La política del avestruz

Marzo 21, 2022 - 11:55 p. m. 2022-03-21 Por: Editorial .

Ya no hay forma de calificar lo que ocurre en las cárceles colombianas, ni manera de explicar por qué el Estado colombiano ha sido incapaz de tomar las decisiones que corresponden como guardián de la sociedad contra quienes cometen delitos. Es la falta de voluntad política para resolver uno de los peores ejemplos de corrupción, ineficacia, indolencia e incapacidad para darle solución a uno de los más graves problemas, el tratamiento y la seguridad de los miles de personas que habitan las prisiones en Colombia.

El último escándalo de gran relevancia fue la manera en que uno de los más peligrosos reos pudo salir orondo de la Picota, la que se supone es una de las cárceles de alta seguridad en el país. Las pocas cámaras de vigilancia interna mostraron la manera en que alias Matamba recibió un uniforme oficial, salió de su celda a la media noche, fue escoltado por algunos momentos, atravesó pasillos, pasó por siete puertas y salió del penal sin problema alguno.

Muchas horas después, las autoridades que tienen a su cargo la dirección de la cárcel y que hace pocas semanas estuvieron en el centro de la polémica nacional por el tratamiento a Carlos Mattos, otro preso de notoriedad, se dieron cuenta de la fuga en un conteo de los detenidos a su cargo. No hubo posibilidad de ver las grabaciones que ahora son públicas ni se realizaron las rondas para revisar a un personaje tan peligroso que debería estar en el pabellón de extraditables.

La burla contra el Estado y las leyes se consumó de manera grotesca, y sólo se detuvo un funcionario de menor nivel, a la espera de nuevas destituciones similares a las ocurridas hace 20 días como consecuencia de los paseos que realizaba el señor Mattos en los vehículos del Instituto Nacional Penitenciario, Inpec, y con escolta oficial. Por supuesto rondaron los millones que compraron la conciencia y el favor de quienes son designados para cumplir una de las más difíciles tareas, la de hacer pagar en el encierro los delitos.

Las cárceles en Colombia viven en el peor de los mundos: sus presupuestos nunca alcanzan, la sobrepoblación es asombrosa, las condiciones son en algunos lugares infrahumanas y quienes caen allí son clasificados de acuerdo con su capacidad para pagar los favores, las ventajas y hasta los servicios que la ley obliga a proporcionar a los internos. Y la corrupción es la llave que abre puertas en una institución que cuenta con 82 sindicatos en los cuales se diluye la cadena de mando, entregando el poder a quienes como ‘Matamba’ o Mattos poseen los recursos para pagar el precio que tienen sus guardianes.

Todo eso tiene décadas sin solución y no es sólo un asunto del Inpec. Al parecer, se ha impuesto en el Estado la política del avestruz, de ignorar el problema y mucho menos resolverlo, a la espera del escándalo que produzca la reacción de la sociedad y haga rodar algunas cabezas de turco, lo que no resuelve los problemas de fondo. Durante muchos años no ha existido voluntad política en las tres ramas del poder público para resolver el mar de corrupción e indolencia en el cual está sumido el sistema penitenciario.

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