Es bueno recordar que, en toda campaña electoral a nivel local, regional o nacional, las encuestas electorales son un referente. Pero, por mi propia experiencia política, es pertinente advertirles a los actuales candidatos y candidatas a la Presidencia de la República que la última palabra la tenemos las personas que vamos a votar, de manera discreta y silenciosa el próximo 31 de mayo.
En esa línea de conducta, son varias las experiencias que hemos vivido en Colombia, siendo la más reciente el plebiscito por los Acuerdos de Paz de octubre del 2016, donde, a pesar de que todas las encuestas le daban un triunfo contundente al ‘sí’, y más aún cuando contaba con el respaldo institucional del Gobierno Nacional, sorpresivamente y en democracia terminó imponiéndose el ‘no’.
Así como ese ejemplo, existen otros en la historia política colombiana que nos deben enseñar que, en materia electoral, para el próximo 31 de mayo nada está escrito, y que lo importante es que cada uno de los candidatos y candidatas continúe trabajando con amplitud, sin sectarismos políticos o sociales, y menos aún con políticas de odio o descalificaciones.
De modo que mi consejo para aquellas personas y movimientos políticos que desde ya se sienten ganadores y actúan con triunfalismo es que no olviden que, en materia electoral, lo sabio es reconocer que nada está definido. Por principios éticos, lo fundamental es promover en las campañas electorales la cero tolerancia frente a la corrupción, el despilfarro y la violencia. Igualmente, la cero tolerancia frente a las desigualdades y discriminaciones sociales, así como frente a los contaminadores ambientales, los violadores de los derechos humanos y todas aquellas personas cuyo propósito de vida pareciera ser sembrar odio contra otros por el único hecho de pensar o tener opciones políticas diferentes.
De igual manera, para las elecciones del próximo 31 de mayo, lo más conveniente sería que, en medio de las diferencias políticas -que son apenas normales-, los candidatos y candidatas con mayores opciones de ganar, por el bien del presente y futuro de Colombia, hicieran un alto en el camino y se sentaran a dialogar sobre los temas en común que pueden existir entre ellos. Se dispusieran a dialogar sobre cómo administrar el derecho a las diferencias políticas y, lo más importante, sobre cómo contribuir a la cultura del diálogo entre diferentes, al desarme de la palabra, así como a la lucha contra los grupos armados ilegales una vez finalicen las elecciones presidenciales.
Como, de acuerdo con la lógica matemática, lo más probable es que solo dos candidatos o candidatas pasen a una segunda vuelta -la cual, según la Constitución Nacional, se realizará el próximo domingo 21 de junio- , ese día, en democracia y de manera transparente, estaremos eligiendo al nuevo presidente o presidenta de Colombia.
Es importante recordar que contribuir a la realización de unas elecciones imparciales, transparentes y democráticas es una responsabilidad ética y política tanto del Gobierno Nacional como de las demás instituciones del Estado colombiano, de los diversos medios de comunicación nacionales y regionales, y de todos quienes habitamos en Colombia.
En ese mismo camino de responsabilidades éticas del Gobierno Nacional y como un derecho democrático de la población, es importante que se piense en dejar por escrito al nuevo presidente o presidenta de la República una rendición pública de cuentas sobre la Colombia que queda después de cuatro años de gobierno del presidente Petro.