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La ONU, más que necesaria

Septiembre 22, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Hace 75 años, cincuenta países de un planeta que salía del peor conflicto de su historia, la Segunda Guerra Mundial que detuvo al fascismo, dieron vida a la Organización de las Naciones Unidas. Hoy, la ONU sigue siendo factor de esperanza para resolver los conflictos y defender las libertades que la humanidad ha conquistado.

Desde un principio está claro que ese organismo se creó para evitar una tercera guerra, sin duda más catastrófica que las anteriores. Es un escenario para el multilateralismo que permite ventilar las causas de los conflictos y tratar de resolverlos en lo posible con la intervención de una entidad neutral que represente la voluntad de los gobiernos del mundo.

Así, la ONU no es ni puede ser un organismo de gobierno mundial y no puede imponer decisiones, salvo que sus integrantes firmen los tratados que se creen en su seno y se comprometan a respetarlos y aplicarlos. Ello no ha impedido que a lo largo de su existencia se hayan creado dependencias que se encargan de vigilar y apoyar acciones dirigidas a proteger la cultura, a promover la educación, la salud, a proteger a los refugiados y las migraciones o para velar por los Derechos Humanos y resguardarlos de los abusos y las violaciones de los gobiernos autocráticos o de las agrupaciones criminales.

Son muchos más los campos en los que actúa la ONU, para lo cual cuenta con una frondosa burocracia de 44.000 funcionarios y contratistas regados por el mundo. Sin embargo, en muchas ocasiones sus actuaciones no cumplen con las expectativas y en otras, como ha ocurrido con frecuencia en Colombia, esos funcionarios se toman atribuciones que no les corresponde al tratar de intervenir en los asuntos internos de las naciones que los invitan.

La razón de ser de esas limitaciones está ante todo en su estructura de poder. Aunque en teoría su máximo órgano es la Asamblea General donde participan todos los países en igualdad de condiciones, en la práctica es el derecho a veto de cinco gobiernos, los de Francia, China, Gran Bretaña, Estados Unidos y Rusia, los que mandan, ordenan o prohíben la intervención de la ONU. Con ello, la defensa de esos gobiernos, de sus intereses y los de sus aliados se constituye en el gran obstáculo para que el multilateralismo cumpla la misión de sembrar la paz que inspiró a los fundadores de la Organización.

En sus 75 años de existencia, la ONU ha estado en el centro de la polémica sobre su utilidad para asegurar la paz del mundo. Sin embargo, su aporte ha sido innegable. Y está claro que antes que acabarla o de asfixiarla como intentan algunos de sus integrantes, lo que se requiere es fortalecerla y limpiarla de los vicios que le han inoculado el clientelismo internacional, la politización de algunos de sus más importantes dignatarios y las malas costumbres que han permitido su espesa, pesada y a veces inútil burocracia.

Como lo definió Munir Akram, delegado de Pakistán, uno de los países donde la entidad ha sido fundamental para preservar la paz con sus vecinos, la Organización es más que necesaria: “Sin la ONU, el mundo no tiene una válvula de seguridad”.

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