Las vueltas del Brasil

Las vueltas del Brasil

Octubre 07, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

En medio de la polarización más aguda, Brasil vivió ayer una jornada electoral que dejó a los dos candidatos favoritos en las encuestas listos para enfrentarse en la segunda vuelta, el próximo 28 de octubre. Jair Bolsonaro, quien despierta muchas inquietudes por su extremismo en ciertos aspectos, se verá las caras con Fernando Haddad, el delfín del expresidente Lula, en una segunda vuelta que se prevé agravará la tensión por la que atraviesa esa nación.

Brasil se encuentra sumido en una gran división política y lleva varios años padeciendo dificultades económicas, algo que tiene una raíz común en el desprestigio de sus instituciones. Hay trece millones de desempleados, casi tres veces más que en las elecciones presidenciales de hace cuatro años.

En el panorama electoral se ha levantado con fuerza la figura de Bolsonaro, un aspirante que no estaba en las cuentas de nadie. Se trata de un hombre radical, que tiene unas salidas de tono y promete armar a la ciudadanía para atacar la delincuencia. También ha dicho que la población negra de su país es perezosa y ya no sirve ni para procrear. Ese es el talante de sus declaraciones, que sin embargo han tenido gran eco entre gran parte de la élite y clase media.

La base de su respaldo está en el rechazo de la sociedad a la corrupción y a la influencia de Lula que metió a su país en la crisis institucional más grave de su historia democrática. El aspirante por el Partido Social Liberal, un nostálgico de la dictadura, ha ido creciendo aupado en el desencanto con la clase política tradicional. Ha sabido venderse como un ‘outsider’, a pesar de que ha permanecido casi 30 años como diputado en el Congreso.

Al otro lado del espectro se encuentra Fernando Haddad, exministro de educación de Lula da Silva, quien no parece tener presencia propia. La estrategia es clara. Lo que pretende el Partido de los Trabajadores es elegir al expresidente por interpuesta persona y continuar con la hegemonía del partido popular, que disfraza su corrupción con el mensaje del socialismo.

El cansancio de una gran parte de los brasileños con lo que representa Lula es evidente. Bolsonaro ha ido conquistando una masa difusa de electores, muchos de ellos evangélicos que multiplican su mensaje contra las tendencias liberalizantes. Pero, por sobre todo, el voto al candidato radical es un voto indignado contra la decadencia, contra la inseguridad en las calles que deja más de 60.000 homicidios al año y contra la corrupción que tienen al líder de la izquierda en prisión.

Por eso muchos en Brasil se preguntan por qué deberían votar por quienes llevaron a su país a ese grado de postración. Es allí donde la figura de Bolsonaro se agranda. A pesar de sus salidas en falso ha sabido conectarse con el rechazo a la corrupción proveniente del Partido de los Trabajadores.

Para la segunda vuelta, los sondeos muestran un empate técnico, con una leve ventaja para el militar. 147 millones de brasileños tendrán una decisión crucial en sus manos, pero en lo que todos coinciden es que después de estas elecciones, el país nunca volverá a ser el mismo.

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