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Para no decaer
El presidente Petro maniobra cuando acude a mecanismos para demeritar y hacer nugatorias decisiones del Congreso de la República, como las relacionadas con la ley de financiamiento y la reforma a la salud, así como de la Corte Constitucional por las órdenes de ajuste a la UPC, o del Banco de la República sobre las tasas de interés.
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1 de ene de 2026, 12:11 a. m.
Actualizado el 1 de ene de 2026, 12:11 a. m.
Pensar que los sistemas de organización de los Estados han evolucionado con éxito durante los últimos siglos no es tan acertado. Si se mira la compleja situación por la que atraviesan muchos países a causa de sus gobernantes, entre ellos el nuestro, puede decirse que subsisten los mismos problemas y tópicos sobre los que filósofos de la antigüedad ahondaron en busca de una fórmula política ideal sin lograrla.
De acuerdo con ‘La República’, de Platón (año 370 a.C.), son cinco los posibles sistemas políticos en orden descendente, de mejor a peor: la aristocracia o monarquía, la timocracia, la oligarquía, la democracia y la tiranía. A través de diálogos plantea los procesos por los que ellos se corrompen, acudiendo a la analogía entre el Estado y el padre en la transmisión a los hijos, cuando se degradan en su formación.
La aristocracia, entendida no en el sentido de nobleza que hoy tiene, sino como el gobierno de los más preparados para los oficios, ocupa el primer lugar, porque en ella prima la razón y la virtud, pero se advierte en la obra que esa regla no va a durar para siempre. Va a degenerar en la timocracia, como ocurre cada vez que el Ejecutivo designa funcionarios sin formación, ni virtudes, a juzgar por su impericia o antecedentes.
Cada sistema, siguiendo a Platón, decaerá en el inferior por imperfecciones y dinámicas que cambian el tipo de gobernantes, incluso puede sucederle a la democracia. Cuando por esta vía llega un gobierno popular decidido a maniobrar, para obviar decisiones de instituciones pilares en la separación de poderes públicos y contrapesos a las medidas de un gobernante, se avecina lo que Platón señaló: un cambio hacia la instauración de la tiranía.
Observar que las premisas de hace siglos, guardadas las proporciones, siguen vigentes, nos alerta sobre riesgos latentes en el presente y las consecuencias. Por eso, merecen rechazo los actos arbitrarios y la sistemática práctica de desprestigiar a las instituciones a que acude nuestro Mandatario, aprovechando el alcance que tiene el Poder Ejecutivo en comunicaciones y medios, todo con el fin de ganar réditos populares y electorales ante quienes no logran advertir la intención y los efectos nocivos.
El presidente Petro maniobra cuando acude a mecanismos para demeritar y hacer nugatorias decisiones del Congreso de la República, como las relacionadas con la ley de financiamiento y la reforma a la salud, así como de la Corte Constitucional por las órdenes de ajuste a la UPC, o del Banco de la República sobre las tasas de interés. Parte de su estrategia es el Decreto 1390, de 22-12-2025, por el cual declaró el estado de Emergencia Económica y Social, el cual le otorga facultades extraordinarias, argumentando supuestos hechos sobrevinientes, que no lo son. Por el contrario, existían y se agravaron durante este Gobierno.
La ciudadanía ha visto que no son nuevos, ni imprevisibles, así como la forma como se han desarrollado y el efecto de las políticas de gobierno sobre ellos, a saber, el sistema de salud, seguridad, orden público, ley de financiamiento, obligaciones pendientes, endeudamiento fiscal y caja de la Nación.
Lo anterior, más la campaña de firmas para una Constituyente y el incremento del salario mínimo en un 23,7 %, son las más recientes estrategias para ganar electorado y recursos, aunque con ello decaigan las instituciones y la solidez de la democracia.
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