En el escenario político actual, es necesario que candidatos progresistas del centro, como Sergio Fajardo, Claudia López, Juan Fernando Cristo, Luis Gilberto Murillo o Maurice Armitage, realicen una consulta el próximo 8 de marzo, para que uno solo de ellos se presente a la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Es la única posibilidad de que no se repita la polarización del 2018 y el 2022, y el país se vea obligado a tener que escoger entre los extremos.

La izquierda y la derecha han tomado una clara ventaja al haber decidido hacer una consulta el 8 de marzo para escoger a su candidato. No solo porque van a ir unificados a la primera vuelta, sino porque las consultas tienen un efecto multiplicador, pues el ganador emerge con un gran impulso político. El caso reciente de Iván Cepeda lo demuestra, pues su victoria en la consulta del Pacto Histórico le dio visibilidad y credibilidad frente a la opinión pública. Ese “viento de cola” es un recurso invaluable para cualquier aspirante que busque llegar a segunda vuelta.

Esas consultas de los extremos ya tienen ganador casi asegurado: Cepeda, por el apoyo de Petro, y Paloma Valencia, por la inteligente jugada de Uribe de meterla en una consulta que originalmente era de candidatos de centroderecha, pero que traicionaron sus ideas en una decisión que debe tener a Luis Carlos Galán protestando en su tumba, a Juan Manuel Santos decepcionado de sus ministros y a los próceres liberales lamentándose del viraje a la derecha de su partido.

Es cierto que la derecha todavía tiene un problema difícil por resolver, que es el abogado del testaferro de Maduro, que no va a participar en la consulta y va a ir solo a la primera vuelta, pero no hay que ser ingenuos y pensar que no encontrarán una fórmula para solucionarlo.

Ante este escenario, hasta ahora los candidatos del centro no tienen ninguna posibilidad, porque van a ir divididos a la primera vuelta y porque no van a tener el impulso de la consulta. Además, en las próximas ocho semanas van a estar desaparecidos de los medios y las redes sociales, que se van a concentrar en las elecciones parlamentarias y en las campañas y debates de los once precandidatos que sí van a participar en consultas.

Sin embargo, no todo está perdido. Hay un camino para que el centro vuelva a tener un espacio político y que un candidato progresista vuelva a ser una opción viable en la primera vuelta y pase a la segunda vuelta con altas probabilidades de ganar la Presidencia, como dicen las encuestas.

No hay que temer a que se repita la baja votación de la Coalición de la Esperanza en 2022, porque este año por primera vez se va a entregar a todos los votantes para Congreso (unos 21 millones) un solo tarjetón con las consultas. Ofrecer, en el mismo tarjetón, una tercera alternativa distinta de los extremos les puede evitar a los millones de indecisos el dilema de tener que votar ‘por miedo a’; esto no solo le quitaría votos a las consultas de los extremos, sino que atraería a más votantes.

La consulta entre los candidatos progresistas del centro es el mejor camino para que uno de ellos llegue a la Presidencia y no continuar con la polarización que le está haciendo tanto daño al país.