No habrá cambios

No habrá cambios

Mayo 08, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Salvo acuerdos de última hora que permitan avanzar en su trámite, desde ahora mismo se puede anticipar el hundimiento o el fracaso de algunas de las reformas propuestas para cambiar el rumbo de asuntos cruciales en la buena marcha de las instituciones y la democracia en Colombia. De nuevo aparecen los fantasmas de la frustración del interés nacional y el inmovilismo que aseguran la continuidad de males y costumbres que destruyen la fe en el Estado.

Ayer se supo que el Gobierno Nacional abandonó su intención de lograr la aprobación de la reforma política. Aunque su argumento para ese proceder se basa en el hundimiento de su propuesta para establecer las listas únicas y las dificultades legales que supondría su recuperación en el plazo que falta para culminar la legislatura, la verdad es que esa era una propuesta desvirtuada por la cantidad de cambios que le colgaron, casi todas dirigidas a mantener y perfeccionar el clientelismo y sus nefastas consecuencias.

En efecto, se sabía que acabar con el voto preferente y crear mecanismos para fortalecer los partidos y controlar la actividad electoral a través de ellos, sería un golpe certero al negocio en el cual se convirtió la representación popular. Como también estaba claro el interés de muchos sectores tradicionales por entregarle al Congreso, es decir a sus integrantes, la facultad de definir el destino del 20% del presupuesto de gastos de la Nación.

Es la manera de reemplazar la mermelada de antes y de eliminar de un tajo la intermediación del Ejecutivo, así ello significara desquiciar el manejo de la Hacienda Pública. Por ello, el hundimiento de esa especie de Frankenstein en el cual se convirtió la reforma a la política es un alivio para el país, aunque significa un nuevo y estruendoso fracaso en el intento por cambiar una actividad que es causa de desazón y objeto del rechazo de los colombianos.

También pende de un hilo la reforma a la Justicia, uno de los temas más sensibles para la buena marcha del Estado que de igual forma ha fracasado en múltiples ocasiones. Luego de conocerse que el Gobierno Nacional decidió abandonar su proyecto y apoyar la propuesta del partido Cambio Radical, se sabe que la bancada oficialista no parece dispuesta a apoyarla. De nuevo, lo que debería ser la manera de atender el reclamo de la Nación por una Justicia efectiva y rápida que acabe con la impunidad y con la inseguridad jurídica, parece condenado a la frustración.

Están pendientes así mismo los proyectos que presentó el Ejecutivo para combatir la corrupción, respondiendo a los resultados de la consulta realizada el 26 de agosto del año pasado. Aunque de ello no se habla, la angustia de los tiempos que faltan para terminar la legislatura hace temer su fracaso rotundo.

Así las cosas, el cambio que necesita el Estado colombiano parece un imposible. Más aún cuando la minoría de la coalición de Gobierno y lo enconado de la controversia partidista hacen dudar sobre la posibilidad de alcanzar un gran acuerdo nacional para lograrlo. Ojalá se abra la oportunidad de construir un consenso que responda al clamor de la Nación.

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