Entre vías dañadas, proyectos inconclusos, deslizamientos de tierra y bloqueos por protestas sociales, la conexión terrestre con Buenaventura es un problema que impacta a diario al Valle del Cauca y tiene repercusiones negativas para la economía nacional. Las soluciones definitivas tienen que llegar si se pretende garantizar la estabilidad del principal puerto marítimo del país y de una región que tanto le aporta a Colombia.

A las consecuencias de la caída del puente sobre el río La Vieja, en la carretera El Alambrado que comunica al Valle con el departamento del Quindío y el centro de la Nación, situación que obliga a un largo desvío que retrasa a la vez que encarece el transporte de carga, de pasajeros y particular tanto hacia el Pacífico como al sur de Colombia, se suman los inconvenientes, antiguos y nuevos, en las vías regionales que comunican con Buenaventura.

La salida al mar de Cali, por la cual se moviliza a diario un importante tráfico local y es paso obligado de vehículos de carga que se desplazan desde el sur del país hacía la ciudad portuaria, se quedó obsoleta. El colapso de la movilidad es permanente sin que se brinden las soluciones que demanda una carretera de la que se benefician la capital del Valle, el departamento y la Nación. El proyecto de ampliación, que hizo parte de las Megaobras pagadas por los caleños nunca se realizó ni existen propuestas alternativas para brindar una solución.

En el recorrido de esa carretera los problemas se multiplican. En octubre del año anterior la banca colapsó a la altura del kilómetro 49, en el municipio de Dagua, y las reparaciones definitivas a cargo de Invías no han concluido, mientras esta semana fue necesario restringir el tránsito en el kilómetro 54 porque la calzada cedió. Así, viajar desde Cali hacia el Puerto es, sino imposible, por lo menos complejo y arriesgado.

Con una doble calzada entre Buga y Buenaventura que lleva 15 años en construcción y aún no se entrega en su totalidad, mientras algunos tramos evidencian ya el deterioro del paso del tiempo, la vía principal entre el interior del país y el puerto más importante sobre el Pacífico está lejos de estar a la altura del desarrollo que demandan el comercio internacional y la industria nacional. Tampoco se avanza en la carretera Mulaló-Loboguerrero, que disminuiría en una hora el tiempo de desplazamiento y en 50 kilómetros el recorrido, aunque la obra fue adjudicada en 2015.

Y están los eventos externos, como los bloqueos cada vez más frecuentes e impredecibles que se realizan en las diferentes vías que conectan con Buenaventura, como el ocurrido esta semana en el sector de Loboguerrero, que paralizó durante 30 horas el tráfico. Quienes protestan saben que al impedir la movilidad atraen la atención de las autoridades, reivindican sus reclamos al Estado o ejercen presión con el fin de obtener resultados.

Son los problemas que, junto a la ineficiencia gubernamental más la histórica indiferencia del centralismo impiden el progreso de Buenaventura y el Valle, pese a ser polos del desarrollo económico y social de la nación. Por ello las voces de los vallecaucanos y de las autoridades regionales se tienen qué alzar, porque no es con murmullos como serán escuchadas a 549 kilómetros de distancia y a 2625 metros de altura sobre el nivel del mar.