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Luz al final del túnel

Diciembre 02, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Como si fuera un termómetro, la tasa de desempleo sirve para medir la salud de una economía y de una sociedad, además de ayudar a precisar la temperatura de los conflictos que esa medición puede desencadenar.
Por eso es tan necesario poner mucha atención a lo que ocurre con él y la manera de reducirlo.

La metáfora es oportuna para analizar lo que está ocurriendo en Colombia. Como ha sucedido en todo el mundo, la aparición súbita del Covid-19, las dificultades para encontrar una respuesta para controlar un enemigo mortal y desconocido y la necesidad de dar prioridad a la salud de la gente, llevaron a tomar medidas drásticas como el aislamiento social que produjo la parálisis económica durante seis meses, algo nunca visto en Colombia.

Y en un país como el nuestro, que vive de la demanda interna y ha sido tan difícil proyectarlo como exportador de productos elaborados, el impacto inicial fue enorme: desempleo del 22%, destrucción de empresas e iniciativas individuales y la necesidad de las familias de recurrir a sus ahorros y al poco endeudamiento que le ofrecían, mientras el Gobierno Nacional, los regionales y locales, apelaban a la creación de líneas de crédito y a los subsidios de muchas formas para atender la emergencia que tomaba ya aspecto de tragedia.

A partir de septiembre, el país debió reabrirse no obstante que la amenaza del coronavirus está latente y existen enormes dificultades para obligar a toda la sociedad a cumplir y respetar las medidas de protección para detener el contagio. De resultas, las cifras de desempleo empezaron a bajar, algo que se nota, aunque no tiene las características de estabilidad y formalidad que se requieren para disminuir las alertas.
En efecto, según los informes del Dane, el desempleo nacional se ha reducido al 14,7% de la fuerza laboral, mostrando una recuperación de 4,7 millones de puestos de trabajo desde julio pasado. Es una cifra sin duda positiva que sirve para aliviar las presiones de todo orden que conlleva el no tener ingresos en los hogares colombianos, y para anticipar que la recuperación es posible a pesar de la convivencia obligada con la pandemia.

El punto preocupante de esa reducción es que el empleo informal, el llamado rebusque, aumentó en tres puntos porcentuales, lo que de por sí muestra la pérdida de calidad de vida que ello significa. Todo lo cual reclama un gran esfuerzo del sector privado para recuperar la demanda y un esfuerzo adicional del Estado para fortalecer ese factor a través de la liquidez que se le entregue a la economía.

Por lo tanto, se debe pensar en un incremento del salario mínimo en una proporción que permita aumentar la capacidad de compra de los colombianos. Y que antes de plantear una reforma tributaria para subir los ingresos públicos se haga uso del déficit fiscal y la capacidad de endeudamiento de la Nación, es decir los instrumentos fiscales y monetarios que se requieran para reactivar la economía.

Es el momento entonces para aplicar los remedios que sean necesarios para combatir la enfermedad del desempleo causado por la pandemia que ya parece tener una vacuna para combatirla.

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