La cumbre del calvario

Mayo 30, 2022 - 11:55 p. m. 2022-05-30 Por: Editorial .

A seis días de su realización en Los ángeles, la IX Cumbre de las Américas parece destinada a consagrar la división del continente y el deterioro de las relaciones entre los Estados Unidos y un número creciente de los países latinoamericanos. Ahora, la pregunta es para qué se lleva a cabo la reunión.

Creada hace 28 años y para ser realizada cada tres, la Cumbre ha sido siempre una posibilidad de encuentro formal entre los presidentes y jefes de Estado de la región. Más que resultados tangibles que afecten el día a día de los habitantes de América, ha sido siempre la oportunidad de acercarse a pesar de las diferencias ideológicas.

Pero las cosas son distintas con respecto a la IX Cumbre que debe llevarse a cabo desde el próximo seis de junio en Los Ángeles, a partir del momento en el cual el gobierno de los Estados Unidos decidió excluir a Cuba, Venezuela y Nicaragua, basado en el desconocimiento de la democracia de los regímenes que controlan esos países. Aunque es incontrovertible y existen todas las pruebas posibles sobre eso, la exclusión ha dado pie para que se produzca el rechazo de países como México y Bolivia, así como la inconformidad de muchos otros en los cuales existen gobiernos de tendencias de izquierda.

Por paradójico que parezca, el gobierno del presidente Jair Bolsonaro fue uno de los más renuentes a asistir a la Cumbre, argumentando que Estados Unidos ha dado un cambio hacia la izquierda en el tratamiento que el expresidente Donald Trump le otorgaba al Brasil. Lo cual ratifica que la reunión ha dejado de ser un espacio de reencuentro diplomático para transformarse en el campo de batalla ideológico.

Y en ello influye ante todo la política interna de los Estados Unidos, a meses de unas elecciones que pueden redefinir el control de su Cámara de Representantes y de muchos Estados. De ahí que el gobierno demócrata de Joe Biden deba maniobrar para evitar el descontento de sus copartidarios al excluir los gobernantes de izquierda mientras trata de mostrarse como defensor de la democracia y enemigo del totalitarismo que avanza en el continente.

Así, ya no se trata de reafirmar el panamericanismo, un sueño que lleva siglos sin poder concretarse, si no de la pugna ideológica que prioriza la confrontación entre el norte y el sur del continente. Como lo expresó Matías Bianchi de El País de España, mientras tal cosa se mantenga “es imposible avanzar en agendas como las del combate al narcotráfico, las migraciones, el capitalismo financiero desregulado o el cambio climático sin tener a todas las Américas sentadas en la mesa. En un contexto de guerra, pandemia y crisis económica este es un lujo que no nos podemos dar”.

Todo indica que las relaciones entre los países americanos siguen resquebrajándose a partir de la confrontación ideológica, dejando a un lado la necesidad de encontrar respuestas comunes a sus problemas comunes. Y la distancia crece, ante la decadencia de la Organización de Estados Americanos y su incapacidad cada vez más patética por mantener ese diálogo que, se supone, debe inspirar también a los organizadores de la Cumbre de las Américas.

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