Lo que comenzó como un paseo de descanso se convirtió en una experiencia traumática para una familia que alquiló una finca ubicada entre los municipios de La Vega y Villeta, en Cundinamarca.
De acuerdo con el testimonio de las víctimas, 16 personas se encontraban durmiendo cuando los ladrones aprovecharon la madrugada para cometer el hurto, sin ser descubiertos.
Horas después, uno de los familiares despertó y notó que su celular ya no estaba donde lo había dejado antes de dormir. Al comenzar a buscar el dispositivo, se encontró con otra dura realidad, y era que al menos seis integrantes de la familia habían sido despojados de sus teléfonos móviles.
“Nos acostamos normal, todos, común y corriente; cuando esta persona se levantó, echó de menos el celular, ya no lo tenía. Se acostó a dormir con el celular muy cerca de la cabeza de él porque estaba esperando una llamada, pues el que iba a llamarlo tampoco lo tenía (dispositivo), el otro tampoco lo tenía, y nos dimos cuenta de que 6 personas no lo tenían", relató uno de los afectados a Noticias Caracol.
Pero los delincuentes no solo se llevaron dichos dispositivos, ya que hurtaron dinero en efectivo, zapatos y otros objetos personales, sin causar ruidos que alertaran a los ocupantes de la finca.
“No solo los celulares, sino otras pertenencias, como dinero en efectivo que llevaban muchas personas, zapatos, y otras pertenencias que llevaban. Hicimos un estimado, incluso hablamos con los propietarios del inmueble, y hubo un estimado de $38 millones de pesos aproximados”, añadió la víctima de robo.
A través de las cámaras de seguridad de la zona, se observa a dos criminales, con los rostros tapados con pasamontañas, vigilar en la madrugada la finca y luego inspeccionar la entrada de la misma. Horas después ingresaron y hurtaron algunos objetos de la familia.
Tras activar los sistemas de rastreo, uno de los celulares —un iPhone de alta gama adquirido recientemente— arrojó ubicación en Bogotá, específicamente en el sector de San Victorino, en el centro de la ciudad.
Después del robo, uno de los familiares recibió una llamada en la que le aseguraron que el equipo había sido comprado en esa zona y le exigieron tres millones de pesos para devolverlo.
Ante el caso, la familia denunció que la respuesta de la Policía de Cundinamarca fue tardía y que el acompañamiento recibido tras el hurto fue limitado, lo que dificultó una reacción oportuna frente a lo ocurrido.