Philip Potdevin presenta su novela 'La sembradora de cuerpos'
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Philip Potdevin presenta su novela 'La sembradora de cuerpos'

Abril 08, 2019 - 11:20 p.m. Por:
Daniela Castaño, Especial para El País
Philip Potdevin, escritor caleño

Philip Potdevin, escritor caleño

Especial para El País

Por el pueblo Las Brisas pasea Coronado con un costal sobre sus hombros. Dentro de este van los miembros de los cuerpos inertes que recoge del río con su caminar silencioso; va causando terror entre los habitantes del pueblo, que lo acusan de haber convocado a la muerte con tales actos.

Frida, una heroína que va descubriendo su destino entre la violencia y la magia, ha nacido, sin saberlo, para ser la heredera de una tradición mística y defender el lugar donde dio sus primeros pasos entre las aves, el río y los árboles, en un pueblo que parió a sus habitantes, ya que de su tierra emergieron con vida sus primeros pobladores de la misma forma en que crecen el maíz, la yuca y los plátanos.

Los destinos de estos dos habitantes de Las Brisas se encuentran para sembrar la vida. En Las Brisas, con el canto de las aves bajo el sol ardiente y los matices del color verde, se recrea el paisaje interior de Frida, no ajeno al ser humano, donde habita la desdicha, el deber, la emoción, la indecisión, las creencias y las tradiciones de aquella tierra que la ha nombrado, otorgándole un contexto que la confronta.

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“Esta tierra es mía, esta tierra es de la madre”, pregona un coro dirigido por la que podría llamarse la sacerdotisa Ña Ge, una mujer que preserva la memoria mítica del pueblo y que, además, sabe acerca de las artes adivinatorias; el coro trágico estremece a los habitantes del pueblo y a los del agua, bajo un cielo adornado con el canto de las aves y con el movimiento de las corrientes del río que, al igual que la vida, trae la muerte a las orillas del pueblo. El cielo, el río, los animales y la vegetación son testigos de los acontecimientos que atraviesan sus personajes, entre ellos, Coronado y Frida.

Las Brisas se convierte en el nombre universal que podría servir para llamar a cualquier pueblo o ciudad colombiana que haya vivido el conflicto armado y que sus habitantes hayan sido forzados a un desplazamiento. Los pobladores de Las Brisas son obligados, bajo las órdenes de Farfan, a caminar errantes y desterrados, dejando atrás la tierra donde nacieron.

Solo un espíritu valiente como el de las aves cuando están aprendiendo a volar podría quedarse en un lugar donde la sangre y los muertos comienzan a ser más abundantes que la hojarasca. Todo ante los ojos de Frida es un paisaje desolado, pero que no quebranta su espíritu, y decide quedarse no más que con un vestido de mariposas que pronuncian el nombre de Milagros.

‘La sembradora de cuerpos’ o ‘Lo bonito es estar vivo’ fue la primera novela breve publicada por el escritor que vio nacer la tierra de Cali, Philip Potdevin. a través de una narrativa construida bajo imágenes poéticas profusas de descripción en sus paisajes, el autor actualiza, para nuestro tiempo, el argumento de una tragedia del periodo clásico de Grecia: Antígona de Sófocles, una heroína que defiende su deseo de enterrar a su hermano Polinices, aunque esto vaya en contra de las leyes impuestas por Creonte, gobernante de Tebas, e implique para ella comprometer su propia vida. La obra, ‘La sembradora de cuerpos’, al igual que Antígona, enaltece la vida y propone la conservación de la memoria de los seres humanos, aun después de que su hado haya llegado a su fin.

La influencia del universo trágico en la obra de Philip Potdevin se evidencia a través de dos elementos; el primero está enmarcado en la figura de Antígona, que puede compararse con Frida en las siguientes características: ambas han padecido unos acontecimientos dolorosos a causa de quienes desean tener el poder, además, tanto la heroína sofocleana como la de Potdevin, defienden una ley natural, presente en la raza humana, inscrita de diversas formas en la sociedades y en la historia, pero que se consigue en el ritual hacia los muertos. Esta heroína se propone defender la ley natural que posee elementos de lo divino: despedir a su hermano a la lumbrera del hades con los correspondientes ritos del contexto; llevar todo esto a cabo, por encima del mandato de Creonte que prohíbe enterrar al traidor, este, quien representa la ley creada por los hombres, que superior es a Antígona, en su condición de mujer y de habitante de Tebas.

En la obra de Philip Potdevin, Frida, aunque su destino no está bajo la mácula de pertenecer a una estirpe como la de Edipo, carga con los acontecimientos desgarradores de la violencia. Coronado y Frida, dos elegidos para prolongar una tradición en la que entienden el lenguaje de las aves, como oráculos que anuncian y acompañan a los poetas, se quedan en una tierra desierta para sembrar cuerpos; bella metáfora que implementa Potdevin en esta obra para indicar la labor de Frida y Coronado, que es recuperar los cuerpos en las aguas caudalosas del rio, que llegan sin nombre, sin historia, salvo una en común: la violencia.

Frida y Coronado al bautizarlos, darles un nombre, una historia, nombrarlos bajo el recuerdo de conocidos, construirles un paisaje para la muerte, con un destino mejor, ponen sus cuerpos a salvo de las piedras afiladas y de la corriente escabrosa del rio, gracias al rito fúnebre que realizan; ahora están bien protegidos por la tierra de Las Brisas, la madre que los recibe.

Frida sabe que sembrar cuerpos es sembrar vida y preservar la memoria; la madre tierra los acoge, hace brotar alrededor de ellos la vegetación como una hojarasca que los protege, en circunstancias diferentes, pero cercanas por su carácter universal de la literatura. Frida y Antígona son dos heroínas que protegen las leyes humanas, son continuadoras de la tradición griega al culto fúnebre, en la cual los muertos, gracias a los ritos, se consagraban como los dioses del oikos (casa), al tomar Las Brisas como denominación para Colombia. Frida y Coronado, en esta novela del escritor caleño, ayudan a construir la memoria de un país que aún continúa desangrándose por la violencia.

Philip Potdevin en ‘La sembradora de cuerpos’ encarna el segundo elemento que pertenece al universo trágico. Una forma de denunciar la violencia es no representarla en un hecho teatral directo, esta característica de la tragedia griega clásica se encuentra en la obra de Potdevin que, en la necesidad de denunciar la violencia que ha vivido Colombia, decide aprovechar los elementos de la descripción en el paisaje y no en los actos violentos, es decir, Philip no describe los episodios de violencia con el objetivo de denunciarlos al no inmortalizarlos con sus letras.

‘La sembradora de cuerpos’, obra que comparte la ficción y la realidad, exalta la vida y denuncia la violencia, enfrentando al lector a un paisaje, al canto de las aves, que nos sumerge en la majestuosidad y el enigmático poder de la naturaleza.

Sinopsis ‘La sembradora de cuerpos’

En la cancha de fútbol los pobladores de Las Brisas reciben una orden clara: tienen plazo hasta las diez de la mañana del día siguiente para recoger sus cosas y marcharse. Pero Frida, una joven de 12 años, se resiste a obedecer. Ni los asesinatos que ve en esa cancha, ni la separación de su su madre y hermanas, ni el abuso sexual del que es víctima lograrán convencerla de partir. Ella, que comenzó a entender el lenguaje de los pájaros el día en que enterraron a la maestra Milagros, oyó de boca de la sabia ña Ge que es hija de esa tierra. Mientras se enfrenta a la maldad de los hombres descubrirá, junto al viejo Coronado, cuál es el propósito último de permanecer ahí.

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