Resulta que caminar en Cali es una de las actividades más peligrosas que hay. Así lo corrobora el último informe de percepción ciudadana de Cali Cómo Vamos, que a propósito cumple 20 años midiéndole el aceite a la capital del Valle.
El informe completo será revelado a la ciudadanía a partir del jueves 16 de abril, en alianza con El País y 90 Minutos, y tiene datos muy reveladores, como el aumento en la satisfacción de la población con Cali como sitio para vivir, pero también de una mayor desconfianza en las autoridades. Sin embargo, el dato que me dejó más preocupado es que solo el 2 % de los caleños, como yo, utilizan las dos piernas para trasladarse de un sitio al otro, es decir caminan como principal medio de transporte: una cifra muy pequeña si se compara con el de los ciudadanos que se transportan en motocicleta: 26 % y los que usan el MÍO, el 21%. Aun así, somos la ciudad con la mayor tasa de mortalidad por accidentes de tránsito entre los peatones, con 6 muertes por cada 100.000 habitantes, mientras Medellín y Bogotá registran tasas menores, de 3,1 y 4 fallecidos, respectivamente.
¿Qué hace a nuestra bella ciudad tan peligrosa para caminar? En primer lugar, la escasa cultura ciudadana; los caleños somos queridísimos, pero el 60 % considera que no hay cumplimiento de las normas básicas de convivencia; también el 60 % cree que estamos muy mal en cuanto al cumplimiento de las normas de tránsito y un 56 % sobre el respeto y el cuidado de los espacios públicos, como los andenes.
Destruidos e invadidos están los andenes en nuestra ciudad por parquear motos, depositar escombros y adecuarlos según la conveniencia de los propietarios de casas y comercios; no son considerados espacios para que todos caminemos y de allí que los peatones tengamos que usar las calzadas vehiculares para caminar y de allí los accidentes que, como dice el 60 % de los encuestados, tienen que ver con el desprecio por las normas de tránsito.
Todo está conectado: si no se cumplen las reglas básicas de convivencia, aumentan los riesgos de siniestros viales. Por eso somos la ciudad número uno en accidentes de peatones y, paradójicamente, una de las de mayor mortalidad en los de motos. El pasado fin de semana, un joven se ufanaba en las redes sociales mientras hacía piruetas en una moto robada a un agente de tránsito. Al día siguiente, obligado por su mamá, puso la cara ante el Tránsito y la ciudadanía, dando confusas explicaciones. En ese caso no se respetaron las normas de movilidad y menos las más mínimas reglas de convivencia.
Sin embargo, el 48 % de los caleños son conscientes de que el incumplimiento de las normas de tránsito genera multas. Es decir que somos conscientes de nuestro mal comportamiento y aun así insistimos en él.
Muchas veces he cedido el paso en andenes y puentes peatonales a motociclistas para evitar un accidente y me he quedado callado para evitar una agresión en caso de reclamo. Me subí al 4 % de caleños que usan la bicicleta como medio de transporte: es limpia, amigable con el medio ambiente, eficiente y, sobre todo, da gusto pasar al lado de los trancones fluyendo libremente. Pero, vuelve y juega, principalmente los motociclistas son victimarios de los ciclistas, invadiendo las ciclorutas, así como estos no respetan las señales de tránsito ni los semáforos. Aquí es todos contra todos, y sálvese quien pueda.
La educación vial comienza en la escuela primaria; la Secretaría de Movilidad tiene un programa en el que se visitan colegios y se comienza a educar a los más pequeños en el respeto a las normas de tránsito y los límites de velocidad. Hay esperanza, y me sumo al porcentaje muy alto que considera que Cali es un gran lugar para vivir. A ver si mejoramos esos números y salimos de la vergüenza de ser los primeros en accidentalidad peatonal.