La hora de Argelia

La hora de Argelia

Marzo 10, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Un presidente que gobierna con mano de hierro desde hace 20 años, y quien sufrió un accidente cerebrovascular en 2013 y está desde entonces en silla de ruedas. El hombre que desde hace seis años no ha pronunciado un solo discurso en público es Abdelaziz Bouteflika, peresidente de Argelia y quien aspira a ser relegido por quinta vez.

Su intención ha provocado tumultuosas manifestaciones de rechazo en las calles de las principales ciudades del país ubicado en el norte de África. Las protestas comenzaron el 22 de febrero cuando cientos de jóvenes convocaron a marchas contra las ambiciones del Presidente y su controvertido entorno. Estas manifestaciones que se tejieron en las redes sociales tomaron por sorpresa el régimen, que no había tenido mayores sobresaltos en estos 20 años.

Sin embargo el hecho de que un hombre muy enfermo de 82 años, que ni siquiera está en su país pues desde el 24 de febrero está hospitalizado en Suiza, participe en las elecciones de abril próximo desató el rechazo de miles de personas. No siempre fue así. Bouteflika es un héroe de la independencia y se destacó como ministro de Deportes y Relaciones Exteriores antes de asumir el primer cargo.

Incluso a pesar de que en el 2013 el accidente cerebrovascular lo dejó inhabilitado para siempre, un año después logró ganar las elecciones con más del 80% de los votos. Pero hoy las condiciones son otras. La población y en especial los jóvenes están cansados de la corrupción del régimen y ahora exigen un cambio en el sistema.

A pesar de que el gobierno ha enviado mensajes como “nosotros o el caos”, “Bouteflika o los islamistas retrógrados”, “Nuestra estabilidad o la violencia de Siria”, estos solo han servido para enardecer aún más los ánimos de los manifestantes. Y en el aire está la pregunta sobre si realmente el presidente sabe y tiene el mando sobre lo que está sucediendo.

Lo que se denuncia es la existencia de un entramado corrupto que busca mantener el gobierno. De ese aparato hacen parte su hermano Said, el poder detrás del trono, altos funcionarios que lo acompañan desde hace varios años y la fuerza de los comandantes del Ejército que no están dispuestos a permitir la caída de un régimen que asegura su influencia y riqueza derivada del petróleo y otros prósperos negocios.

Análisis serios afirman que lo que sucede en Argelia es el renacer de la  primavera árabe que generó tantas esperanzas en la región, aunque sus resultados fueron frustrantes. También subsiste el temor de que se repita, como en otros países, un escenario sangriento que al final tampoco genere las transformaciones que se esperan y se conviertan en una frustración ante la tendencia a mantener regímenes dictatoriales a pesar de su investidura democrática.

Hasta ahora el régimen no ha acudido a su peor cara para callar a los manifestantes, pero se teme que solo sea cuestión de días. Los argelinos dicen que continuarán en las calles porque la hora de un renacer de la democracia ha llegado. Un nuevo foco de rebelión ciudadana se ha encendido en África, ojalá tenga un mejor final que las de Egipto o Libia.

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