Hace pocos días murió la mamá de un amigo y le escribí esta nota de acompañamiento: “En este camino hacia la hermosa eternidad del Resucitado tu querida mamá ha cruzado la meta y ha ganado la gloria eterna”. Esto lo comento porque el Evangelio de hoy nos presenta a Jesús en la escena de la última cena donde les dice a sus apóstoles más cercanos: “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Cuando haya ido y les haya preparado un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes”. Juan 14, 2-3. Esta es la dicha más grande si morimos en la propuesta de Jesús.

Tomas le dice a Jesús: Señor no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino? Y es en este momento cuando Jesús dice la maravillosa frase: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Frente a tantos caminos de felicidad que el mundo de siempre nos ofrece, Jesús sigue siendo el único camino para llegar al cielo de Dios Padre. Fue muy diciente que en los primeros años del cristianismo se llamaban a los discípulos de Jesús, los discípulos del Camino. Y esta realidad nos hace comprender que todos nosotros somos caminantes o peregrinos que vamos hacia el cielo.

Cuando Jesús estuvo ante Pilato en la madrugada del viernes santo dijo: Todo el que es de la verdad, escucha mi voz. Pilato replico: ¿Qué es la verdad? Juan 18, 37-38. Jesús no le respondió porque Pilato estaba frente a la verdad de Dios. En un mundo enredado en tantas mentiras hoy Jesús nos vuelve a repetir: Yo soy la verdad de Dios para la humanidad. La verdad del hombre para identificar nuestra propia antropología y nuestro ser en relación como hermanos y hermanas de todos. La verdad del mundo creado, la casa común que todos tenemos que cuidar. La verdad os hará libres.

Cuando Jesús se presenta como el buen pastor hace una contraposición entre el ladrón que viene a robar, matar y destruir. En cambio, Jesús afirma: yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Juan 10,10. Y lo más sorprendente es que Jesús da la vida muriendo por nosotros. Y al pasar por la muerte nos lleva con su resurrección de la vida eterna, a la vida en abundancia. “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por Mi”.