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Destellos

Creo, a riesgo de ser tildado de hereje que esa coexistencia de hechos, naturales y humanos, abre una ventana que obliga a trabajar unidos al sector público, privado y fundacional.

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Francisco José Lloreda Mera
Francisco José Lloreda Mera. Columnista | Foto: El País

16 de ago de 2026, 01:14 a. m.

Actualizado el 16 de ago de 2026, 01:14 a. m.

En medio del dolor y los escombros, cuando la posibilidad de encontrar personas con vida se agota con las horas, los hospitales y albergues no dan abasto y asoma el desafío de la reconstrucción, hablar de oportunidad pareciera indolente con las víctimas y sus familiares. Pero, es en medio de la aflicción, la desolación e incertidumbre que debemos, incluso en honor a los fallecidos, convertir esta tragedia, que no termina, en acciones de esperanza.

A esa conclusión llegué -con el corazón roto por la muerte injusta de una amiga del alma que enfrentó con estoicismo un cáncer implacable- al ver que el terremoto coincidía con el inicio de un nuevo gobierno y uno de los más importantes encuentros de empresarios. Creo, a riesgo de ser tildado de hereje que esa coexistencia de hechos, naturales y humanos, abre una ventana que obliga a trabajar unidos al sector público, privado y fundacional.

No para de temblar. San José del Palmar, Chocó, continúa siendo el epicentro. No siendo suficientes los 273 muertos y 3824 heridos (datos de hace unos días) la tierra insiste en ajustarse el corsé de placas tectónicas con réplicas aquí y allá. Según el Gobierno van 220 estructuras colapsadas, 1604 viviendas destruidas y 4048 averiadas. Un registro tímido que no dimensiona aún el daño en los municipios pequeños y veredas apartadas.

El país se estremece al tiempo que inicia un gobierno comprometido con las regiones, con darles mayores recursos y autonomía aunque la realidad fiscal lo dificulte, pero que por cuenta del sismo empieza a recibir generosas donaciones nacionales y extranjeras. La reconstrucción y fortalecimiento institucional de más de 400 municipios afectados, incluidas cinco capitales, deben ser la punta de lanza de ese ímpetu descentralizador.

Se escucharon voces proponiendo cancelar el encuentro de empresarios de la Andi. Error. Tenía sentido que reafirmaran su compromiso con los afligidos y qué mejor que estando reunidos. Contrario a lo que muchos creen el nuestro no es un sector privado insensible. Es lógico que vele por la rentabilidad, sin la cual no hay generación de riqueza, empleos e inversión, ni recursos para ayudar cuando el país más lo necesita, como ocurre ahora.

Si el siniestro hubiese ocurrido hace unos meses, en un gobierno de ingrata recordación, otro sería el cantar, pues se habrían robado al menos la mitad. En ese escenario, creería que más de un país amigo y empresa, comprometidos con ayudas importantes, habrían guardado silencio o procedido con cautela. El nuevo gobierno inspira confianza; recibe un cheque en blanco de los que se gira una sola vez, sin opción de tachas o enmiendas.

Pero, el rol del sector privado no se debe limitar al de proveedor. En una o dos semanas, cuando la esperanza de hallar vida se esfume, la tristeza dará tránsito a una de las fases más complejas: ayudar a los sobrevivientes a retomar su camino con cicatrices abiertas. Vendrá la reconstrucción de viviendas, hospitales y escuelas. Está llamado a aportar su conocimiento técnico, experiencia y eficacia, como lo hizo en el Eje Cafetero.

El dolor que nos embarga no debe ser en vano. Si algo ha demostrado nuestro país es su capacidad de ponerse de pie en los momentos más difíciles, aunque la pérdida de un ser querido no se alivia con nada. Estamos estrenando gobierno con un sector privado que respira esperanza, dispuesto a jugársela. El terremoto, cuyas secuelas no cesan, nos obliga a buscar y abrazar los destellos en el firmamento.

Abogado y doctor en política de la Universidad de Oxford. Se desempeñó como Ministro de Educación, Embajador en La Haya, Alto Consejero Presidencial para la Seguridad Ciudadana, y Director de El País de Cali. Fue presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas. Actualmente es rector de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.

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