La política de la injuria

Mayo 22, 2022 - 11:55 p. m. 2022-05-22 Por:
Elpais.com.co

Que un candidato afirme en una plaza pública ante miles de sus seguidores la existencia de una conspiración dirigida por el gobierno para suspender las elecciones que participa, es un recurso inaceptable que crea desconcierto. Y es también una incitación al desconocimiento de un proceso que con todo y sus imperfecciones le ha ofrecido toda la libertad y los recursos que ha requerido para adelantar su campaña a la Presidencia de la República.

Lo que dijo el candidato Gustavo Petro en su manifestación en Barranquilla es el anuncio de un golpe de Estado. No de otra manera puede interpretarse el que lance esa acusación no obstante que como político, congresista y ex alcalde de Bogotá, debe saber que las fechas de las elecciones las fija la Constitución Nacional y sólo las autoridades electorales pueden suspenderlas o diferirlas, en todo caso por casos de fuerza mayor.

Y esa decisión no la puede tomar el Presidente de la República o cualquier autoridad distinta a quienes ordena la ley. Si así ocurriere, está en desarrollo la consumación de un delito que debe ser denunciado ante la justicia y los organismos competentes. De lo contrario, como lo hace el candidato del Pacto Histórico, es una manipulación populista que en su caso pretende mostrarse como víctima de una conspiración, además de un recurso para conseguir votos a una semana de producirse la primera vuelta de la elección presidencial.

Y mucho menos citar a sólo dos de los otros ocho candidatos a una reunión para que respalden el escándalo que ha producido su encendida arenga en la capital del departamento del Atlántico. Con toda la razón, sus invitados rechazaron un llamado que, además de absurdo, es una falta de respeto a su independencia y al compromiso con la democracia que los llevó a poner su nombre a la consideración de los colombianos.

El señor Petro lleva ocho años en campaña, ha recorrido todo el país, no ha tenido limitaciones para expresar sus ideas ni se le ha impedido realizar los actos y reuniones que ha considerado necesarios para promover su aspiración. Junto con quienes están en nuestro país como observadores internacionales de las elecciones, él es el mejor testigo de cómo funciona la democracia colombiana y de la seriedad y el rigor que se aplica para asegurar el respeto por la voluntad popular en Colombia.

Por tanto, si conoce de los actos delincuenciales que denunció en Barranquilla, debe acudir ante los jueces para poner en conocimiento esos hechos. Lo que no se producirá, si se tiene en cuenta su reiterada utilización de ese recurso para tratar de debilitar la confianza en las instituciones. O para incentivar la movilización popular que él anunció cuando su aspiración fue derrotada hace cuatro años por la mayoría de quienes participaron en los comicios del 2018.

Los colombianos saben de la seriedad de nuestra democracia, de la cual se beneficia el representante del Pacto Histórico. Ellos decidirán de manera libre el próximo presidente de la Nación, y quienes sabrán analizar en toda su importancia la gravedad y la mentira de la arenga pronunciada por el candidato Gustavo Petro el pasado sábado.

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