Estábamos extrañando el carácter en la política. El Frente Nacional, si bien contribuyó a una alta dosis de civilidad para apaciguar el enfrentamiento partidista, también hizo que la convivencia armónica entre los partidos tradicionales pasara a ser una sala amable donde la crítica y la oposición razonada bajaron de temperatura. Esa ausencia de severidad hizo fácil la incorporación de la corrupción en la administración pública.
En ese ‘sofá republicano’ se iban diluyendo las ideologías y el ‘rey don dinero’ se hizo amigo de unos y otros. Al punto, como se ha visto en la etapa posterior al Frente Nacional, y no ha sido la excepción en un gobierno de izquierda como el que tenemos, que las prácticas asqueantes de la corrupción han continuado campeantes. Peor aún en este, en el cual muchos camaradas, dudosos de la permanencia en el poder tan esquivo por décadas, decidieron no desperdiciar su cuarto de hora y se han deleitado ensuciando sus manos en el erario, como se ha demostrado tantas veces.
El poder corruptor del narcotráfico no ha sido tampoco la excepción y también cogió puesto en esa sala republicana. Sus tentáculos pasaron de gobiernos conservadores a liberales y viceversa, y su influencia fue tal que un candidato de izquierda, a través de su propio hermano, armó el ‘Pacto de La Picota’ para favorecer presidiarios de múltiples pelambres a cambio de obtener su respaldo electoral en las zonas rurales donde ejercen dominio. Y ganaron la presidencia.
Sentarse con delincuentes a lo largo de los años termina quitando la entereza moral para combatirlos. Se dijo que era con los enemigos con quienes se harían convenios para lograr el desarme. Yo también lo creí y llegué a pensar que una guerrilla debilitada por Uribe podría ser interlocutora para negociar la reparación a las víctimas, la entrega de armas y de rutas en el gobierno Santos. La actitud perversa de los negociadores de las Farc, reclutadores de niños, violadores, secuestradores, extorsionistas, torturadores, ha dejado la amarga experiencia del incumplimiento en muchos de los acuerdos, especialmente frente a las víctimas.
De otra parte, las disidencias de las Farc y la aparición una vez más del ‘rey don dinero’ del narcotráfico y la minería ilegal han hecho que la paz, hija del diálogo, sea una quimera imposible de alcanzar. Toca hacerlo con la firmeza de un Estado que haga cumplir las leyes, que realice un trabajo social a fondo en la ruralidad y que combata con contundencia las bandas criminales que se han multiplicado en todo el territorio.
Este es el carácter que se anhela en las regiones. Los bloqueos a diestra y siniestra no deben persistir. No puede ser que cada persona que desee ir al Cauca o al Pacífico, primero deba averiguar en ese momento cómo está la vía. Hoy es más posible un bloqueo que un aguacero. No puede ser. Tampoco es admisible bloquear en las calles de nuestras ciudades. La gente quiere carácter en sus gobernantes. El exceso de espíritu conciliador termina siendo debilidad, el plato favorito de los terroristas y de la primera línea.
Por primera vez, veo en redes a la ciudadanía convocando para prepararse si persiste la violación a sus derechos ciudadanos. A propósito, la Fuerza Pública, el Ejército y la Policía, ¿están listos para defender la Constitución Nacional en caso de que el presidente desconozca la decisión democrática del pueblo? Por las declaraciones de Petro, se intuye que, si Cepeda gana, la Registraduría habría cumplido con su labor. Pero si ganara alguien distinto de Cepeda, Petro alegaría fraude electoral a pesar de todos los controles y auditorías existentes. Por eso reitero, ¿está lista nuestra Fuerza Pública para hacer respetar la voz del pueblo?