Que prime la sensatez

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Que prime la sensatez

Noviembre 07, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Al culminar con su renuncia la moción de censura contra el Ministro de Defensa, es necesario reclamar que se produzca la reflexión que evite males mayores para la Nación. Y que se mantenga ante todo el propósito de combatir hasta sus últimas consecuencias a los verdaderos enemigos de la seguridad y la paz en Colombia.

La renuncia del doctor Guillermo Botero fue producto de los errores que cometió al no informar con oportunidad a los colombianos sobre lo ocurrido en el bombardeo al campamento de alias Gildardo Cucho, y la muerte de ocho menores en una acción por demás legítima de la Fuerza Pública, que según sus comandantes cumplió los requisitos establecidos. Pero no debe perderse de vista que también fue consecuencia de un interés de sectores políticos de oposición por atacar al gobierno del presidente Iván Duque, en el libre ejercicio de los derechos que les asisten.

Esa característica llevó también a descalificar el accionar de los policías y soldados que realizaron esa operación contra quienes han constituido grupos criminales alimentados por el narcotráfico, para lo cual recurren a reclutar a niños y menores, convirtiéndolos en carne de cañón y sin importarles las terribles consecuencias de ese abuso contra sus derechos. Ese es el verdadero origen de la tragedia que se conoció el pasado martes en el debate del Senado. Y esos son los únicos responsables de la muerte de ocho menores de edad en la operación que acabó con uno de los principales cabecillas de las llamadas disidencias de las Farc.

Por lo tanto, y una vez producido el hecho político de la renuncia del Ministro, es necesario pedir que se den los espacios y las garantías necesarias para que los comandantes de la Fuerza Pública expliquen lo ocurrido. Y para que la Justicia y los organismos de control revisen las actuaciones de las instituciones encargadas de brindar seguridad a los colombianos y de combatir las poderosas y amenazantes organizaciones criminales que azotan a vastas regiones del país, causando daños y amedrentando a millones de seres humanos.

También es necesario recordar que el enemigo son los delincuentes que tenían a esos ocho menores de edad en su campamento y no la Fuerza Pública. Y que la democracia vigente en Colombia es la que ha permitido realizar el debate donde la opinión pública conoció los deplorables hechos, además de permitir que los organismos de control y de Justicia realicen los procedimientos necesarios para encontrar la verdad y tomar las decisiones que sean del caso.

No sobra recordar que la delincuencia alimentada por el narcotráfico es la mayor amenaza para esa democracia, que también sufre por las dificultades del Estado para atender los problemas del país. Por ello se hace necesario tratar de construir un consenso nacional para enfrentar el desconcierto que sin duda se aumenta debido a la puja partidista y la decisión del presidente Duque de mantener su esquema de gobierno. Lo que no implica silenciar el debate entre el gobierno y la oposición o la crítica libre y la necesaria vigilancia a las acciones oficiales.

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