La era Bolsonaro

La era Bolsonaro

Enero 06, 2019 - 11:00 p.m. Por: Editorial .

El arranque de Jair Bolsonaro al frente del gobierno de Brasil no ha dejado dudas de su talante. No ha pasado una semana y por lo menos tres de sus decisiones se han tornado polémicas.

No se puede desconocer que la llegada del antiguo capitán del Ejército fue un claro rechazo al Partido de los Trabajadores y lo que representa su líder, Lula Da Silva, que traicionaron la confianza de millones de brasileños y terminaron involucrados en graves hechos de corrupción. El cansancio del pueblo con la retórica izquierdista terminó con la elección de un político anodino, cuyo gran logro fue mantenerse durante 30 años en el Congreso.

Quienes pensaban que el discurso radical de Bolsonaro durante la campaña quedaría en ese escenario, ahora se han dado cuenta que el nuevo presidente de los brasileños hablaba en serio. Y comienzan a manifestarse señales de preocupación. Una de las primeras decisiones fue el anuncio de que se hará una barrida a los puestos de confianza de anteriores gobiernos.

El jefe de gabinete dejó en claro que llegó la hora de arrasar con los aliados del Partido de los Trabajadores y él mismo echó a 320 empleados temporales que había en su ministerio. En plata blanca lo que ha comenzado en Brasil es una cacería por razones ideológicas que no tenía antecedentes en la democracia del país. El mensaje es tan terminante como ofensivo: cualquiera que no piense como Bolsonaro será objeto de persecución.

La otra medida tiene que ver con una concesión para el sector agrícola y un mensaje alarmante para los defensores del medio ambiente en la Amazonía. La competencia para delimitar las tierras indígenas correspondía a la Funai, la agencia para asuntos indígenas. Ahora el proceso de identificar, delimitar, demarcar y registrar las tierras tradicionalmente ocupadas por los pueblos indígenas quedó a cargo de la ministra de Agricultura, Tereza Cristina Dias, antigua diputada que defiende los intereses de la industria agroganadera.

Esta señal es la luz verde para que se explote la Amazonia y que se hagan grandes obras en las “tierras ociosas”, como las ha llamado Bolsonaro. El futuro del pulmón del mundo quedó en manos de un presidente que al igual que Trump se enorgullece de vociferar que el cambio climático es un invento.

En el plano económico el Ejecutivo está empeñado en reducir al mínimo los gastos de la administración, adelgazar la nómina del Estado y buscar una salida al esquema pensional que se queda con la mitad del gasto público. Para lograr este propósito ofreció un ambicioso plan de privatización de decenas de empresas públicas, pero no ha explicado aún los detalles sobre cómo se va a realizar y lo que eso significará para la gente.

Sin duda hay una esperanza entre los brasileños de que las cosas cambien y que se dejen atrás los años de corrupción de Lula y su Partido de los Trabajadores. Pero también hay una gran preocupación por el quiebre de la institucionalidad. Bolsonaro está frente al reto de su vida, pero su misión es más que personal. Están en juego el futuro del país más grande de América Latina y la estabilidad ambiental del Planeta.

VER COMENTARIOS
Columnistas