Una vez más, por cuenta de su falta de claridad, su patológica tendencia a la provocación y su incontinencia verbal, el presidente Gustavo Petro ha vuelto a arrastrar a Colombia a un peligroso conflicto, esta vez en el campo de la diplomacia internacional, que puede llegar a tener graves efectos para el país.

La cuestionable posición que Petro ha asumido en los últimos días –negándose a condenar el terrorismo del grupo extremista Hamás contra el Estado de Israel y, en cambio, agraviando de forma reiterada al pueblo judío–, ya tuvo su primera consecuencia: ese país suspendió sus exportaciones de insumos para la seguridad hacia Colombia.

Y ese no es un hecho menor. Históricamente, Israel no solo ha sido un aliado estratégico, sino también un importante socio comercial para el país. Le vendemos una canasta diversificada de bienes y servicios –desde carbón, y café hasta insumos químicos–, por más de US$1.075 millones de dólares al año. Y él nos provee una amplia variedad de mercancías –instrumentos médicos, insecticidas, cables, productos de belleza, entre otros–, por un valor de casi US$167 millones en el 2022.

Capítulo aparte merecen, en ese contexto, los insumos para seguridad que Israel le suministra a Colombia y que resultan de un enorme valor ante los desafíos que nuestro país enfrenta en ese campo: armas, municiones, aviones de combate, drones, equipos de inteligencia, maquinaria, accesorios electrónicos, material para la seguridad de las tropas, todo por un valor de casi US$59 millones el año pasado.

Tan importante como ese hecho puntual, o incluso más, está el clima de tensión que Petro, con sus irresponsables posiciones, ha desatado con el gobierno de los Estados Unidos. En solo una semana Washington pasó a mirar con desconfianza a Colombia y muchas son las voces que se preguntan si de verdad somos un aliado confiable para la Casa Blanca en el convulso panorama de Latinoamérica.

Resulta absurdo e incomprensible que el activismo de Petro termine por arruinar todo el camino andado con Washington en temas tan críticos para la agenda nacional como la migración, la política antidrogas y la implementación del acuerdo de Paz.

Así que el anuncio de Petro, según el cual “si hay que suspender relaciones exteriores con Israel, las suspendemos”, no puede tomarse sino como lo que es: una grave amenaza para la estabilidad nacional.

Por el bien del país, de una vez por todas el presidente Petro debe dejar de ser el activista que siempre ha sido y empezar a ser el estadista que necesitamos que sea. Los asuntos críticos del Estado no deben seguir tramitándose por los canales de las redes sociales, al calor de sus incendiarias emociones. Colombia, como país que conoce y ha pagado el alto costo de la violencia, debe seguir brillando en el concierto internacional como una voz sensata que contribuye a la construcción de consensos y las soluciones pacíficas.

Es preciso que el Gobierno convoque cuanto antes a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, y a toda la institucionalidad en la que