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Por buen camino

Junio 11, 2021 - 11:55 p. m. 2021-06-11 Por: Editorial .

Los océanos son de todos y al tiempo no le pertenecen a nadie, al menos no más allá de los límites de cada nación, lo que significa que el 63% de sus aguas, de las que depende la vida en el planeta no tienen quién las proteja. De ahí que cada esfuerzo por su conservación debe ser apoyado y ojalá replicado.

Colombia dio esta semana algunos pasos más para participar en el compromiso de preservar los mares, sus ecosistemas y su biodiversidad, hoy amenazados por las malas prácticas y la falta de autoridad. Ingresar a la Alianza Global por los Océanos, iniciativa que lidera el Reino Unido desde el 2019 y de la que hacen parte una treintena de naciones, es uno de ellos, así como aprovechar en programas locales de conservación los recursos internacionales que le están llegando para ese propósito.

La preocupación por lo que sucede tanto en aguas marinas como en las zonas costeras y el impacto negativo que ello tiene sobre el medio ambiente, obligó hace unos años a que la comunidad mundial girara su mirada más allá de las fronteras terrestres. Cuando se botan anualmente doce millones de toneladas de plástico al mar, la pesca sin regulación ha sido partícipe de la degradación de los océanos y se sabe que el 66% de ellos presentan algún grado de deterioro mientras que el 49% de las especies que lo habitan han desaparecido en las décadas recientes, hay que reaccionar, así sea tarde.

Hoy la conciencia de que se tiene que salvaguardar los océanos y que en la tarea deben participar todos, ha llevado a concretar programas como el de la Alianza, cuyo propósito es conseguir que para el año 2030 el 30% de las aguas marinas sean áreas protegidas. Para ello se necesita en primer lugar que los países cuenten con políticas nacionales de conservación de sus ecosistemas marinos así como de manejos sostenibles de sus recursos, lo que incluye instruir, apoyar y acercar a las tecnologías amigables a sus comunidades de pescadores para que hagan una labor responsable mientras se benefician económica y socialmente de ello.

Y se debe asumir la responsabilidad, que es de todas las naciones, costeras o no, de cuidar las aguas internacionales y ejercer de autoridad global para que esos miles de millones de kilómetros cuadrados de mar que no son de nadie por que pertenecen a la humanidad no sigan cayendo en la sobreexplotación pesquera, las toneladas de combustibles que tiran en ellas los barcos cargueros a los que no se les hace control alguno por fuera de los puertos a los desperdicios que acaban con los mares.

Los esfuerzos realizados hasta ahora parecen insuficientes pero comienzan a mostrar resultados y , dan esperanza de recuperación a los océanos. En el 2020 se registraba un aumento de población en especies en riesgo de extinción como las ballenas jorobadas y los leones marinos por prohibir su caza. Y en Colombia los proyectos de restauración y conservación han permitido que los manglares del Pacífico se estabilicen luego de décadas de destrucción.

Es apenas el principio, pero si se sigue por ese camino y con el compromiso global, será posible lograr la recuperación de los océanos, esos que cumplen la función vital de generar el 50% del oxígeno de consumimos, absorber el 30% del CO2 que emitimos y darle sustento a la tercera parte de la población mundial en el 2021.

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