Por Isaac Niño Duarte, CEO Isnandia Global

El PIB colombiano ha tenido un crecimiento promedio en los últimos 40 años de alrededor del 3,8%. Este desempeño económico limitado tiene implicaciones directas sobre las finanzas públicas y nos tiene hoy, por cuenta del alto endeudamiento, al borde de un default.

En primer lugar, una economía que crece poco recauda poco en impuestos. La desaceleración reduce la base gravable y limita la capacidad del Estado para financiar su gasto. En segundo lugar, un crecimiento débil hace que el peso nominal de la deuda sobre el PIB aumente, incluso si el endeudamiento no crece de manera acelerada. Esta combinación genera señales de alerta.

Durante 2025, la economía estuvo impulsada principalmente por el consumo de los hogares y no por la inversión. Se trata de una dinámica difícil de sostener en el mediano plazo, pues el consumo depende, en última instancia, de ingresos futuros respaldados por inversión productiva. Sin ella, el crecimiento pierde solidez y se vuelve altamente vulnerable. En otras palabras, los colombianos estamos operando en modo “Dios proveerá”.

La experiencia reciente de América Latina ofrece lecciones relevantes. En los últimos 25 años, al menos ocho países de la región han entrado en cesación de pagos de su deuda. Aunque cada caso tuvo particularidades, existen patrones comunes que se repiten: crisis cambiarias (A), alta dependencia de la deuda (B), choques asociados a los precios de las materias primas (C) y una gestión macroeconómica deficiente a lo largo de varios gobiernos consecutivos (D).

Vale la pena revisar cómo se ubica Colombia frente a estos factores. Al cierre de marzo de 2026, la deuda total del Gobierno Nacional ascendía a 1.238 billones de pesos, de los cuales aproximadamente 865 billones (70%) correspondían a deuda interna y 372 billones (30%) a deuda externa. Es decir, Colombia debe el 65% de su PIB anual. Muchos dirán que hay países que deben el 100% de su PIB o más, pero no miremos al vecino: de eso no vivimos ni vamos a vivir.

El problema grave es que estamos pagando tasas de más del 14,1% anual sobre este monto, cuando veníamos pagando menos del 7%. Más grave aún es que este año el Gobierno ha aumentado, en promedio, un billón de pesos diarios la deuda.

Crecimiento de la economía en 2025, según informe del Dane | Foto: Dane / Youtube

En cuentas de servilleta: crecemos al 3,8% con un PIB de 1.904 billones, lo que equivale a 72,4 billones de crecimiento. Sin embargo, una deuda de 1.238 billones con una mayor tasa de interés promedio del 7% implica pagos por 86,7 billones en intereses. Es decir, todo lo que crecemos, y más, se destina al pago de intereses. Nada queda para inversión. Tenemos una alta dependencia de la deuda (B cumplido).

Por otra parte, la política económica del actual gobierno ha limitado el desarrollo de la actividad minero-energética tradicional. Si bien no se trata de un choque de precios internacionales, sí se configura un choque de oferta que reduce los ingresos fiscales, con efectos similares a los de un shock de materias primas (C cumplido).

A esto se suma la calificación crediticia del país, actualmente ubicada en grado especulativo (BB-) y en deterioro. En un escenario en el que los mercados internacionales reduzcan su apetito por deuda colombiana, el Gobierno se vería obligado a financiarse en el mercado interno, presionando al alza la tasa de cambio al comprar dólares para pagar la deuda externa y elevando las tasas de interés locales (A cumplido).

Finalmente, la gestión económica de los últimos gobiernos no ha logrado consolidar una senda de crecimiento sostenido. Aunque hubo avances puntuales, los resultados han sido insuficientes para fortalecer la resiliencia económica del país. Durante el gobierno de Santos e incluso anteriores, Colombia creció en promedio 3,5% anual, y durante el de Duque, cerca de 3,65%, cifras que, a mi criterio, no compensan las debilidades estructurales acumuladas (D cumplido).

Como indican muchos analistas, estamos justo en el borde, y el próximo gobierno no tendrá otra alternativa que seguir endeudándose, reducir sustancialmente el gasto y, como sea, atraer inversionistas tanto locales como extranjeros para sacar a Colombia de este círculo vicioso de deuda que tenemos desde hace décadas, pero que este gobierno logró exacerbar.

Colombia enfrenta hoy una situación fiscal delicada que, de no corregirse con rapidez, podría desencadenar en una crisis económica de mayor profundidad. La acumulación de riesgos que ha llevado a otras economías a escenarios de estrés severo está hoy presente en la nuestra y no debería ser ignorada.

Para empezar a hacer sostenible la deuda y retomar el pago de capital, y no solo de intereses, el próximo gobierno tendrá que: reactivar sectores productivos clave, particularmente los extractivos, revisar las restricciones que hoy limitan la inversión como las leyes ambientales y los procesos de consulta previa, ajustar el marco tributario para aliviar la carga sobre empresas y personas, y recuperar la confianza del inversionista con reglas claras y estables.

Evolución del servicio de la deuda de Colombia | Foto: Observatorio Fiscal Universidad Javeriana / Presentación

Sin mayores ingresos fiscales y sin inversión, no hay forma de romper esta dinámica. De lo contrario, seguiremos atrapados en una economía que apenas crece para pagar intereses, pero no para generar desarrollo.