El País
Crecer no siempre es la parte difícil: una mirada empresarial
Cuando los negocios empiezan a escalar aparecen preguntas que muchos fundadores no siempre se hacen. Diego Díaz suele encontrarse con esa situación.
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15 de mar de 2026, 07:25 p. m.
Actualizado el 15 de mar de 2026, 07:25 p. m.
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El crecimiento de una empresa suele celebrarse como una señal clara de éxito. Más clientes, mayor facturación y nuevas oportunidades de expansión. Sin embargo, cuando los negocios empiezan a escalar, también aparecen preguntas que muchos fundadores no siempre se hacen al inicio.
Diego Díaz, estratega empresarial mexicano, suele encontrarse con esa situación cuando conversa con empresarios que están atravesando etapas de expansión. A lo largo de su trabajo con compañías en crecimiento, dice haber visto un patrón que se repite con cierta frecuencia: negocios que logran crecer rápido, pero cuya estructura interna sigue funcionando como si aún fueran empresas pequeñas.
La diferencia puede parecer menor mientras todo avanza bien. Pero cuando las operaciones se vuelven más complejas, la falta de organización empieza a hacerse evidente.
Por eso Díaz suele resumir su visión de manera bastante simple cuando habla con emprendedores. Crecer no es el problema. El problema es crecer sin estructura.
La reflexión aparece a partir de experiencias concretas dentro del entorno empresarial. Uno de los casos que suele mencionar involucra a un empresario del sector alimentario que había logrado construir una operación considerable. Su compañía tenía maquinaria, contratos activos y una facturación cercana a los 33 millones de pesos anuales.
Desde afuera, el negocio parecía consolidado.
El punto de tensión apareció cuando la empresa tuvo que atravesar un proceso administrativo complejo. Fue entonces cuando quedaron en evidencia varias debilidades organizativas que habían pasado desapercibidas mientras el negocio crecía. La compañía había logrado expandirse con rapidez, pero su estructura interna no había evolucionado al mismo ritmo.
Para Díaz, situaciones como esa no son inusuales dentro del ecosistema empresarial. Muchos negocios comienzan de forma intuitiva. El fundador toma decisiones rápidas, se adapta al mercado y construye la operación con los recursos disponibles. Esa capacidad de reacción suele ser una ventaja en las primeras etapas.
El desafío aparece cuando el negocio deja de ser pequeño.
En ese momento, explica Díaz, las prioridades empiezan a cambiar. La operación ya no depende únicamente de la capacidad del fundador para resolver problemas día a día. También requiere procesos más claros, equipos organizados y una estructura que permita que el crecimiento se sostenga en el tiempo.
Según su experiencia, muchas empresas exitosas atraviesan un momento en el que dejan de operar únicamente desde la urgencia cotidiana y comienzan a pensar en cómo organizar mejor su crecimiento.
Ese cambio de mentalidad implica revisar cómo se toman decisiones dentro del negocio, cómo se distribuyen responsabilidades y cómo se construyen las bases que permitirán que la empresa funcione con mayor estabilidad.
Para algunos empresarios, ese proceso ocurre de forma natural a medida que la compañía se expande. Para otros, suele llegar después de enfrentar momentos de presión que obligan a reorganizar la operación.
Lo cierto es que a medida que los negocios crecen, las conversaciones dentro del ecosistema empresarial también empiezan a cambiar. Ya no se habla únicamente de vender más o de expandirse a nuevos mercados.
También aparece una pregunta que muchos emprendedores descubren con el tiempo: si el negocio sigue creciendo, ¿está realmente preparado para sostener ese crecimiento?
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