Columnista
Necesidades políticas
La esperanza está en la armonización y concertación de las fuerzas, porque en las leyes de la política siempre hay que tomar en cuenta al otro, si se quiere ganar.
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12 de mar de 2026, 02:23 a. m.
Actualizado el 12 de mar de 2026, 02:23 a. m.
Según la mitología griega, cuando Pandora, representada bella y sensualmente en el cuadro del pintor Alexandre Cabanel, abrió la tapa del ánfora que guardaba engañosos regalos de los dioses, salieron todos los males de la humanidad. Sin embargo, en el fondo de la vasija quedó a salvo la esperanza.
En momentos cruciales por las calamidades que se padezcan, siempre subsiste la posibilidad de un futuro mejor. El panorama en Colombia después de las votaciones del pasado 8 de marzo abre la esperanza de que nuestro país se levante dando ejemplo de inclusión y moral política en la carrera tras el triunfo en la próxima elección presidencial.
No es un hecho menor que el resultado de la consulta arrojara casi seis millones de votos en la Gran Consulta por Colombia, dejando como gran ganadora a una mujer, Paloma Valencia Laserna, lo cual le abre ampliamente la perspectiva de convertirse en la primera mujer presidente en nuestro país; y, en segundo lugar, a un hombre gay, Juan Daniel Oviedo.
Se demostró así la apertura conceptual de una gran franja de la población que vota, al reconocerles a aquellos líderes, valores y capacidades en el campo profesional y político, a costa de asumir esfuerzos y riesgos. El resultado es también y ante todo representativo del anhelo de muchos colombianos de contar con políticas y propuestas en posiciones centradas, en lugar de que ellas se enquisten en extremos radicalizados.
Se espera que los candidatos de todas las orillas sean conscientes de la importancia de un viraje hacia la moralidad política en las campañas que emprendieron, demostrando su formación y ética para sembrar concordia y paz. Ello traería el verdadero cambio cultural y social, en momentos en que la ciudadanía se halla cansada de la escalada de irrespeto y mentiras en las lides politiqueras y de gobierno.
Ese bien para el país dependerá de la conducta de los candidatos en su empeño por alcanzar la victoria, enfocándose en demostrar sus ideas y potencialidades con visión y propósito de unidad de la Nación, así como vocación de trabajo en equipo para construir en función del bien común y soluciones a los graves problemas de la Nación en seguridad, salud y déficit fiscal, entre otros. Son positivas sus manifestaciones de respeto y reconocimiento hacia sus opositores y fórmulas vicepresidenciales, con disposición de colaborar con el triunfador por el bien del país.
Se espera aprender de ellos que lo políticamente correcto es decir la verdad, deponer las diferencias y encontrar propósitos comunes. Hay un tránsito del pasado hacia un futuro promisorio, cuando llega una nueva generación de candidatos que van más allá de las vidas de sus mentores, de cuyos aciertos y desaciertos no son herederos, cuando poseen su propia personalidad, experiencia y autonomía para asumir los retos de su tiempo. Pasar la página para no anclarse en patrones nocivos facilita la debida complementariedad y colaboración entre políticos, Estado, ciudadanos y empresas, bajo reglas éticas.
La esperanza está en la armonización y concertación de las fuerzas, porque en las leyes de la política siempre hay que tomar en cuenta al otro, si se quiere ganar. La fortaleza del conjunto está en subordinarse al objetivo de lo primordial y a la unidad de la Nación para gobernar. De ahí la famosa frase de Jean de la Fontaine: “Cualquier poder, si no se basa en la unión, es débil”.
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