La intervención ante la ONU

Septiembre 22, 2022 - 11:55 p. m. 2022-09-22 Por:
Elpais.com.co

El discurso del presidente Gustavo Petro en la Asamblea de las Naciones Unidas fue su estreno en el escenario internacional. Aunque es difícil saber qué repercusión tendrá y si producirá los cambios que planteó, los mensajes para Colombia deben ser revisados como orientación sobre lo que será la conducción de nuestro país en materia de relaciones internacionales, de narcotráfico, de violencia, de protección del medio ambiente y de política energética.

Fue una intervención cargada de adjetivos y de la retórica acostumbrada del hoy presidente de Colombia, dirigida a cautivar la audiencia mundial. Su recurrencia permanente a la selva como identidad de nuestro país y de los ríos de sangre que corren aquí al lado del agua, hasta la comparación de la capacidad de daño de la cocaína, el carbón y el petróleo, o la invocación a proteger la selva amazónica de la depredación que parece ordenada por el “poder mundial”, mostraron en el escenario de la ONU el perfil de quien gobernará nuestro país durante los próximos cuatro años.

Fueron recursos efectistas propios de una campaña política, con los cuales se condenó al capitalismo y se repitió de manera insistente el discurso sobre el fracaso de la guerra a las drogas ilícitas que, según el orador, producen menos muertos que los hidrocarburos. Una y otra vez, la condena a los países del norte dio a entender que en concepto del presidente colombiano no debe haber una responsabilidad compartida sino la condena a los países “del norte”, los consumidores del producto que sale de una mata inocente de la cual depende el ingreso de millones de personas.

Fuera de sus críticas al capitalismo, a las libertades de consumo y su demanda de estupefacientes, petróleo y carbón, el presidente Petro no nombró siquiera al narcotráfico, el gran enemigo de los colombianos, la fuente de violencia y el enemigo del Estado de Derecho en nuestro país. Por el contrario, su discurso parece más bien una advertencia sobre lo que su gobierno hará con respecto al papel de la Fuerza Pública en la defensa de la Nación y de las instituciones contra un enemigo que es el gran causante y el combustible de nuestra violencia.

Esa directriz ya se está aplicando, lo que aumenta la confusión sobre cuál
será el papel de esa Fuerza Pública que, hasta ahora, ha impedido que el narcotráfico y los grupos que se enriquecen a su alrededor, algunos identificados como grupos políticos, terminen de destruir la democracia colombiana. Son esos soldados y policías que de manera abnegada han arriesgado su vida y su integridad para defender a nuestra Nación y ahora parecen desplazados por la obsesión de una paz total negociada con todas las organizaciones criminales.

Por lo demás, quienes el pasado martes estaban presentes en la Asamblea General de la ONU pudieron conocer de primera mano la oratoria y la capacidad retórica del nuevo presidente de Colombia, con la cual retó al “poder mundial” para que tomara las decisiones que, al parecer, permitirán legalizar la cocaína, los cultivos de coca y el narcotráfico, los grandes causante de nuestra tragedia nacional.

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