Otro pacto amazónico

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Otro pacto amazónico

Septiembre 06, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

La foto de ayer en la que se veía a los presidentes de Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, junto al vicepresidente de Surinam y los cancilleres de Brasil, Guyana y de nuestro país sentados dentro de una maloka y rodeados por indígenas de la comunidad Muina Murui de Leticia, refleja el interés de la región por defender la Amazonia. Ahora es de esperar que las acciones se concreten y los acuerdos suscritos no se queden como un mero formalismo.

Los dos millones y medio de hectáreas de bosque tropical que se han perdido en el último mes por causa de los incendios forestales, así como la imposibilidad para hacerle frente a las emergencias o la incapacidad de los países que comparten la cuenca amazónica para reaccionar unidos, llevó al presidente Iván Duque a convocar a una reunión urgente que generará compromisos comunes. La cita se cumplió el viernes y de ella salió el Pacto de Leticia por la Amazonia.

En concreto se definió que 98 millones de dólares del Fondo Global para el Medio Ambiente se destinarán a cumplir lo pactado, lo cual incluye establecer mecanismos de colaboración regional e intercambio de información para combatir las actividades ilegales en toda la cuenca; crear la Red Amazónica de Cooperación para atender desastres naturales y articular los sistemas nacionales de prevención; y promover iniciativas de conservación de la diversidad a través del uso sostenible y la gestión de paisajes. Eso sí, se dejó claro que se respetará la soberanía de cada país en su parte del Amazonas.

Las firmas que ratifican esos acuerdos, ya se estamparon. La pregunta es qué sigue y cómo se garantizará que el Pacto funcione. La clave está en la capacidad de los Estados para hacer lo que les corresponde en la defensa de la más grande reserva natural del mundo, que tiene 740 millones de hectáreas de extensión compartidas por nueve países, donde se encuentra la cuarta parte de las especies del Planeta, el 50% de los bosques tropicales húmedos y produce el 20% de las fuentes de agua dulce de la Tierra.

La defensa y conservación de la Amazonia requiere mucho más que de leyes o normas. Hay que hacerlas cumplir y ponerlas a funcionar, lo que hasta ahora no han logrado ni Colombia, ni Brasil, ni Perú, tampoco Ecuador, Bolivia, las dos Guyanas y Surinam, ni mucho menos Venezuela que lleva 20 años dándole la espalda al problema.

Basta mirar lo que sucede en nuestro país, donde cada vez son más visibles las extensiones de tierra devastadas para ampliar las fronteras agrícolas y ganaderas; o cuando se ve la incapacidad para detener los cultivos ilícitos o la minería ilegal que afectan el Pacífico. También se puede recordar la forma patética con la que el gobierno de Brasil enfrentó los incendios de las semanas recientes. Ningún país de la cuenca amazónica puede decir que ha hecho la labor ni que ha encontrado el camino para hacer un desarrollo sostenible que permita proteger esa gran selva donde se produce el 20% del oxígeno que respira el mundo.

Ahora todos firman un nuevo pacto, que se espera no termine siendo letra muerta como el Tratado de Cooperación Amazónica de 1978, o la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica creada en el 2000. El Amazonas no aguanta un fracaso más.

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