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La pena del Perú

Noviembre 10, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Por tercera vez en un quinquenio, el Perú tiene un nuevo presidente. La destitución de Martín Vizcarra el pasado lunes demuestra otra vez hasta dónde llega la mezcla de corrupción y política en un país que como toda Latinoamérica necesita de una dirigencia pública honesta y capaz de resolver los problemas que atraviesa.

La lista de presidentes involucrados en escándalos de corrupción en Perú es extensa. Cuatro de los elegidos para gobernar ese país fueron involucrados en los procesos de Odebrecht, uno de los cuales se quitó la vida. El último de ellos, Pedro Pablo Kuczynski, fue elegido hace cuatro años y medio y destituido hace dieciocho meses por esa razón.

Ahora, su sucesor recibe el mismo tratamiento, debido a acusaciones de que había recibido sobornos cuando era gobernador de la región sureña de Moquegua en 2014. En esta ocasión, 105 congresistas decidieron declarar la vacancia del cargo por incapacidad moral de Vizcarra, aunque el proceso en su contra está apenas en la etapa de investigación.

Cabe anotar que desde su llegada a la presidencia, el destituido mandatario había planteado la necesidad de purificar la administración pública y el ejercicio de la política mediante reformas constitucionales a través de referendos que revocaran el actual congreso. Con ello desencadenó la confrontación de grandes proporciones que produjo dos mociones de destitución en los últimos tres meses.

Así, la corrupción y la resistencia al cambio de la clase política siguen afectando a un país que paradójicamente ha conservado un crecimiento económico sólido y una mejora innegable en su desarrollo social. Todo ello demuestra la manera en que quienes tienen el control del Congreso y de las actividades públicas se empeñan en mantener el poder en tanto su nación atraviesa una de las crisis más grandes en su historia, la del Covid-19 que afecta a casi todo el planeta.

Ayer juró como nuevo presidente de los peruanos el diputado Manuel Merino, quien se desempeñaba como presidente del Congreso y sucesor de acuerdo con la Constitución peruana. Su llamado es a la unidad, su propuesta es conformar un gobierno de coalición con los partidos que conforman el Legislativo y su esperanza es realizar unas elecciones democráticas, libres y en paz el próximo 21 de abril.

Relevado Vizcarra por quienes le cobraron su independencia, se despeja entonces el camino para que el reparto del poder permita la permanencia de la política tradicional en el control del Perú. Pero su nación sigue padeciendo los mismos males que han impedido purificar la administración pública que, valga la pena reconocerlo, es un mal que afecta a casi todo el vecindario suramericano.

Con razón, el diario El Comercio de Lima dijo en su editorial de ayer: “Es triste que estemos terminando un quinquenio sin ninguno de los protagonistas (tanto en el Ejecutivo como en el Congreso) que lo inauguraron a mediados del 2016. El daño que la clase política le ha infligido al país en estos cinco largos años debe servirnos para recordar lo crucial que resulta votar bien. El país no se merece otro quinquenio como el que estamos cerrando”.

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