Cultura
La fiesta de ‘Tejadita’: El Gato del Río, sus novias y los murales de Cali están de aniversario
Obras que el artista Hernando Tejada legó a Cali cumplen años. Pinceladas de su vida y obra.
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17 de may de 2026, 11:29 a. m.
Actualizado el 17 de may de 2026, 11:29 a. m.
Este año, el Gato del Río que el artista Hernando Tejada legó a Cali cumple 30 años, mientras sus novias celebrarán dos décadas y sus dos gigantescos murales de la antigua Estación del Ferrocarril completan 70 años desde su creación.
Pocos saben que la mítica escultura de cera perdida, que llegó el 3 de julio de 1996 y que habita en la ribera del río Cali, alberga las cenizas del maestro, el mismo duende a quien atribuyen la magia del lugar.
Tejadita es su protector, el que quizá evitó que el disparo que un día le hicieron lo tocara, o asustó a quien intentó robarse uno de su bigotes y fracasó en el intento, solo logró doblarlo.

El Gato del Río, de 3,30 metros y tres toneladas, fue el regalo que el escultor pereirano le dio a la ciudad que lo vio crecer —artísticamente, porque él medía 1,50 metros—. La ejecución de la obra costó, en aquel tiempo, $ 30 millones. Para financiarla, hizo una subasta y 250 pequeñas réplicas de su minino, que fundieron en el taller del escultor Alejandro Valencia Tejada, su sobrino.
La escultura, que es hoy la más visitada de Colombia, fue fundida en Bogotá, en el taller de Rafael Franco, por secciones, que luego fueron soldadas. Entre otros percances, Valencia se percató de que el felino tenía muchos hundidos y turupes. Y Rafael le confesó que, por error, le había aplicado silicona blanda y que, al hundirla, hundió la arcilla. Tuvieron que meter a alguien en la escultura con una porra y protectores auditivos para emparejarla.
Los vecinos del taller amenazaron con entutelarlos porque hacían mucho estruendo. Pero en dos días hubo Gato. Solo que, por sus dimensiones, para sacarlo del taller, hubo que desmontar el techo.
A solo 150 metros del Gato está el Museo Hernando Tejada, inaugurado en 2024, en el centenario de nacimiento del artista, por su fundadora, la alemana Ángela Neuhaus, esposa del músico Sebastián Valencia Sayin, hijo de Alejandro Valencia y sobrino de Tejadita. Ese día se estrenó la canción homenaje: ‘Tejadita Miau Miau’, compuesta por Sebastián Valencia Sayin y Tomás Correa.


Pero, ¿quién era Tejadita?
Hernando Tejada Sáenz, conocido como ‘Tejadita’, ‘Tejo’o ‘Tío Bigotes’, es uno de los artistas más grandes de Colombia y uno de los mayores representantes de la caleñidad.
El segundo de cinco hijos del matrimonio entre José Tejada e Ismenia Sáenz nació el 1 de febrero de 1924, en Pereira, y murió en Cali el 1 de junio de 1998.
Tuvo un periplo en el Eje Cafetero y llegó a Cali a los 13 años, y pronto hubo contacto con el Pacífico, porque su padre disfrutaba viajar al corregimiento de Piangüita, pero fue la capital vallecaucana su hogar artístico, donde, al igual que Lucy Tejada, muralista, pintora, grabadora e investigadora (nacida en Pereira el 9 de octubre de 1920 y fallecida en Cali el 22 de noviembre), desarrolló grandes obras.

Entre 1945 y 1947, Hernando estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en Bogotá, donde fue alumno y maestro de dibujo. Se encontró en el ámbito artístico caleño, junto a su hermana Lucy, con una generación brillante: María Thereza Negreiros, Jan y Mike Bartelsman y Pedro Alcántara.
Lucy describía su obra como “llena de gracia, llena de vida, juguetona, insinuante, es todo menos superficial. Sus obras mayores, sus mujeres objetos o mujeres muebles- o el organillero, en cuya elaboración tardó más de cinco años, no surgían del primer trazo. Tras cada una de estas hay un trabajo serio, meticuloso y crítico”.

Hizo dibujos, pinturas, escultura, fotografía y audiovisuales. Aprendió la técnica del fresco con Luis Ignacio Gómez Jaramillo, su profesor en la Universidad Nacional de Bogotá, quien había desarrollado esta técnica renacentista en México, al lado de los muralistas Rivera y Orozco.
De su producción en mural son famosos sus colosales frescos: Historia de Cali (donde incluye a María bonita, su gran amor, que se casó con otro) y La Historia del Transporte, ambos de 190 metros cuadrados.

Tejadita amó a las mujeres que lo entendieron, amaron y protegieron a lo largo de su vida, descrita como extraordinaria por sus más cercanos. Son célebres sus obras-muebles, en homenaje a ellas: ‘Estefanía, la mujer Telefonía; Rosario, la mujer Armario; Abigaíl, la mujer atril; Mónica, la mujer filarmónica; Sacramento, la mujer asiento; Teresa, la mujer mesa’… También esculpió Manglares: de la serpiente, del cangrejo, de la garza blanca, del pelícano…

Escribió una vez el crítico literario Antonio Montaña: “La sensualidad del arte de Tejada es la invitación al espectador a participar en la fiesta de la creación”. Eso era él, una fiesta, a su don era la risa. Por eso todos los días de la semana lo invitaban a una casa distinta, donde era amigo, profesor, tío, padre y abuelo, aunque hijos no tuvo.
Su vida está contada al detalle por Sebastián Valencia en ‘Tejadita, el gato que pintó Cali’, en el que lo desentraña a través de añoranzas y anécdotas de amigos y familiares. Tiene pensado lanzarlo en octubre, en la Feria Internacional del Libro de Cali: “Estamos buscando a qué editorial o dónde imprimir”.
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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