Relaciones con la oposición, un punto crucial para el segundo año de Duque

Relaciones con la oposición, un punto crucial para el segundo año de Duque

Agosto 04, 2019 - 07:00 a.m. Por:
Colprensa
Oposición

Luego de que la oposición hiciera uso de una primera réplica, el Presidente no volvió a hacer las tradicionales alocuciones.

Agencia Colprensa

El Acuerdo de Paz con las Farc no solo llevó a la desaparición de esa guerrilla, sino que también rescató una figura que había sido reclamada por años: el Estatuto de la Oposición.

Este mecanismo, que otorga una serie de derechos políticos a los partidos que no acompañan al Ejecutivo, permitió que en Colombia empezara a operar el sistema de partidos oficiales (Gobierno), independientes y los de oposición, el cual se estrenó hace un año, con el ascenso al poder del presidente Iván Duque.

Y un mes después, en septiembre, quedó claro quién era quién: los partidos Centro Democrático, la U y Conservador y los movimientos cristianos Mira y Colombia Justa Libre se declararon oficialistas.

La independencia la asumieron los partidos Liberal y Cambio Radical, mientras que por la línea de la oposición se fueron el Polo Democrático, Farc, la Alianza Verde, Colombia Humana (Decentes), ASI y MAIS.

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En ese sentido, la representante Juanita Goebertus, integrante de la Alianza Verde, fue quien literalmente estrenó la figura del Estatuto de la Oposición cuando, en marzo pasado, tuvo a su cargo la primera réplica que se hizo ante una alocución nacional del Primer Mandatario, que esa oportunidad estuvo destinada a argumentar su petición de objetar la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP.

“El primer año del presidente Duque se ha destacado por que su relación con la oposición ha sido muy mala”, manifiesta la congresista y agrega que hubo un incumplimiento notorio de la ley cuando se intentó tramitar la agenda legislativa anticorrupción.

“El Gobierno nos llamó a una mesa de concertación, se comprometió con sacar adelante los proyectos e hicimos unas mesas de trabajo, pero cuando llegamos con los proyectos al Congreso, sistemáticamente cada uno se fue hundiendo. El Gobierno, que había empeñado su palabra, defraudó unas expectativas de poder trabajar conjuntamente”, recuerda Goebertus.

Para el analista Fernando Sanín hay un aspecto que se debe analizar de cara a las relaciones de este año entre el Ejecutivo y el Congreso de la República, especialmente en lo que respecta a los partidos de oposición.
“A los ministros les fue mal, pocos llegaron a tener una identidad con los congresistas, el desconocimiento de los temas fue muy notorio, lo cual se evidenció en el trámite de los proyectos”, indica el experto.

Pese a esas falencias, lo cierto es que el Gobierno Nacional pudo superar las dos mociones de censura que lideró la oposición.

La primera, al ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, a quien se le intentó separar de su cargo por su supuesta responsabilidad en la quiebra financiera de más de cien municipios que compraron los llamados bonos del agua.

La segunda moción fue contra el ministro de la Defensa, Guillermo Botero, a quien se lo señaló por su presunta responsabilidad en la reactivación de los llamados falsos positivos.

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Pero Sanín también llama la atención sobre el trámite de las objeciones presidenciales a la Ley Estatutaria de la Justicia Especial de Paz, las cuales ganaron todo el protagonismo legislativo durante el semestre pasado, al punto de que llevaron nuevamente al país a una dura polarización alrededor de los Acuerdos de Paz.

Goebertus coincide con el analista: “En la discusión de las objeciones, el Gobierno se vino en contra de la implementación de los Acuerdos, el incumplimiento a los excombatientes y en especial a las víctimas”.

Por su parte, el expresidente de la Cámara de Representantes Alejandro Chacón, quien incluso llegó a ser considerado como un opositor del Ejecutivo, pese a pertenecer al liberalismo declarado independiente, sostiene que “las obsesiones más no las objeciones llevaron a que la relación con el Congreso fuera más compleja y distante”.

El congresista cuestionó igualmente que desde el Ejecutivo se haya tomado la postura de que los funcionarios no hablaran con los congresistas.

En cuanto a los proyectos claves, la Administración Duque no logró reunir el respaldo necesario alrededor de las reformas constitucionales a la justicia y la política, por lo que finalmente se hundieron.

Por su parte, la reforma tributaria o ley de financiamiento logró ser aprobada, pero se convirtió en el primer traspiés legislativo del Gobierno Nacional, porque el texto quedó ampliamente recortado.

Capítulo aparte

Ahora bien, los analistas coinciden en que en buena parte de los distanciamientos que se han dado entre el presidente Iván Duque y la oposición ha estado involucrado el ahora expresidente del Senado Ernesto Macías.

Así sucedió desde el día de la posesión del nuevo Jefe de Estado, cuando Macías pronunció un discurso cargado de críticas al mandatario saliente, Juan Manuel Santos, y al proceso de paz que se firmó con las Farc.

De igual forma, él impidió que en el Senado se tramitara la moción de censura a Carrasquilla, lo que provocó un enfrentamiento con la segunda vicepresidente de la corporación, Angélica Lozano, quien alegó que la oposición había adelantando el trámite en forma correcta.

En cuanto a la Estatutaria de la JEP, el documento estuvo desde el mes de diciembre en el despacho de la Presidencia del Senado, pero solo en febrero fue enviado para la sanción del Presidente de la República, ante los reiterados reclamos de los parlamentarios de los partidos contrarios e independientes.

Y el último capítulo de los choques entre Macías y la oposición tuvo lugar justo en el instante en el que dejaba la Presidencia de la corporación, cuando al dejar el micrófono abierto, el país escuchó su “última jugadita”. Solo que el ‘partido’ ya se trasladó de la sede del legislativo a la Procuraduría, que lo citó a una audiencia de juzgamiento disciplinario por, presuntamente, haber violado los derechos de la oposición.

Cinco momentos clave

  1. El 20 de julio de 2018 empezó a regir el Estatuto de la Oposición, que busca brindarle garantías a las organizaciones políticas que se declaren en oposición al Gobierno.
  2. El 12 de marzo, la oposición estrenó el derecho de réplica al presidente Duque. La representante a la Cámara Juanita Goebertus se dirigió a los colombianos.
  3. En mayo de 2019 el presidente Duque se reunió con diferentes partidos políticos para buscar un gran pacto nacional, sin embargo, no invitó a la oposición.
  4. El 20 de julio de 2019, después del discurso de instalación del Congreso por parte de Iván Duque, el senador Jorge Robledo hizo uso del derecho a la réplica por segunda vez.
  5. El 20 de julio de 2019, los nuevos presidentes del Congreso de la República aseguraron que en su periodo legislativo habrá garantías para la oposición.
Análisis: Empoderada

El principal rol de la oposición a Iván Duque es lograr que se gobierne bien y para todos, a través de la crítica, desde una orilla diferente a la del Ejecutivo.

Justamente, con Duque la dinámica ha cambiado, porque por primera vez en la historia política de Colombia existe realmente una oposición en el Congreso, la cual no solo ha logrado tener un peso sustancial en este órgano de representación, sino que ha tenido la audacia de combinar una oposición técnica (de evaluación, seguimiento y contrastación) con una mediática que ha logrado posicionarse con múltiples caras visibles.

Lo que es claro es que los cálculos políticos no le han salido bien al Gobierno Duque y esto ha empoderado a la oposición, gracias a episodios como los del veto a la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, y la “jugadita” del expresidente del Senado Ernesto Macias.

Y es cierto que tampoco está ayudando la situación económica al actual Ejecutivo.

Esto implica que la situación continuará siendo compleja y será difícil que se logre una coalición política de gobierno, al menos con los partidos independientes.

Así las cosas, la oposición tiene grandes oportunidades de continuar posicionándose, pero mantiene su gran debilidad de no tener una unidad ni de posición ni de vocería, que le dé mayor cabida en escenarios de poder.

Santiago Londoño, politólogo Universidad Javeriana.

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