Economía
“Este gobierno tiene que generar credibilidad”: María Claudia Lacouture habla de lo que le espera a Colombia con el nuevo Presidente
La líder gremial aseguró que el verdadero examen del Gobierno será en la ejecución no en el discurso.
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28 de jun de 2026, 04:35 p. m.
Actualizado el 28 de jun de 2026, 04:35 p. m.
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María Claudia Lacouture es la presidente de Aliadas, una organización que agrupa a 27 asociaciones y gremios en Colombia. Además, lidera la Cámara de Comercio Colombo Americana, Amcham Colombia, que tiene como propósito promover el comercio y la inversión entre los dos países.
Durante el Gobierno de Juan Manuel Santos, fue presidente de ProColombia y ministra de Comercio.
En entrevista con El País, habló de lo que viene para Colombia con el nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, y lo que esperan los empresarios.
Afirmó que hay mucho trabajo por hacer para generar confianza en el país y dijo que eso no se construye con discurso, sino con ejecuciones.
Frente a la posibilidad de un acuerdo nacional que lleve al país a crear un mejor ambiente social y de negocios, aseguró que este debe construirse sobre la confianza, “con parámetros y protocolos claros que garanticen un diálogo genuino, orientado a atender las necesidades de la ciudadanía y no a validar una sola posición”.
¿Colombia tiene nuevo Presidente, qué esperar desde el sector empresarial?
Colombia no empieza de cero, pero sí empieza contra reloj. El nuevo gobierno recibe un país con una tarea económica urgente: generar credibilidad desde el primer día para recuperar la inversión, reducir la informalidad, elevar la productividad y devolverle confianza a quienes pueden generar empleo formal.
Desde el sector empresarial esperamos tres cosas concretas: seguridad, reglas claras y capacidad de ejecución. La confianza inversionista no se decreta; se demuestra. Se demuestra respetando contratos, dando estabilidad jurídica, simplificando trámites y entendiendo que cada empresa que crece es una oportunidad para crear empleo, pagar impuestos y mover regiones.
La agenda anunciada por el presidente electo apunta hacia una recuperación de la seguridad y del crecimiento. Pero el verdadero examen no será el discurso, sino la ejecución. Colombia tiene activos enormes: ubicación estratégica, talento, tratados comerciales, biodiversidad, capacidad empresarial y una relación histórica con Estados Unidos. La pregunta es si vamos a convertir ese potencial en inversión, productividad y bienestar.
Colombia enfrenta el riesgo de un arancel adicional de 12,5% a productos exportados a EE. UU.
— Maria Claudia Lacouture (@mclacouture) June 25, 2026
No es una sanción vigente, pero sí una alerta seria: el plazo clave vence el 6 de julio.
El sector privado ya presentó argumentos. Ahora se requiere acción del Gobierno para evitar que… pic.twitter.com/k0BSPgQt4e
Muchos hablan de la necesidad de un acuerdo nacional, ¿cree que es posible alcanzarlo con un país tan polarizado como quedó evidenciado en las elecciones?
El acuerdo nacional no es una frase bonita; es una condición de gobernabilidad. Una elección tan estrecha no entrega un cheque en blanco. Entrega una instrucción clara: construir, escuchar y gobernar con sentido de país. Colombia está dividida en preferencias políticas, pero no en sus necesidades esenciales. Nadie quiere menos seguridad, menos empleo, peor infraestructura o más pobreza. Ahí hay un terreno común.
El acuerdo nacional debe construirse sobre la confianza, con parámetros y protocolos claros que garanticen un diálogo genuino, orientado a atender las necesidades de la ciudadanía y no a validar una sola posición.
El reto del nuevo gobierno es pasar de la lógica de campaña a la lógica de Estado. Eso exige convocar al Congreso, las regiones, los trabajadores, los empresarios, la academia y la sociedad civil. El sector empresarial no quiere ser espectador; quiere ser parte de las soluciones porque un acuerdo que no se traduzca en inversión, empleo y ejecución territorial se queda en declaración política.
¿Cree que el ambiente de los negocios cambiará para el segundo semestre del año?
Puede cambiar, pero no por inercia. La elección despeja una incertidumbre política, pero la confianza no vuelve sola. El capital no se mueve por entusiasmo; se mueve por señales. El segundo semestre será decisivo. Los inversionistas van a mirar el gabinete económico, el tratamiento a los contratos vigentes, la seriedad fiscal, la política de seguridad, la relación con el Congreso y la capacidad del gobierno para ejecutar sin improvisar.
Una buena señal puede activar inversión represada; una señal equivocada puede prolongar la cautela. La oportunidad existe, las cadenas globales de valor se están reordenando, el ‘nearshoring’ sigue abierto y Colombia tiene condiciones para atraer manufactura, agroindustria, servicios, data centers, turismo, energía y minerales críticos. Pero esa ventana no estará abierta para siempre. Otros países ya están compitiendo por esos mismos proyectos.
El mensaje debe ser claro: Colombia quiere inversión, pero además sabe cómo recibirla, protegerla y convertirla en empleo.
Recuperar la credibilidad y aumentar la confianza son parte de los retos que #Colombia tiene en Estados Unidos para potencializar aún más el vínculo comercial. Así se podrá atraer más #inversión productiva, turismo y aumentar las #exportaciones.
— Maria Claudia Lacouture (@mclacouture) June 25, 2026
Dentro de esto, es muy importante… pic.twitter.com/DootpRsxYX
¿Cuáles considera que deberían ser las prioridades del nuevo presidente, Abelardo De la Espriella, en materia económica?
El reto económico del próximo gobierno será de credibilidad, no ideológico. Colombia no recibe una hoja en blanco: enfrenta déficit cercano al 7 % del PIB, inflación alta, tasas en dos dígitos y una inversión que necesita reactivarse. La prioridad es clara: orden fiscal, confianza e inversión. Eso implica disciplina en las cuentas públicas, gastar mejor, cerrar exenciones ineficientes, combatir la evasión y dar seguridad jurídica.
Sin reglas claras no hay capital, y sin capital no hay empleo. Al mismo tiempo, hay que destrabar sectores clave como energía, minería, infraestructura y turismo, porque ahí está el crecimiento real. Colombia no puede seguir financiando expectativas con deuda; tiene que financiar futuro con inversión. El mensaje debe ser contundente: equipo técnico, respeto institucional, una agenda ejecutable y trabajo público-privado. La confianza puede llegar rápido, pero también se puede perder rápido.
El reto será convertir las promesas en un programa financiable, legislable y capaz de generar empleo formal.
¿En qué cree que falló el gobierno saliente para lograr cerrar brechas y generar mayor crecimiento?
La respuesta debe darse con datos y con método, no con rabia política. El gobierno saliente tuvo una ambición social importante, pero no logró convertirla en confianza, inversión y ejecución sostenida. Y sin inversión no hay empleo suficiente; sin empleo formal no hay inclusión real; y sin ejecución no hay política pública que llegue a la gente. Hubo varios problemas, pero destaco tres. Primero, una progresiva desvalorización del papel del sector privado, que en lugar de ser un aliado estratégico fue tratado con desconfianza, dificultando el trabajo conjunto.
Segundo, reformas estructurales impulsadas sin suficientes consensos ni acuerdos amplios, en un ambiente de confrontación que elevó la incertidumbre y dio la impresión de querer redefinir las reglas de juego para responder a una visión particular.
Y tercero, dificultades de ejecución que limitaron el impacto de programas que, en el papel, podían responder a necesidades reales. Las transformaciones sociales necesitan crecimiento, inversión, recaudo sostenible y capacidad institucional.
Cuando se debilita la confianza económica, se reduce también la posibilidad de financiar lo social. Las brechas se cierran articulando al aparato productivo y orientándolo hacia un objetivo nacional compartido.
¿Las inversiones que vienen de Estados Unidos se han mantenido? ¿Hay confianza pese a la turbulencia política?
Colombia sigue siendo un país cercano a Estados Unidos; el ritmo de inversión es cauteloso. Esa diferencia es importante. No estamos ante una ruptura, pero sí ante una alerta. El inversionista estadounidense sigue viendo a Colombia como un país estratégico, pero hoy es más selectivo, más cuidadoso y más exigente frente al riesgo. Los inversionistas, incluidos los de Estados Unidos, pueden manejar el riesgo, pero no la arbitrariedad, y en Colombia en los últimos años se ha visto mucha. Invierte mirando horizontes de cinco, diez o veinte años.
Por eso evalúa seguridad jurídica, estabilidad regulatoria, respeto institucional, infraestructura, talento y capacidad del Estado para ejecutar.
Cuando esas señales son débiles, el capital no desaparece necesariamente, pero espera. La oportunidad sigue viva, y lo hemos visto con los más de 204.000 millones de dólares que llegaron a América Latina, donde el 38 % provino de Estados Unidos y Colombia solo captó el 7 % del total de la región.
El capital está llegando a Latinoamérica. Colombia, además de su TLC, cercanía geográfica, afinidad empresarial y talento humano, tiene las condiciones del ‘safeshoring’: proximidad, confianza, trazabilidad en las cadenas de valor y capacidad de integración productiva. Pero no podemos confundir historia bilateral con confianza automática. La relación con Estados Unidos es un activo enorme, y precisamente por eso hay que cuidarlo con decisiones serias desde el primer día.

¿Qué balance hace del comercio con Estados Unidos?
El TLC con Estados Unidos es la autopista comercial más importante que tiene Colombia. El problema no es que falte carretera; es que todavía no hemos puesto suficientes vehículos a rodar por ella. Estados Unidos sigue siendo nuestro principal socio económico: Uno de cada cuatro dólares que Colombia genera por comercio internacional está vinculado a Estados Unidos. Es el principal destino de nuestras exportaciones, origen histórico de inversión y mercado natural para miles de empresas colombianas.
El TLC abrió puertas, dio reglas y creó acceso preferencial. Pero el balance honesto es que Colombia aún tiene un camino para aprovechar, el acuerdo ha sido subutilizado. Y tenemos con que ir avanzando. De acuerdo con un análisis de AmCham Colombia, el país tiene cerca de US$1750 millones anuales en exportaciones adicionales que podría recibir sin cambiar una sola condición arancelaria, simplemente aprovechando mejor los cupos, las admisibilidades sanitarias y la capacidad logística existente.
La prioridad no debe ser hablar del TLC como si fuera un documento del pasado, sino convertirlo en una agenda de crecimiento para el futuro. Eso significa más admisibilidades sanitarias, mejor logística, acompañamiento real a mipymes exportadoras, inteligencia comercial por estados, facilitación aduanera y encadenamientos con empresas estadounidenses. El TLC es uno de los mejores activos estratégicos que tiene Colombia. La pregunta no es si ha servido. La pregunta es como dejamos de subutilizarlo.
¿Qué tan importantes son las relaciones que pueda tener Colombia con el gobierno Trump?
La relación con Estados Unidos no es una preferencia ideológica; es una realidad estratégica y no es una relación abstracta, es una red concreta de ingresos y bienestar para los colombianos. Es nuestro principal socio comercial, el origen histórico más importante de inversión, un aliado en seguridad y un mercado fundamental para turismo, comercio y empleo.
Esa relación no se improvisa ni se ideologiza: se administra con inteligencia. Con la administración Trump, Colombia necesita pragmatismo, precisión y resultados. Una mayor cercanía política puede abrir puertas, pero no reemplaza una agenda técnica.
Las simpatías ayudan a iniciar conversaciones; los resultados dependen de propuestas concretas, equipos sólidos y seguimiento permanente.
La agenda debería concentrarse en cuatro objetivos verificables: fortalecer la cooperación en seguridad y lucha contra economías criminales, fortalecer la cooperación en seguridad en la frontera, acompañar el proceso de desarrollo en Venezuela y gestionar de manera ordenada la migración, protegiendo a las comunidades; proteger y ampliar el acceso comercial; activar proyectos de ‘nearshoring’ e inversión productiva; y convertir la relación bilateral en empleo, exportaciones y oportunidades para las regiones.

Comunicadora Social de la Universidad del Valle con más de 30 años de experiencia en prensa, en especial en periodismo económico aplicado en varios medios de comunicación nacional.
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