Los hechos de barbarie de estas últimas semanas nos llevan a pensar que la crueldad y el terror no tienen fondo. Pero lo más grave es la pasividad frente los actores que por acción u omisión son partícipes de tan cruel escalada. ¿A quien le cabe en la mente que uno o varios colombianos planean y ejecutan la colocación de una carga explosiva de alto poder para que cuando pase una chiva, con seres humanos a bordo, vuele en mil pedazos?

Las declaraciones de los familiares de tantos campesinos y viajeros que fueron víctimas de la alevosía son impactantes. Cientos de familias lloran a sus víctimas inocentes. Los animales no son la excepción a la crueldad: el camión ardiendo con tres mil pollitos vivos también fue dantesco. Los avicultores y tantos empresarios del campo y del turismo, víctimas de estos asesinos que conforman las disidencias y que han sido interlocutores de la fracasada ‘paz total’.

Con delincuentes de esa calaña no se logran acuerdos, como tampoco con un presidente de la república por cuyas venas solo corre resentimiento y egolatría. Su comportamiento frente a las Fuerzas Armadas y las instituciones, su insolidaridad con la región, sus sofismas para inventar culpables a toda crisis que él causa, lo llevarán a la historia como el más inepto de los estadistas, que solo podrá ceñir la corona del odio.

Su ausencia frente a la región en estas tragedias, así lo confirman. Claro que es la continuidad a su distanciamiento frente a todos los propósitos trascendentales del Valle y del Cauca: seguridad, manejo del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, la vía Mulaló-Loboguerrero, la profundización del canal de acceso a Buenaventura, el tren de cercanías; todo está en el rubro de pendientes. Ya con el sol a sus espaldas, no conocemos una sola realización que ameritará gratitud del Pacíifico con Petro.

Pero debo confesar una pregunta que diariamente me aturde: ¿Por qué hay tantos vallecaucanos que lo siguen? Y peor aún, ¿cómo hay tantas personas entre nosotros que votarán por su heredero, con quien se prolongaría la impunidad, el resentimiento y la mano generosa con la delincuencia?

Las empresas se irán, como Goodyear; seguramente algunos ingenios azucareros reducirán al mínimo su área cultivable y los empleos generados. El Valle corre serios riesgos si persiste la indolencia desde el gobierno central. Para muchos el lema, pareciera: no me importa mi desgracia, con tal de ver a los demás en mala situación.

Necesitamos un Valle unido para hablarle duro a Bogotá; un Valle que reúna empresarios y trabajadores para abogar por su buen destino común. Nos equivocamos abriendo brechas entre nosotros.

Por ignorancia o por cobardía, a veces cogemos el más fácil de los caminos: dejar sola a la Gobernadora o criticar al Alcalde. La diferencia de sus estilos, frentera Dilian y conciliador Eder, han tenido la misma respuesta de Petro: la negativa hacia las peticiones del Valle y de Cali. Luego el problema no está en ellos dos sino en un Presidente que no tiene una mirada amplia y democrática, con la obsesión por perpetuar su anacrónica ideología y considerar que es enemigo suyo todo aquel que piensa diferente o no se arrodilla ante su mediocridad.

Nuestros gobernantes regionales no son perfectos, lejos de serlo, pero no es lógico que en semejante crisis como las que tenemos, la evaluación que hacemos sobre ellos es por nuestras prevenciones, o por sus características personales. Ellos están al frente de la Gobernación y de la Alcaldía de Cali haciendo lo mejor que pueden para sacar adelante sus mandatos. Lo apropiado de nuestra parte, en estas épocas tan aciagas, es estar unidos bajo su liderazgo pues la división nos llevará a un retroceso catastrófico.