Cambridge Analytica ya no existe, pero sus métodos persisten en la carrera por llegar a la Presidencia de Estados Unidos.
Con videos, fotos y montajes falsos o engañosos compartidos a toda velocidad, los grupos que están en el origen de estas manipulaciones buscan hacerse pasar por individuos reales con tendencias conservadoras para sembrar el caos.
“Hay una obsesión por la injerencia extranjera, pero las personas que tienen más interés en influir en el resultado de una elección son las que residen en el propio país: los estadounidenses”, dice Joshua Tucker, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Nueva York.
Un informe reciente de Facebook confirma esta tendencia.
Tanto Biden como Trump han recurrido a estos métodos para persuadir a sus votantes.
Las redes de la discordia
Solo en las primeras semanas de octubre, el gigante de las redes sociales eliminó 200 cuentas y 55 páginas de Facebook y 77 cuentas de Instagram, todas alojadas en Estados Unidos.
Inspiradas en los métodos rusos de 2016, el objetivo es azuzar la discordia política y socavar la confianza de los votantes en el proceso democrático, algo que el FBI acusó a Moscú de hacer en la última elección.
El ejemplo más flagrante citado por Facebook es el de una empresa estadounidense de marketing que utilizó a adolescentes de Arizona para publicar comentarios a favor de Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, o que mostraban adhesión a causas conservadoras mientras criticaban al candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden.
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Y por lo que han podido observar Tucker y sus colegas, ni los progresistas ni los conservadores son buenos identificando estos intentos de manipulación. Están influenciados por las divisiones partidistas y los algoritmos de redes sociales, que hacen que estén expuestos a un solo punto de vista.
Al igual que Facebook, Twitter también está tomando medidas en esta área. Recientemente eliminó una cuenta en la que aparecía un policía negro, Trump y el eslogan “Vote Republicano” porque violaba las reglas de manipulación de la plataforma.
La cuenta tenía más de 24.000 seguidores con solo ocho tuits y una publicación con más de 75.000 likes. Pero los especialistas en redes sociales aseguran que la detección de este tipo de cuentas es más la excepción que la norma.
El presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, mostró preocupación por la posibilidad del estallido de la violencia tras los comicios.
Del Pizzagate a QAnon
El tipo de noticias falsas difundidas por los estadounidenses ha cambiado drásticamente desde 2016, advierte el profesor Russell Muirhead, de la Universidad de Dartmouth.
Durante aquella campaña electoral, usuarios de internet afirmaron en el foro de discusión anónimo 4chan que la candidata demócrata Hillary Clinton estaba implicada en una red de pedófila establecida en una pizzería de Washington.
Un hombre que creyó esta información falsa irrumpió entonces en ese restaurante con un rifle de asalto, sin causar víctimas.
Pero en este ciclo electoral, el Pizzagate (como fue llamado ese episodio) ha sido reemplazado por las teorías conspirativas del movimiento QAnon, que afirma que Trump libra una guerra secreta contra una secta liberal mundial formada por pedófilos satánicos.
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Y sus partidarios señalan con el dedo a su oponente demócrata.
“QAnon ahora retrata a Joe Biden no como un oponente legítimo (de Trump), sino como parte de ese equipo de globalistas que tienen la intención de destruir Estados Unidos, alguien con quien no se debe discutir sino a quien hay que eliminar”, sostiene el profesor Muirhead.
Sin embargo, el mayor y más inmediato peligro de desinformación para estas presidenciales, según Tucker, lo inculcó Trump con sus reiteradas afirmaciones de que el voto por correo provocará un fraude a proporciones inéditas.
Afirmaciones que ya habían circulado en 2016, pero que el FBI se encargó de desmentir.
“Esto es desinformación”, dice Tucker. “Hay problemas con personas que no llenan sus boletas correctamente, hay problemas con personas que reciben sus boletas con retraso, pero no hay evidencia de fraude a gran escala”.
Y se pregunta: “¿Quién necesita que los rusos se dediquen a cuestionar la integridad del proceso democrático cuando el propio presidente de Estados Unidos lo hace?”
Recolección de datos
“Lo que estamos viendo es casi más potente que en 2016”, dice el profesor de la Universidad de Texas, Samuel Woolley, que está a cargo de un departamento de investigación de la propaganda.
Su equipo examinó mensajes y encontró que la aplicación de Trump, y en menor medida la de su rival demócrata y otros grupos políticos, recogen datos para personificar la comunicación vía SMS, correo electrónico o redes sociales.
Algunas aplicaciones no solo toman información del usuario, sino también de sus contactos y rastrean su ubicación y actividades, como compras o asistencias a iglesias.
Las campañas pueden combinarse con terceros, desde comerciantes de datos o registros públicos, para dirigir mensajes muy precisos a personas o grupos específicos.
“En 2016 había más dependencia de Facebook y otras plataformas sociales, pero ahora las campañas emplean sus propias herramientas para la recolección de datos”, dijo Woolley, para quien la aplicación de Trump es una “herramienta de vigilancia”.
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Muchos receptores de mensajes no descargaron una aplicación política ni pidieron notificaciones, según los investigadores.
“Si se reciben mensajes que siembran confusión, es una presión sobre los votantes”, dijo Jacob Gursky, un investigador del equipo de Woolley.
“No se necesita consentimiento para enviar esos mensajes”, dijo, y señaló que algunas campaña “pueden enviar masivamente mensajes de texto anónimos”.
El FBI lanzó un proyecto denominado “voces protegidas” para investigar potenciales delitos con esos mensajes. “Engañar intencionadamente a votantes específicos para evitar que voten, es una represión del voto y eso es un crimen federal”, dijo el FBI.
Ni el campo de Trump ni el de Biden respondieron a preguntas sobre sus políticas de privacidad o de protección de datos.
Algunas aplicaciones no solo toman información del usuario, sino también de sus contactos y rastrean su ubicación y actividades.
Microfocalización
La “microfocalización” o dirigir mensajes a individuos o grupos muy específicos generó inquietud en la elección de 2016, pero es una práctica que persiste “y no se irá rápidamente”, dijo Costas Panagopoulos, jefe de ciencia política de la Universidad Northeastern.
Advirtió que las campañas pueden conseguir o comprar “masivas cantidades de información” sobre votantes, lo cual facilita diseminar
desinformación o disuadir el voto por un candidato.
”Sabemos que el propósito de muchos de esos mensajes es el de quitarle a los votantes el derecho a votar” a alguien, afirmó.
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Facebook reconoce fallos
Facebook admitió este lunes tener dificultades para retirar anuncios con contenido engañoso sobre las elecciones de Estados Unidos, después de que un artículo de prensa mostrara que algunas publicidades eliminadas se habían vuelto a difundir en la plataforma.
El gigante de las redes sociales aseguró haber tomado nuevas medidas después de constatar fallos que permitían que militantes volvieran a publicar anuncios vetados por no responder a los criterios de verificación de datos.
El diario The Wall Street Journal reveló que ciertos mensajes de apoyo al presidente Donald Trump que contenían informaciones falsas sobre su rival demócrata, Joe Biden, habían logrado compartirse por un grupo conservador, el American Principles Project, pese a que ya habían sido bloqueados anteriormente.
En esos anuncios se afirma falsamente que Biden apoya al movimiento de extrema izquierda Antifa y que está a favor de la cirugía transgénero en los niños.
Facebook volvió a suprimir los mensajes tras el informe del WSJ.
Durante la campaña, tanto los republicanos como los demócratas han acusado al gigante tecnológico de perjudicarles.