Sigue la espera

Enero 17, 2022 - 11:55 p. m. 2022-01-17 Por: Editorial .

Las obras de infraestructura que por décadas están pendientes en el Valle del Cauca, siguen en espera. Ya es hora de que las administraciones nacionales cumplan su compromiso con el departamento, no demoren las decisiones y acaben vías que son necesarias y esenciales para la competitividad y el desarrollo de Colombia y la región.

Los resultados hasta ahora son precarios y proyectos tan importantes como la terminación de la doble calzada a Buenaventura, la construcción de la vía Mulaló - Loboguerrero y las obras que hacen parte de la Malla Vial, que ya se adjudicó, siguen a la espera o están al borde del fracaso.
Así la Ministra de Transporte haya asegurado en declaraciones a este diario que ya hay decisiones sobre ello, ningún proyecto ha iniciado, lo que prolonga su ejecución.

Parece increíble que a pesar de su importancia la concesión de la primera Malla Vial haya terminado hace cuatro años y aún no se sabe cuándo se iniciará la que deberá construir y rehabilitar 310 kilómetros de carreteras en el departamento. Y que desde octubre de 2018 el Invías reciba el recaudo de 12 peajes y solo invierta una parte en el mantenimiento y reparación de una red de carreteras que ya presentan serias fallas.

Y la doble calzada Buga - Buenaventura continúa siendo una quimera. Faltan 48 kilómetros, el actual gobierno se comprometió a finalizarlos en los primeros dos años de su mandato pero, según la Ministra, apenas se adjudicará en abril próximo. Ello quiere decir que si todo marcha según sus cronogramas, el proyecto se retomará a finales del 2023, después de los trámites y permisos que pueden demorarse un año, lo que significará al menos otros cinco años más para completar una obra fundamental para la Nación.

Lo más sintomático de lo que sucede con el Valle y sus proyectos de infraestructura es lo sucedido a la vía Mulaló – Loboguerrero, adjudicada hace siete años. Al contratista le pusieron todas las trabas posibles, debió esperar tres años más para que la Agencia Nacional de Licencias Ambientales resolviera sus dudas y al fin se le entregaran los permisos respectivos.

Ahora la obra está desfasada, los costos se han incrementado y el contratista manifestó su intención de devolver el proyecto. Al final no se sabe qué fin tendrá la carretera que el Valle lleva décadas pidiendo por el ahorro que significa en tiempo y costos para el transporte hacia Buenaventura. En este lapso la Nación ha perdido enormes cantidades de dinero y los vallecaucanos no tienen la vía que les prometieron.

Es un balance que, aunque pretendan presentarlo como positivo, deja incertidumbres y sinsabores originados todos en la forma como el centralismo colombiano maneja las prioridades del país y la inversión en la provincia colombiana. Y desplaza a segundo plano la solución de problemas y los compromisos adquiridos con los departamentos y las regiones.

Lo que puede seguir es aún peor porque el actual gobierno termina en siete meses y el simple cambio en el poder puede llevar a más inconvenientes. Ese no es el tratamiento que se merecen los vallecaucanos ni el que le conviene a la infraestructura nacional.

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