No hay duda de que Hernando Tejada Sáenz fue uno de los mayores artistas del Siglo XX en Colombia. Su genio creativo aún sorprende a los críticos y al público de las nuevas generaciones por su originalidad y la diversidad de formatos en que se expresó. Fue un artista integral, excéntrico y fuera de lo convencional.
Tejada no solo dibujó y pintó. A su obra añadió grabados, escenografías para teatro, títeres y esculturas en madera, como sus mujeres objeto y los maravillosos manglares, donde antes que ningún artista plástico colombiano dejó al descubierto la belleza de las comunidades del Pacífico y su biodiversidad.
‘Tejadita’ no es solo un personaje típico de la ciudad, quien esculpió el Gato del Río y lo legó en 1996 para que terminara convertido en símbolo de Cali. Su obra artística es un universo fascinante que, como afirma Alejandro Valencia Tejada, su sobrino, “deberían conocer mucho mejor los caleños, para que lo valoren en su verdadera dimensión. Algo irónico, porque él en persona apenas medía 1,50 metros de estatura, pero como artista es gigantesco”.
Muchos años antes de que hiciera el famoso gato sonriente al lado del río Cali, Tejada ya había entrado por la puerta grande en la historia del arte colombiano, y una demostración de ello son los dos murales gigantescos —de 190 metros cuadrados cada uno— que realizó en el salón de bienvenida de la antigua Estación del Ferrocarril en Cali, pintados con la técnica de fresco en yeso, como lo hizo Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, entre 1954 y 1956.
“Hernando vivía en Bogotá y fue por el contrato de estos murales que decidió venirse a vivir a Cali, donde se quedó para siempre, yo lo conocí por esa época, cuando mi familia también se radicó en esta ciudad. Recuerdo que yo tenía unos 9 años y mis padres me llevaron a verlo a conocerlo, cuando llegamos a la Estación él estaba subido en los andamios”, cuenta su sobrino.
Los murales, uno sobre la historia de Cali y otro sobre la historia del transporte, curiosamente lograron sobrevivir intactos a la explosión del 7 de agosto de 1956, el mismo año en el que se iba a inaugurar el segundo. Y, hasta ahora, 70 años después, permanecen como una de las obras maestras de Tejada.
A lo largo de estos años, han tenido algunas restauraciones, incluso el mismo ‘Tejadita’ los restauró después de la explosión, pero ya es necesario una nueva, porque como explica Alejandro, “debido al esmog que llega la Estación se van recubriendo de una capa de suciedad, entonces hay que hacerles una limpieza cada cierto tiempo”.
Entre los cientos de personajes pintados en los murales, muchos tienen rostros de familiares, amigos y novias de Tejada, como la mujer al lado derecho de Sebastián de Belálcazar, que es la llamada María Bonita, el amor eterno del artista.
Otros de los rostros conocidos son el de Lucy Tejada y Antonio Valencia en la escena de la misa campal. Y el rostro de María, el personaje de la novela de Jorge Isaacs, no es otro que el de Mercedes Baquero, quien fuera reina del Valle y Señorita Colombia el mismo año que Tejada inició el mural. Y, para los conocedores, en una de las esquinas el artista se autorretrató.
Hernando Tejada fue contratado para realizar estas obras mediante un concurso público al que envió, junto a otros artistas del país, su propuesta y ganó. Antes de iniciar la obra, según cuenta el escritor y crítico Antonio Montaña en el libro sobre el artista, Tejada visitó a su maestro muralista Ignacio Gómez Jaramillo para pedirle consejos, “Gómez, que a veces era dueño de un humor ácido y violento, casi con grosería, lo confesaba él mismo, le dijo a Tejada: ‘El mural es para pintores de estatura. Usted ni siquiera va a poderse trepar a los andamios”. Y ‘Tejadita’, sonriendo, le repuso: ‘Ignacio, yo utilizo andamios hasta para pintar en caballete’”.
El escritor cuenta otra anécdota memorable de Tejada durante la realización de los murales, “el incansable artista pintó, durante meses prácticamente sin bajar a tierra. Almorzaba trepado en los andamios y no pintaba de pie solamente; lo hacía acostado o colgando como mico cuando la tarea escapaba a los límites del andamio”.
Este año, según confirmó Alejandro Valencia, la empresa Metro Cali, ubicada actualmente en las instalaciones de la antigua Estación del Ferrocarril, invertirá en la restauración de los murales. “Vamos a hacerle mantenimiento y limpiar la superficie, en general los murales han resistido muy bien el tiempo, solo tienen unas pequeñas rupturas, quizá de la explosión del 56″, comenta Alejandro quien estará al frente de esta obra.
Cuanto quede lista, “quizá sea la oportunidad de reinaugurar estas obras y mostrar el verdadero genio de Tejada a los caleños. También sería bueno que este patrimonio cultural tuviera una forma de garantizar su conservación”, concluye.