El dolor es inmenso. Lo sospechábamos. Sabíamos, casi con certeza, que el Gobierno petrista nos traicionaba y nos vendía a las mafias y a la delincuencia. Las pruebas no se necesitaban, pues los pésimos resultados de la paz total eran evidentes.

Todo empezó con una visita a La Picota, en 2022, por parte del hermano del presidente Petro —el infame Juan Fernando Petro—, episodio que el país conoció como el “Pacto de La Picota”. El primer hermano ingresó al pabellón de la parapolítica de La Picota y se reunió con varios de sus inquilinos. Lo que realmente pasó se desconoce. No obstante, la campaña de Petro, en ese momento, empezó a hablar de perdón social, e incluso de propuestas de sometimiento y beneficios legales. Lo que se especulaba era que semejantes propuestas tenían la intención de servir como moneda de cambio por el apoyo político y electoral a la campaña petrista en los territorios controlados por estos delincuentes. Y en esa visita estaba presente, precisamente, Danilo Rueda, quien posteriormente fue nombrado comisionado de Paz.

Petro logró llegar a la Presidencia y, vaya casualidad, como parte de la paz total, terminamos con delincuentes fungiendo como gestores de paz, instrucciones de levantamiento de órdenes de captura, suspensión de operaciones militares, zonas despejadas, militares dados de baja, un mar de coca y, en general, un aumento de la inseguridad y del número de integrantes de los grupos al margen de la ley.

Y nada pasó, a pesar de la investigación por parte de la Fiscalía. La novedad ahora, que encaja perfectamente con la historia del “Pacto de La Picota”, son las grabaciones reveladas por Caracol de Danilo Rueda y el Clan del Golfo. Como si la seguridad y la defensa de la vida, honra y bienes de los colombianos fueran algo nimio y negociable, el comisionado Rueda le pidió a alias Jerónimo que jugaran a los ‘congelados’. Básicamente, que se hicieran pasito y que la Fuerza Pública se quedara quieta, sin interferir en los territorios controlados por ellos. También señaló que habría cese de bombardeos, limpieza de la Fuerza Pública y levantamiento de órdenes de captura y extradición. Como lo reiteró, se trataba de un desescalamiento de la acción del Estado para, supuestamente, crear confianza. Incluso dijo que, si no se cumplía, hablaba con el ministro Velásquez. Los hechos posteriores parecerían señalar, de forma más que indiciaria, que lo prometido se cumplió.

Además, el exdirector de la Policía, Henry Sanabria, señaló que existieron instrucciones desde Palacio, por parte de Laura Sarabia, para frenar o, como dice Rueda, ‘congelar’ los operativos militares. Sospechar que el Gobierno es una cloaca es una cosa; corroborarlo causa mucha angustia y temor. Lo mandatorio es que estas conductas sean investigadas por las autoridades competentes, pues podrían constituir violaciones a la ley desde el punto de vista disciplinario y penal, específicamente delitos como concierto para delinquir, prevaricato, favorecimiento, entre otros.

El Gobierno de la “potencia mundial de la vida” es una farsa. Afortunadamente, llegó ADLE a ‘descongelar’ y poner orden, pues, como ha dicho, denunciará a Petro por traición a la patria, acabará con la paz total y recuperará la seguridad, sin darles concesiones a los criminales.