¿Cesó la horrible noche? No. El triunfo de Abelardo de la Espriella y la derrota del régimen es una magnífica noticia: cuatro años más de la izquierda en el poder y destruyen el país. Pero, no es tiempo de bajar la guardia. La docilidad de Petro y Cepeda en los últimos días no solo obedece a que estaban haciendo el ridículo y quieren posar de demócratas sino, que necesitan echarle tierra al escándalo del constreñimiento armado en las elecciones.

El aumento atípico en la votación del candidato del Pacto Histórico entre las dos vueltas presidenciales se explica por el fraude estructural fallido que comprometió billones de pesos en puestos y contratos y por la presión a los electores de parte de grupos criminales afines al Gobierno empezando por municipios del Pacífico y que ya se conoce como ‘voto fusil’, que no siendo nuevo en la política algunos analistas minimizan con extraña ligereza.

Revela El Colombiano que hay municipios donde Cepeda duplicó y triplicó su votación entre la primera y segunda vuelta. En Barbacoas, Nariño, pasó de 6204 a 13.026 voto; en Campamento, Antioquia, de 426 a 2136 votos y en Manaure, Guajira, de 7997 a 16.175 sufragios. Estos ejemplos de resultados extraños, sin embargo son juego de niños frente al hecho de que en 334 mesas el aspirante del Pacto Histórico obtuvo el 100% de los votos.

La Silla Vacía se dio a la tarea de medir el impacto del ‘voto fusil’ en las últimas elecciones. Concluye que siendo evidente la presión armada en cientos de municipios el número de votos seguramente viciados fue bajo. Agrega que el número de votos atípicos de Cepeda es similar al de Petro en el 2022 y recuerda que el hoy presidente obtuvo el 100% de votos en 175 mesas. ¡Vaya consuelo! Es decir, que el constreñimiento armado no es nuevo como sugiriendo verlo de manera marginal.

¿Marginal? No. Lo sucedido en Putumayo, Nariño, Cauca, Valle, Chocó y Antioquia es grave y el que hubiese ocurrido lo mismo a favor de Petro hace cuatro años en lugar de restarle importancia la acrecienta pues prueba que responde a un modus operandi de la izquierda. Todas las formas de lucha, legales e ilegales ha sido su táctica y nada les pasa. No en vano Petro, Cepeda y los del Pacto Histórico se han movido como peces en el agua en el submundo criminal.

La alianza del Gobierno y el Pacto Histórico con los grupos armados ilegales se reafirma con el contenido de los audios del ex comisionado Danilo Rueda proponiéndole al Clan del Golfo “jugar a las escondidas, quedarse congelados”. Es decir, no atacarse con las Fuerzas Militares. Decisión acompasada de una decapitación sistemática en las Fuerzas Armadas y de ‘limpieza’ de los organismos de inteligencia. Es la famosa Paz Total que ideó Iván Cepeda.

Una paz que no es paz y que fortaleció a los grupos armados ilegales y debilitó y cooptó a muchos del alto mando en las Fuerzas Militares y de Policía para robustecer la maquinaria electoral armada. En Mercaderes, Cauca, por ejemplo, la consigna fue clara: “un solo voto por Abelardo De la Espriella y les quemamos a todos las casas”. Mientras tanto más de un ingenuo aplaude el tono pausado y el llamado a la no violencia del candidato de izquierda.

El nuevo gobierno, la Justicia y los organismos electorales no deben permitir que le echen tierra a un asunto tan grave. La Registraduría hizo muy bien su trabajo, contar votos. Pero, como no es de su fuero auscultar el móvil del voto y si es resultado del constreñimiento armado, termina de buena fe ‘lavando’ los votos del crimen organizado. Es necesario desenmascarar y judicializar esa maquinaria paralela al servicio de la izquierda pues de lo contrario nos la volveremos a encontrar en las elecciones regionales del 2027 y dentro de cuatro años.