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Relevo en el BID

Septiembre 17, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Desde su creación, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, ha sido un gran apoyo para impulsar el progreso y las transformaciones de América Latina. Y no parece claro que la elección de su nuevo presidente, escogido por Estados Unidos en su carácter de mayor accionista, sea una amenaza para la continuación de una misión que, como pocas, supera la retórica diplomática y hace posible la integración y la solidaridad del Continente.

El señor Mauricio Claver-Carone fue candidatizado por el presidente Donald Trump, en oposición a varios aspirantes salidos de los países diferentes a los Estados Unidos, la nación que más aporta recursos al banco. Hasta su elección en pasados días, la tradición era escoger a una persona que no tuviera la nacionalidad estadounidense a pesar de su mayoría, como un gesto de confianza y de buenas maneras en las relaciones entre los 48 Estados que conforman el capital de esa entidad.

El Banco fue fundado hace 61 años y sus socios acordaron dar vida a una entidad que financiara el progreso y desarrollo en América Latina y el Caribe. Hoy es un grupo financiero compuesto por el Banco que financia entidades y programas oficiales, BID Invest, que colabora con el sector privado, y BID Lab, que experimenta formas innovadoras de impulsar un crecimiento más inclusivo. Sus productos van desde préstamos, donaciones y garantías hasta inversiones directas y cooperación técnica.

De ahí la importancia del BID, que durante los últimos 15 años fue presidido por el colombiano Luis Alberto Moreno con éxito reconocido.
Se esperaba que su sucesor fuera latinoamericano, siguiendo una tradición en la cual la decisión se tomaba como un acuerdo más político que de negocios propiamente dichos. Sin embargo, esta vez se atravesó el propósito del presidente Trump de elegir un estadounidense, aunque de origen cubano, como lo es Claver-Carone, su asesor de seguridad para el hemisferio occidental y duro opositor a los acuerdos que firmó el expresidente Obama con Cuba, así como de la dictadura que manda en Venezuela.

Con una votación en la cual las tres cuartas partes de los socios del BID apoyaron esa candidatura, el estadounidense fue elegido como su presidente. Con ello se rompe la costumbre que indicaba que ese cargo correspondería a un latinoamericano y la vicepresidencia a un representante de Estados Unidos. Se imponen los deseos del mayor accionista, lo cual desata una aguda polémica que a no dudarlo lo acompañará durante los años que dure su estancia en la entidad.

Tal hecho debe analizarse también dentro del marco de las elecciones del próximo presidente de los Estados Unidos, lo cual resalta aún más que ha sido una escogencia de alto contenido ideológico y político. Sin embargo, no se habla de las calidades del nuevo presidente del BID, del conocimiento que tenga de la región, de su trayectoria y de sus relaciones con los gobiernos del Continente, gran parte de los cuales votaron por él.

Así las cosas, el BID tiene un nuevo y sin duda polémico presidente, quien deberá demostrar que las críticas y las dudas sobre su idoneidad son infundadas.

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