Llamado oportuno

Llamado oportuno

Septiembre 12, 2018 - 11:50 p.m. Por: Editorial .

La migración de venezolanos ha llegado a dimensiones peligrosas. Por ello, es imperioso escuchar las voces que desde Colombia piden colaboración y decisiones de la comunidad internacional para atender un drama de dimensiones inéditas en nuestro continente.

Hay que reconocer ante todo que esos vecinos no son los culpables de su diáspora. Que no van por las carreteras a pie, aguantando hambre, soportando enfermedades, con sus pequeños hijos a cuestas y acampando en cualquier lugar por su voluntad, sino debido al desastre en que la dictadura convirtió el que puede ser el país más desarrollado de Suramérica.

Esa tragedia es causada por el régimen que decidió liquidar la economía y condenar a su pueblo al sufrimiento, mientras le niega la posibilidad de tener una vida tranquila y el progreso que merece. Pero esas condiciones también han transformado en una emergencia que no parece tener final próximo lo que al principio parecía ser algo pasajero, y que fue motivo de grandes muestras de solidaridad y de apoyo de parte de Colombia y los países que acogieron esa migración.

Pero hoy, el problema ha escalado a dimensiones difíciles de establecer. Son ya millones los venezolanos que deambulan por las calles y las carreteras de Colombia, Ecuador, Perú, Chile o Brasil, en busca de la mano amiga, de la protección, de las posibilidades que ya no tienen en su patria, del alimento que les quitaron quienes se apoderaron de su país y lo destruyeron.

Eso se presenta en naciones donde las condiciones económicas no alcanzan para atender la nueva demanda de servicios y oportunidades para los venezolanos, donde su llegada empieza a generar reacciones en los Estados como exigirles pasaportes o deportarlos, o en las sociedades que reclaman que no se desvíen los recursos que se utilizan para atender sus problemas.

Por eso se justifica el llamado del Canciller de Colombia a la comunidad internacional para que conozca los graves problemas que crecen en nuestro país, apoye los esfuerzos para atender la tragedia humanitaria y busque salidas a un problema que amenaza con destruir la concordia en la región. No es un llamado egoísta ni se dirige a crear medidas coercitivas, sino a atender la tragedia de millones de seres humanos, la cual está empezando a causar factores de discordia y de confrontación que no pueden ser ignorados.

El asunto es más grave de lo que parece, en la medida en que la causa de ese drama es la dictadura en Venezuela y su cinismo al considerar la miseria a la cual ha condenado a sus ciudadanos. Y como no es posible intervenir para terminar con esa tiranía, no parecen existir condiciones para lo que debe ser la solución, el regreso de los venezolanos a su patria.

Entre tanto, el líder de la dictadura es recibido con honores de Jefe de Estado en China, sin importar la tragedia humanitaria que padece Venezuela. Es la manera de demostrar que importan más los intereses económicos y geoestratégicos que la necesidad de ser solidarios con quienes atraviesan el peor momento en la historia de su país a manos de Nicolás Maduro y su régimen.

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