En la biodiversidad está el patrimonio más importante hoy para Colombia, por eso hay que conocerla muy bien, comprender cuál es el estado real de sus ecosistemas y en qué riesgo se encuentran las especies que los habitan. Ese saber es el principio para proteger la naturaleza que ha sido tan generosa con esta nación.

La ‘Evaluación nacional de pérdida de biodiversidad de y de servicios ecosistémicos’, presentada por el Instituto Humboldt y en la que durante cuatro años trabajaron 105 expertos, entre investigadores, comunidades campesinas, indígenas, negras y de toda la geografía nacional, conocedoras de sus recursos naturales, es el primer intento de tener un panorama general de lo que sucede en el país. Si bien los resultados muestran el deterioro constante y paulatino, también se convierten en la guía de lo que se necesita para su recuperación.

Si se hace un repaso por los resultados, el panorama tiende a ser delicado. Muestra en primer lugar el desconocimiento general que hay sobre la biodiversidad colombiana, la escasez de estudios previos que arrojen luces sobre su situación o sobre los efectos que tienen en las especies pero también en la vida cotidiana de los colombianos.

No es una novedad la desaparición de plantas y animales, o el riesgo en el que se encuentran muchos de ellos, principalmente por el deterioro de los ecosistemas en los que viven. Solo como ejemplo, si en el 2002 se había detectado que 34 clases de peces de agua dulce y 28 de mar estaban en peligro de extinguirse en el país, el estudio dice que ese riesgo hoy existe para 53 y 56 especies respectivamente.

Las causas se originan en el abuso de los suelos y la degradación que ello conlleva, la deforestación que se come cerca de 200 mil hectáreas de bosques al año, la destrucción de ríos y montañas sobre todo por la minería ilícita, y un etcétera cada vez más amplio. La naturaleza es la gran damnificada, pero los efectos colaterales los siente la población que depende de esos recursos para su vida diaria y al no tenerlos como corresponde, según el estudio, pierde 3,3 años de vida saludable cada año debido a factores ambientales. En términos económicos, para el país significa una pérdida superior a 10 billones de pesos anuales.

Aunque el cuadro es difícil, hay que verle el lado positivo. Es una invitación a reforzar la investigación científica ambiental en Colombia para adquirir el conocimiento necesario que permita encontrar las soluciones más acertadas. Y lleva el mensaje de que no es tarde para comenzar a actuar a conciencia, para aplicar y hacer valer la avanzada legislación ambiental que tiene Colombia, y para que las ciudades, grandes o pequeñas, donde vivirá en pocos años el 85% de la población nacional, involucren el factor ambiental en el centro de su planeación urbana y de sus políticas públicas.

Cada esfuerzo, cada decisión vale y si algo sabemos porque nos lo mostró en los primeros días de esta pandemia que comenzó hace año y medio, es que la naturaleza además de sabia es agradecida y puede recuperarse rápidamente si se le permite.