México se sacudió esta semana con el asesinato de una exreina de belleza, a manos de su suegra, hecho sucedido en una colonia (barrio) ‘distinguido’ de la ciudad lo que le quita el inri y casi justificación de que esto sucede por ser ‘pobres e ignorantes’. Las cámaras de seguridad al interior del apartamento aportan material muy valioso para intentar explicar lo que pasó. Porque aun cuando el desenlace de la situación es impactante (una mujer asesinada), lo que verdaderamente debería estudiarse ahora es cuánto se están repitiendo historias como estas que no terminan en asesinatos pero sí en disolución de familias, con hombres y mujeres lastimados, niños y niñas abandonados, a causa de lo que podríamos titular ‘incestos simbólicos’. ¿Cómo explicarlo?
Incesto significa “práctica de relaciones sexuales entre personas estrechamente emparentadas por consanguinidad (sangre) o afinidad (matrimonio), como padres e hijos, hermanos, o abuelos y nietos”. Es un concepto respetado por muchas culturas obedeciendo 3 principios básicos: evitar enfermedades degenerativas en la descendencia, facilitar el intercambio con otros grupos sociales y cuidar la estructura de roles en la familia. Pero, en este mundo cambiante, donde los adelantos científicos ‘tumbaron’ el inconveniente biológico, pareciera que la prohibición universal podría modificarse puesto que los impedimentos legales y sociales pueden ser relativos de acuerdo a las culturas. Como quien dice que existe la opción de abolir la prohibición del incesto. ¿Tan fácil?
Sin embargo existen dos condiciones permanentes en la práctica del incesto que pueden dar al traste con el concepto de familia tradicional. 1. El abuso de poder, un poderoso o grande y uno sometido o pequeño. 2. Confusión en los roles familiares donde un hijo pueda volverse marido de su madre o una mamá esposa de su hijo. Estas dos características terminarían aboliendo el concepto de familia tradicional y como eje de la sociedad, llevarían al caos absoluto. Pero me pregunto, ¿será que está por pasar o ya lo estamos viviendo?
En el incesto simbólico no tienen que darse las relaciones sexuales entre los protagonistas pero si cumplir con esas dos características que lo definen como simbólico: abuso de poder y confusión de roles. Abuso de poder porque el grande, poderoso o mayor ejerce su deseo sobre el pequeño o dependiente. El poder es el que construye esa relación aparentemente afectiva. Y como lógica consecuencia se da la confusión de roles en la familia que no solo termina siendo un problema de apariencia, sino que en la confusión suceden hechos como el de México donde la suegra ‘reclamó’ su propiedad, su derecho a que su hijo sea de ella, su marido, eliminando a la rival que se lo arrebató. Lo más grave parece es que el hecho no surge de un momento de crisis sino que existe la premeditación, la molestia acumulada que construye una solución patológica: en el video se ve a la suegra permanentemente con la mano en su bolsillo, donde tenía la pistola, mientras persigue a su nuera, a la rival que le quitó a su hijo. “Es mío”.
No debe ser exagerado, entonces, unir las dos variables, confusión de roles y abuso de poder vivido en familia, con el despelote de roles y abuso de poder que vive la humanidad. Mal que bien, se aprendía en casa que la autoridad ‘mandaba’ (así fuera autoritarismo) y había que bajar la cabeza así fuera sometimiento. Hoy esto ha desaparecido y como los líderes tienen familia, lo que se aprende o se vive en casa es aquello que se practica en el exterior. ¿La nueva familia, la nueva sociedad, el nuevo orden, fruto del incesto simbólico?