Por el Monseñor Luis Fernando Rodríguez V., arzobispo de Cali.
Acabamos de vivir un certamen electoral especial para escoger un nuevo Jefe de Estado para Colombia. No podemos negar que, como en la mayoría de los eventos electorales, durante los meses que anteceden se conjugan toda clase sentimientos. De todos los lados se escuchan no solo referencias a los programas de los candidatos, sino toda clase de apreciaciones personales que generan desconcierto, dudas y radicalismos emocionales.
Pero después de las elecciones se da inicio un nuevo tiempo de transición, que exigirá de todos ponderación, sensatez y paz interior con un sentimiento que no se puede perder, y es el de la esperanza. En la historia hemos podido dar muestras de cómo somos capaces de superar diferencias y de trabajar juntos. Es este el llamado que hago, para que podamos asegurar un futuro que permita propiciar a las generaciones actuales y futuras paz, felicidad y desarrollo integral pleno.
“Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer para probarte, afligirte y conocer lo que hay en tu corazón… recuerda que después te alimentó con maná” (Deut 8). Esa memoria de la acción de Dios en favor de su pueblo, es la mejor manera de entender nuestra historia republicana y cómo el Señor ha actuado en nuestro favor.
Por eso tomo el salmo 88 como invitación para que miremos nuestro futuro con ilusión, partiendo no solo de nuestros problemas, sino de nuestras fortalezas, de nuestras capacidades para construir nuestro futuro y de reconocer que ser agradecidos con Dios anima nuestra fe y nuestra esperanza. ¡Que todos los colombianos, hombres y mujeres de todas las edades nos unamos hoy en una alabanza para cantar eternamente las misericordias del Señor!
Sin embargo, para que ese futuro sea digno, no se puede estar lejos de quien es la fuente de la verdad y la justicia, de Dios. El Papa León XIV, en su encíclica Magnifica Humanidad, afirma que “hoy nuestra relación con la vida parece estar crisis” (n. 118), por lo que esa crisis afecta el concepto de calidad que se quiere imponer. Es clave para lo viene en nuestro país, considerar esta otra afirmación del Papa: “la calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de conocer un rostro en el otro y no una función” (114), esto es, por la forma como la centralidad de la persona se impone sobre otros intereses económicos, ideológicos o de partidos.
Nos perdamos la esperanza. Unámonos entorno de un gran proyecto de nación, para que, estableciendo consensos, aprendamos a caminar juntos, como camino seguro para alcanzar la paz y la fraternidad. Pidamos la luz del Espíritu Santo sobre quienes van a gobernar a Colombia a partir del 7 de agosto.