se anunció el toque de queda, hasta el 28 de abril, por ejemplo, asesinaron a 23 personas. En el mismo periodo del año anterior iban 47.
Igualmente lo que más se roban en el oriente son motos, y en el último mes se contabilizan 28 casos. En el mismo periodo del año anterior iban 102. A lo mejor, digo, eso se debe a que las motos, por la cuarentena, están guardadas.
“En el oriente pareciera que el coronavirus no es con ellos (...) Acá se viola la cuarentena a diario. Por más comparendos que uno imponga, la gente sale como si no pasara nada”, dijo el patrullero.
Elodia Nieves, la directora de la Fundación Paz y Bien, que trabaja con jóvenes vulnerables, le da la razón al policía.
Hay niños que a las 11: 00 de la noche juegan en las calles a tocarle el timbre al vecino. Ella se pregunta por los papás de esos niños: ¿dónde están? A los muchachos que andan en las esquinas les pregunta si acaso no han visto las noticias sobre la pandemia, y ellos le responden - sin tapabocas y a veces tosiendo– que tranquila, que “eso no pasa nada”.
“La juventud desde hace mucho no solo en el oriente sino en toda la ciudad perdió el respeto por la norma y la autoridad”, dice Elodia.
El Secretario de Seguridad, Carlos Alberto Rojas, ensaya otras hipótesis sobre el incumplimiento reiterado de la cuarentena en el oriente. Una de esas teorías es que hay altos niveles de hacinamiento en las casas, y el espacio público es insuficiente - hay barrios sin parques - por lo que la gente acude a la calle parqués en mano y dominó.
Además, dice el Secretario, los niveles más bajos de escolaridad se encuentran en el oriente, y eso puede hacer que la comprensión de la pandemia no sea la misma que la de personas que han accedido a otros niveles de educación e información que les permite entender los peligros del coronavirus.
“Y hay que tener en cuenta que los niveles más altos de informalidad también están en el oriente, y por lo tanto la necesidad de muchos de salir a trabajar es inmediata. Eso genera que la relación con la norma no sea asertiva. Es lo que trae la informalidad: vivir con reglas propias y no con las de la sociedad. No pretendo hacer un juicio moral, pero por todo este contexto no es tan fácil que los ciudadanos permanezcan en sus casas por una orden nuestra. Sin embargo, seguiremos aplicando la ley”.
En el oriente de la ciudad, y pese a medidas como la Ley Seca y la cuarentena nacional debido a la pandemia del coronavirus, la Policía ha debido actuar para detener fiestas en diferentes barrios.
El patrullero cuenta que antes de salir a su turno, se encomienda a Dios. No solo para que lo proteja de los delincuentes, sino también del coronavirus. Carga un dije con la imagen de Cristo. También guantes de látex, tapabocas, un frasco de alcohol y otro de antibacterial.
“Pero no dejo de sentir temor. El contacto con las personas es inevitable. ¿Cómo requiso a distancia a un sospechoso de portar un arma?“, dijo el uniformado.
El día que se enfrentó a los asaltantes del supermercado ubicado en el oriente acababa de terminar un operativo de revisión de antecedentes judiciales. También impartió comparendos a quienes incumplían la cuarentena. Después se fue a “pasar revista” a los supermercados, que en su cuadrante son varios: un Olímpica, un Justo y Bueno, y dos D1.
Cuando llegaba al D1 de este sector de la ‘Sucursal del Cielo’, a las 11:35 de la mañana, observó a tres sujetos que salían apurados del establecimiento. Uno de ellos tenía un revólver en la mano. Cuando vio al patrullero, le apuntó. El policía conducía la moto, y su compañero no se percató de lo que ocurría. Por eso no le quedó otra opción que quitar la mano del acelerador, y en segundos sacó su pistola de dotación y oprimió el gatillo. El tiro le entró al ladrón por el abdomen. De inmediato lo esposó y llamó a una ambulancia para que le prestara los primeros auxilios.
Mientras tanto, la patrulla del cuadrante 13 -16 capturó a otro de los asaltantes, mientras que el tercero se montó con una maleta a un automóvil Hyundai que quedó grabado en las cámaras de seguridad.
Aunque parecía un asalto de película, en la maleta apenas había $523.700. El patrullero se lamenta. Nadie debería dañar su vida ni por eso ni por ninguna cifra, dice. Ese día no pudo hablar con su familia.
Se encargó de que el asaltante herido recibiera la atención médica. Primero fue remitido al hospital Carlos Holmes, y luego al Departamental. Ahora está preso en una estación de Policía. Cuando el uniformado habló con él, le dijo que robar era su manera de ganarse la vida. También le mentó la madre por habérselo impedido esta vez.
Desde que comenzó la cuarentena, hasta el 28 de abril, 23 establecimientos comerciales del oriente habían sido asaltados.
La mamá del policía, por cierto, le exigió al siguiente día que le hiciera una video llamada, para cerciorarse de que se encontraba intacto. Al final le dijo que él tenía un angelito en el cielo.
Aunque los homicidios han bajado, preocupa que pese a la cuarentena en Cali siguen matando gente. En el último mes van 23 asesinados en el oriente







