Los comerciantes que se la juegan por el renacer de La Luna

Mayo 30, 2021 - 12:00 a. m. 2021-05-30 Por:
Héinar Ortiz Cortés- Reportero de El País
La Luna

Pujanza. De las primeras en abrir tras los desmanes fueron Luz Mery Fajardo y Sandra Gutiérrez, vendedoras de ropa, bolsos y maletines desde hace más de 25 años en La Luna.

Foto: Bernardo Peña- El País

“La Luna nunca dejará de brillar”. Pese al rastro de lágrimas en sus ojos color sol, la afirmación que hace la mujer, que debe estar cerca a los sesenta años, tiene un tono luminoso que traspasa su tapabocas negro. Ya lo decía el autor británico Thomas Brooks: “la esperanza puede ver a través de las nubes más densas”. Ella lo sabe, por eso se expresa fuerte y positiva, con la convicción de quien nunca se ha dejado derrumbar por las circunstancias.

Quien habla es Nubia Montoya, propietaria de la Platería Fonseca, ubicada desde hace 25 años en la esquina de la Carrera 23D con Calle 13, en el tradicional sector La Luna, afectado por hechos de vandalismo, saqueos y bloqueos hace algunas semanas.

Atrás de ella, a un par de metros, dentro del local, dos colaboradoras continúan retirando cuidosamente los vidrios rotos de los mostradores que solían tener joyería y relojes. Nubia se apoya con ambas manos sobre una escoba. “Es bastante duro. Realmente me robaron mucho, mucho, mucho. Gracias a Dios logré sacar algo, no compensa con lo que se me llevaron, pero bueno, lo más importante es que se tienen las ganas, la fuerza y la confianza de que con ayuda de Dios esto tomará otro rumbo”, dice.

Pese a todo, Nubia habla del futuro. Para ella, la fortaleza viene desde allá: de ese anhelo intenso que tiene por lograr una vejez tranquila y sin afugias, gracias al trabajo de toda una vida en su local. Así ahora le toque empezar de cero prácticamente, sostiene.

“Todos los del sector somos gente luchadora. Acá nadie tiene plata, pero tenemos muchas ganas de salir adelante, de ganarnos nuestro diario vivir con el sudor de la frente. Para adelante, porque tenemos derecho a trastabillar, pero no a caer”, expresa. Luego, sonríe con sus ojos atigrados, se despide y sigue barriendo esquirlas de cristal en su local que espera abrir pronto.

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Dicen que con las crisis también llegan las oportunidades. Los microempresarios y negociantes del popular sector de La Luna lo entendieron y, tras las afectaciones que han sufrido sus actividades, locales e ingresos en las últimas semanas, se unieron para reconstruir urbanísticamente su entorno y recuperar la confianza de la ciudadanía.

De hecho, con un gran plantón de apertura, los trabajadores de La Luna le dirán desde este martes sí al comercio, sí a la generación de empleo y sí al renacer económico de este importante punto de Cali, abriendo sus puertas aquellos locales que ya han logrado reabastecerse o reconstruirse, desde las 8:00 a.m. hasta las 8:00 p.m., como lo han hecho siempre.

Según explica David Flórez, vocero de los comerciantes de la zona, con esta iniciativa buscan incentivar nuevamente el consumo en el sector con ofertas y promociones, vistiendo todos los trabajadores y trabajadoras con camisetas amarillas o de la Selección Colombia para comenzar a demostrar unidad.

“De todo esto tiene que salir un tema muy positivo. La unión de todos los comerciantes del sector ha sido algo sorprendente. La verdad, muchas veces uno ni siquiera sabe quién está al lado de uno hasta que pasan este tipo de situaciones”, señala. “Esto nos ayudó a todos a estar más unidos, a pensar en los vecinos, a crear comités y entender cada uno qué le gustaba y qué puede aportar”, agrega.

Y es que, como cuenta Jefferson Torres, representante del almacén Baratillo Medellín, que lleva ya diez años en La Luna y genera diez empleos directos, la iniciativa de unirse “comenzó hace dos semanas, empezamos con cuatro personas y hoy somos casi cien comerciantes en el grupo. Y para mí ha sido un balance muy positivo”.

Así es como un centenar de comerciantes de La Luna ya piensan en asociarse legalmente, por lo que conformaron cinco comités (mercadeo, embellecimiento, operacional, seguridad y afectación y ayudas) con los que van ‘a todo vapor’ camino hacia la reapertura definitiva de todos los negocios del sector el próximo 1 de julio, una fecha convenida por los empresarios y microempresarios para tener listas las reparaciones de sus locales y las inversiones que se harán en el espacio público de la zona, como un sistema de videovigilancia, rejas de seguridad, ronderos las 24 horas del día y la intervención de la zona verde y el mobiliario público.

“Son iniciativas propias de nosotros como comerciantes, no las lidera ningún sector político o de Gobierno. Nosotros, como microempresarios, somos los que estamos uniéndonos para embellecer la zona, mejorar la limpieza y empezamos a pintar las fachadas y los andenes de nuestros negocios, precisamente para dar una imagen más bonita. Para que en estos momentos aprovechemos la coyuntura de ser noticia y que, de todo lo malo que ha pasado, podamos sacar algo bueno”, indica Torres. “Son actividades puntuales, sencillas, que salen de nuestros bolsillos pero que están encaminadas a atender y beneficiar a todos los caleños”, recalca.

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Esta zona comercial, que adoptó el nombre del famoso hotel que abrió sus puertas hace 65 años en la esquina de la Calle 13 con Autopista Suroriental, comprende el cuadrante de los barrios Junín, Santa Elena y Colseguros que se delimita al sur con la Carrera 25, al oriente con la Calle 15, al occidente con la Calle 12A y al norte con la Carrera 23. Si se ve en Google Maps se puede notar que queda casi en el centro geográfico de la zona urbana caleña: la ubicación de La Luna es estratégica por encontrarse equidistante a cada frontera de Cali.

Por eso es que ha habido prosperidad por décadas y hay negocios que llevan tanto en el mismo sitio que parecieran de toda la vida, como la Amortiteca del Valle, que ya completa 30 años con sus puertas abiertas, igual que la Compraventa La 13. O la serviteca Llantas La Luna, que ni tiene puertas y presta servicio las 24 horas del día. También hay marcas como Herpo, Bimbo, Gane, Fajas Salomé, Atoquim, Orthoplan, Banco de Bogotá y Evacol, además de restaurantes, discotecas, panaderías, clínicas dentales, almacenes automotrices, cacharrerías, etc.

En este punto es importarte hablar de la fuerza. Como Nubia. Y como todos los comerciantes de La Luna, cuya principal muestra de fortaleza es mantener abiertos sus negocios, generando empleo y prosperidad para más de 2000 familias que dependen de los puestos que se generan ahí.

Hablemos entonces de la fuerza de Angie Jiménez y Carlos Peña, que no han cerrado ni un día durante la crisis su negocio Molduras en Yeso La Luna, ubicado hace doce años en el pasillo comercial del hotel, porque tienen ocho personas en casa esperando que ellos generen recursos.
Hablemos también del empuje de Hárold Gordillo, propietario del Body Gym Luna, que, pese a mantener solo una tercera parte de los suscriptores que tenía antes de pandemia y de la crisis de paro, se sigue levantando todos los días a las 5:00 a.m. para abrir su gimnasio, con la esperanza de lograr día a día un mejor futuro para sus hijos Melanie y Nicolás.

O hablemos de la fortaleza de Luz Mery Fajardo, quien desde hace 29 años vende ropa en La Luna y con ello sacó adelante a su hijo Anderson, que estudió contaduría y actualmente trabaja en una importante multinacional del norte de la ciudad.

En tiempos donde se grita “¡resistencia!”, pareciera que, al final, la muestra más grande de aguante la ponen los pequeños comerciantes de la ciudad al aferrarse con todo al sueño de emprender y generar prosperidad. Hablemos de fortaleza. Hablemos entonces del renacer de La Luna.

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