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2026
No creo que ninguna de las coaliciones que se están formando alcance los sufragios necesarios para derrotar a Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico.
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1 de ene de 2026, 12:14 a. m.
Actualizado el 1 de ene de 2026, 12:14 a. m.
Año muy movido este que inicia ahora porque el país entra en modo electoral sin que nadie pueda garantizar el resultado de las elecciones legislativas del 8 de marzo simultáneamente con consulta interpartidista, y luego el 31 de mayo, primera vuelta para elegir Presidente de la República.
No creo que ninguna de las coaliciones que se están formando alcance los sufragios necesarios para derrotar a Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico.
El Centro Democrático, con esa pelea de verduleras que han armado las tres que postularon sus nombres en la puja uribista, de la que salió triunfadora la senadora Paloma Valencia, que en la encuesta de Invamer no alcanzó siquiera el margen de error, por lo que es una opción de derecha muy débil, al punto de que yo estimo que el jefe máximo terminará señalando con su dedo índice a un candidato que le ofrezca más seguridad de triunfo, o sea Abelardo de la Espriella, en quien tampoco observo que tenga suficiente caudal electoral para ganarle al candidato del Pacto Histórico.
Sergio Fajardo es un hombre decente, inteligente, bien preparado, como decimos en Tuluá, pero ahora insiste en el mismo error que le causó su derrota tanto en 2018 como en 2022, consistente en que él manifiesta que no necesita unirse con nadie para llegar a la Casa de Nariño. Eso era posible cuando en Colombia había dos fuertes partidos, como el Liberal y el Conservador, que escogían sus candidatos y ponían sus maquinarias a buscar los votos por toda la geografía nacional.
Dignidad y Compromiso, el partido de Fajardo, no muestra una fortaleza que le garantice a su candidato esperanza de triunfo en las urnas. Aparte de Jorge Enrique Robledo, no hay en ese grupo una voz que se alce para liderar la campaña.
La derecha está cometiendo una garrafal equivocación, pues se ha dedicado a insultar al presidente Petro, y eso no le ha dado resultado porque el mandatario, en vez de reducir su porcentaje de favorabilidad, lo crece, y porque puede mostrar al pueblo que lo escucha las cifras magníficas de la ejecución oficial.
Reconozco que Petro es un presidente incómodo, y muchos estiman que sería conveniente que usara menos los micrófonos para casar las peleas que cotidianamente vemos y oímos. Pero por mi larga experiencia en el trajín político, juzgo que si Petro no hiciera lo que está haciendo de confrontar sin titubeos a la oposición, esta ya lo habría tumbado, que es el motivo y la razón que la impulsan en su accionar político.
Confío en que estas recias campañas transcurran en paz, y que los candidatos con alguna opción moderen el lenguaje, pues la polarización está en el máximo tope y cualquier imprudencia puede desatar una tragedia.
Si al publicarse esta columna Juan Fernando Cristo ha inscrito su nombre como candidato presidencial con el aval de En Marcha, que es mi partido, votaré por él. Si no aparece en el tarjetón lo haré por Iván Cepeda, que con su figura desmirriada y sin ningún carisma de líder, su inteligencia suple las falencias y por eso las encuestas lo dan como el más seguro ganador.
Cepeda requiere que su compañero o compañera para la vicepresidencia sea una figura nacional que no solo aporte votos, sino que la gente la reconozca como capaz de reemplazar al titular en cualquiera de las causales señaladas por la Constitución Nacional.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.
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